Voces

jueves 25 feb 2021 | Actualizado a 23:18

Jota Ere

/ 16 de enero de 2021 / 02:16

Los reagrupamientos en el MAS–IPSP han dado lugar a un par de decisiones emergidas por unanimidad, una vez alcanzado el triunfo de Arce y Choquehuanca para acceder a la presidencia y la vicepresidencia del Estado: El entorno de Evo Morales no debe retornar al poder y los que ya fueron ministros no podrán volver a serlo en el marco de una voluntad renovadora y de un pedido de cuentas para quienes habrían sido partícipes o autores de la errónea decisión de desoír la voluntad electoral del 21 de febrero de 2016, que por mayoría decidió no habilitar una nueva postulación a la presidencia de quien ya había ganado tres elecciones consecutivas.

Las medias verdades suelen ser más nocivas que las altisonantes mentiras y, en ese sentido, culpar a un grupo palaciego de lo que hizo o dejó de hacer Evo Morales y que condujo a un quebrantamiento de la constitucionalidad boliviana encabezado por Mesa-Camacho- Doria Medina-Quiroga, será atribuible a equivocadas decisiones unipersonales —Evo es el responsable de Evo y nadie más— y no a supuestos calentamientos de cabeza ejercitados por sus cercanos, esos a los que se les llama llunkus en idioma quechua y han practicado con sistemático entusiasmo la zalamería para conveniencias personalísimas.

El entorno inmediato de Evo era muy peculiar en tanto estaba compuesto no por un coro polifónico, sino por un puñado de solistas, cada uno con estilo y orientaciones propias, fuera por intereses materiales concretos o por ámbitos de actuación especializada, y en ese marco de comprensión, la figura de Juan Ramón Quintana destaca por encima del resto, debido a su cotidiana influencia en la construcción discursiva antiimperialista. Si comparamos las alocuciones de Evo con las de su equipo de colaboradores más cercano, la retórica anticolonial, contra la derecha neoliberal y contra todo lo que significara “Imperio”, estaba provista por la influencia de este sociólogo y militar tempranamente retirado de las Fuerzas Armadas con grado de capitán, encargado de manejar asuntos estratégicos gubernamentales con especial influencia en el oriente y en la Amazonía bolivianos.

Quienes atribuyen a Jota Ere, como se le llamaba en los pasillos políticos de entonces, cualidades maléficas orientadas a la caza de reaccionarios de todos los matices, no saben, por ejemplo, que su manera de encarar y concebir las cosas era distinta y muchas veces contrapuesta a la de su colega de Gobierno, Carlos Romero, y que jamás se le pasaría por la cabeza escribir para un medio de comunicación que forma parte de lo que él mismo etiquetó como “cártel de la mentira”, como sí lo hace otro de los componentes de ese entorno, el que fuera Procurador y Ministro de Justicia, Héctor Arce.

Quintana ha sido pues un brazo fundamental del evismo, especialmente en períodos turbulentos cuando los cívicos y los prefectos, ahora gobernadores, conversaban fluidamente con la Embajada de los Estados Unidos para desestabilizar a un gobierno que fue capaz de reproducir el poder en dos oportunidades consecutivas (2009 y 2014) y desde el que se instaló una hegemonía parlamentaria como nunca antes había sucedido en la historia republicana del país. Controversial por su manera frontal y virulenta de encarar a sus adversarios de circunstancia, se convirtió en el trofeo más afanosamente perseguido por el murillismo, objetivo imposibilitado por la obtención de asilo político en la Embajada de México en La Paz. Se lo buscaba por sedición y terrorismo, con una endeble y poco seria base de sustentación como esa expresión que todavía debe retumbar en las cabezas más reaccionarias que mal gobernaron el país entre fines de 2019 y octubre de 2020, que decía que Bolivia se convertiría en un “Vietnam moderno” para resistir la arremetida golpista de la derecha en la que confluyeron militares, policías, la derecha partidaria y el fascismo cívico atrincherado en Santa Cruz de la Sierra.

Evo ha dejado de ser presidente hace 14 meses y por lo tanto el tan mentado entorno ha dejado de existir, aunque, por supuesto, cada una de sus figuras mantiene vínculos por separado con el jefe del MAS-IPSP, considerando que el actual presidente del Estado Plurinacional, Luis Arce Catacora, no fue parte de ese entorno, en tanto su peso específico lo perfiló como maestro de Economía del líder cocalero, y la política económica funcionó a través de una combinación de tecnocracia e ideología que le permitió al país indicadores competitivos en el espectro continental. Para el presidente Arce está claro que la voz partidaria debe respetarse, y nadie del entorno evista forma parte de los ámbitos de influencia gubernamentales en la actualidad, situación que aconseja a Jota Ere, en primer lugar, continuar reinventándose en el campo de la lucha contra el imperialismo y la antinación.          

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El diario escribir de la historia

‘Reportaje a la democracia’ es una apuesta por el periodismo elevado a categoría de registro histórico

/ 17 de febrero de 2021 / 11:20

Reportaje a la democracia, (Memoria periodística, Bolivia 1969 -2019) es el libro que quedó guardado en depósitos a partir del 10 de noviembre de 2019, producto de la crisis política que desembocó en el golpe de Estado que obligó a la renuncia del presidente Evo Morales. Debió estar en las calles justo ese domingo y fueron unos pocos ejemplares los que se dispusieron para su venta en la tienda de LA RAZÓN del Megacenter de la zona de Irpavi de La Paz, comercialización que se interrumpió debido a la ocupación callejera protagonizada por policías, militares y civiles enardecidos y eufóricos que decidieron adoptar el despectivo denominativo de pititas, ocurrencia del propio Evo.

Con el generoso respaldo editorial de LA RAZÓN, se trata de un trabajo de ensamblaje periodístico y de producción de nuevos textos para dar cuerpo a las ideas de democracia que dieron pie al inicio de una nueva era que privilegiara el Estado de derecho y, más adelante, la participación ciudadana en el funcionamiento institucional del país, pero que tiene antecedentes imposibles de soslayar como la breve presidencia de Luis Adolfo Siles Salinas que sucedió al accidentado y fallecido Gral. René Barrientos Ortuño. Archivo y memoria son los dos conceptos e instrumentos inspiradores de esta propuesta, gracias al cuidado con el que fui organizando y guardando el trabajo que realizo en el oficio, precisamente desde 1982, año en el que el maestro de maestros, Gabriel García Márquez, obtuviera el premio Nobel de literatura.

El primer antecedente de este trabajo se encuentra en Bolivia en Democracia 1982-2012, que editó el Ministerio de Culturas cuando nuestro país cumplía treinta años de democracia; aquí, este periodista ejercita un recuento analítico sobre las constituciones, el problema marítimo en democracia y las presidencias democráticas. Lamentablemente, una inexistente política de difusión y comercialización de los auspiciadores me obligó a repensar y a ampliar el proyecto que dio origen a esta edición más vigorosa y completa, en la cual, en diez partes se compendia desde mi  perspectiva periodística e ideológica treinta y ocho años de democracia en el país: Predemocracia (1969-1982), Democracia postdictadura (1982-1985), Democracia (neo)liberal y representativa (19851989), Democracia pactada I y II (1989-1997), Democracia autoritaria (1997-2002), Democracia represiva (2002-2003), El fin de la Democracia neoliberal (2002-2003), y Democracia y nuevo Estado I, II y III (2006-2019).

Reportaje a la democracia es un libro periodístico, escrito con el desafío que supone llegar a todos los públicos con el objetivo de convertirse en una fuente de consulta informativa sobre cómo se fue construyendo la institucionalidad del país a través de sus políticas económicas y sociales, la creación de sus aparatos públicos, con los tropiezos y vicisitudes que esto implica en un entramado social en el que la persistencia por la autodeterminación y la liberación nacional marcaron a fuego las manifestaciones de los colectivos sociales; pero todo ese contexto, fundamentalmente concebido a partir de su cultura presidencialista y de actores situados en los oficialismos y las oposiciones de cada coyuntura.

Se trata de una apuesta por el periodismo elevado a categoría de registro histórico, en la convicción de que para trascender la siempre imperfecta elaboración de cada versión del momento, se hace necesaria la espera que con el transcurso de los años permite una reescritura acerca de hechos consolidados que ingresan en el imaginario colectivo, más allá de versiones disímiles que se construyen desde los lugares en los que se mira. Es una obviedad necesaria decir que no se encontrarán aquí muchísimos hechos producidos en el último medio siglo, en tanto la mirada de este periodista privilegia temáticas, en este caso, las relacionadas con momentos que explican cada período presidencial.

Los textos originales que dieron lugar al montaje de este libro en formato tabloide de 175 páginas se publicaron en las revistas Perspectiva, Criterio, Correo del Alba, Asuntos Indígenas del Grupo Internacional de Asuntos Indígenas (IWGIA); en los diarios Última Hora, LARAZÓN, Página 12 Buenos Aires (Argentina); en el quincenario El juguete rabioso; en los libros Fútbol y punto y Bolivia en democracia, 19822012y en las estaciones televisivas Periodistas Asociados Televisión (P. A.T.), Bolivia TV y Abya Yala Televisión.

Para complementar este reportaje a cincuenta años de la historia política de Bolivia, he concluido Contragolpe, persecución política y gobierno de facto en Bolivia (2019-2020) con una cuarentena de textos publicados en LA RAZÓN y Noticias para América Latina y el Caribe (NODAL, Buenos Aires, Argentina) a lo largo del oncemesino gobierno de Jeanine Áñez, tiempo de interrupción de la democracia en Bolivia, y que será motivo de un nuevo emprendimiento editorial.

Conversaciones periodísticas

Cultivar la entrevista periodística, primero para medios impresos y luego en televisión, me ha permitido un acercamiento directo a los protagonistas que desde sus experiencias y los lugares que ocuparon en la esfera pública han influido en la construcción de nuestra democracia. En el libro se encuentran entrevistas con los expresidentes Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer Suárez, Carlos Mesa (dos entrevistas en su calidad de líder de opinión), Eduardo Rodríguez Veltzé y Evo Morales Ayma; el exvicepresidente Álvaro García Linera (dos entrevistas); con los líderes de opinión Carlos Palenque (luego jefe de un partido, Condepa) y Eduardo Pérez Iribarne; con dirigentes políticos como Antonio Aranibar, Óscar Eid Franco, Miguel Urioste; con exministros como Alfonso Revollo, Irving Alcaraz, Héctor Arce, Carlos Romero, Juan Ramón Quintana y Luis Arce Catacora; con el experto en asuntos electorales, Salvador Romero Ballivián; con el académico, doctor en literatura, Javier Sanjinés; con el exseleccionador de fútbol de Bolivia, Xabier Azkargorta,  y el exembajador de Estados Unidos, Curtis Kamman.

En las dos conversaciones televisivas con Álvaro García Linera, primero como panelista del programa El Pentágono y luego como Vicepresidente del Estado Plurinacional, compartimos escenario con la feminista comunitaria Julieta Paredes y los periodistas Mario Espinoza, Freddy Morales, Gabriel Romano y María Luz Vaca.

(*) Julio Peñaloza Bretel es periodista

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La batalla de las narrativas

Las ‘narrativas’ pertenecen a la esfera de la ficción literaria, no a la vida diaria de la gente.

/ 13 de febrero de 2021 / 00:27

Rashomon de Akira Kurosawa (Japón, 1950) rompe moldes de la narrativa cinematográfica porque presenta tres versiones distintas —tres finales a elegir por el espectador— de una violación y de un asesinato. La película tiene un soporte de guion tan extraordinariamente sólido, que cualquiera de las tres podría asumirse como un final verosímil. No es el caso de la política boliviana en la que domina la tosquedad de unos operadores político mediáticos que para despercudir sus conciencias, machacan con versiones que buscan rebatir la verdad de lo sucedido el 10 de noviembre de 2019.

En esa carrera por buscar la expiación de sus pecados, quienes se aferraban al justificativo del fraude para sacar a Evo Morales del gobierno, la OEA y las investigaciones del Ministerio Público en organismos electorales departamentales, no han permitido una versión con las debidas pruebas que nos informen que el fraude que se habría perpetrado en las elecciones del 20 de octubre le permitió a Evo Morales aparecer con dos, tres o más puntos de los debidos sobre el segundo, Carlos Mesa. No hay nada de eso, a 15 meses de los acontecimientos desatados por las precipitadas y tendenciosas declaraciones del jefe de la misión de observadores del organismo interamericano, Manuel González, que se refirió a un sospechoso cambio de tendencia en los números de la votación, en el momento en que los vocales del Tribunal Supremo Electoral decidieron suspender el conteo rápido no oficial, que derivó en el asalto a las sedes de tribunales departamentales, varios de ellos incendiados, a partir de la instigación del propio Mesa, que nunca admitirá, ya lo sabíamos, que en esa elección perdió, probablemente no por la diferencia necesaria para evitar la segunda vuelta, pero así de claro y terminante: perdió.

No se trata entonces de oponer las narrativas del fraude y del golpe. Se trata de aceptar la verdad histórica a partir de hechos concretos y objetivables, y si hay algo que los viabilizadores del gobierno de transición no podrán rebatir jamás, incluidos los chambones columnistas de la prensa que en ese momento se hizo golpista, es que la Constitución Política del Estado fue violada en sus artículos 169 y 170, lo mismo que el Reglamento de la Cámara de Senadores con la fabricación de una Minuta de Comunicación del Tribunal Constitucional que se pasó por el forro la Carta Magna. En suma, no se trata de narrativas, esto es, de versiones de acuerdo con el color del cristal con que se mire, sino más bien de una serie de acontecimientos que del golpe de Estado nos llevan al gobierno de facto cuando se producen masacres como las de Senkata, Sacaba y El Pedregal; cuando se persigue, encarcela, criminaliza y extorsiona a ciudadanos afines de organizaciones sociales al MAS, cuando se decide utilizar la crisis sanitaria contra la pandemia para policializar y militarizar zonas urbanas y rurales a fin de cazar a “sediciosos”, “terroristas” y “narcotraficantes”.

El fraude no ha sido demostrado, aunque se hayan encontrado hechos irregulares propios de cualquier proceso eleccionario, subrayando, como corresponde, las torpezas irreparables cometidas por el Tribunal Supremo Electoral. Pero de lo que sí hay abundantes pruebas es de la suspensión del Estado de derecho, producto de una sucesión ilegal, encabezada especialmente por el ministro de gobierno, Arturo Murillo, que en lugar de buscar caminos de auténtica pacificación, adoptó el matonaje político como sello gubernamental de la decorativa presidenta Áñez, en su doble condición de presidenta y candidata, razón por la cual el edificio de la derecha se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos con el propio Mesa afirmando que la habilitación de Jeanine para la carrera electoral, daba lugar a pensar que efectivamente se habría tratado de un golpe de Estado. Sería bueno para el dos veces derrotado candidato de Comunidad Ciudadana que lograra ponerse de acuerdo consigo mismo.

Las “narrativas” pertenecen a la esfera de la ficción literaria, no a la de la vida diaria de la gente, pero como se impone la tendencia de ponerles nombres pretendidamente sofisticados a las cosas en tiempos de posverdad, resurge la conocida tropa de agentes mediáticos en el propósito de marear la perdiz. No hay narrativa del fraude, ni fraude. No hay narrativa del golpe, y sí un golpe de Estado comprobable que hizo de Bolivia, para decirlo condescendientemente, como lo afirmara The Economist, una democracia “híbrida”, con solamente la Asamblea Legislativa Plurinacional como bastión institucional de la resistencia popular que logró, con movilizaciones y bloqueos, la realización de nuevos comicios para el 18 de octubre de 2020.

    Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El coleccionista de muñequitos

/ 30 de enero de 2021 / 03:47

Iván Arias Durán es candidato a alcalde de La Paz por ningún partido político, y sí por la agrupación ciudadana Somos Pueblo de Rafael Quispe, sigla que le permite piso legal para habilitarse a las elecciones subnacionales del próximo 7 de marzo. Durante los 14 años en que Evo Morales gobernó el país, Arias se las rebuscó para convertirse en nostálgico opinador desde el viejo orden, utilizando cierto tipo de elementos didácticos en el afán de hacerse entendible y simpático. Por lo menos así lo creía él.

Digamos que Arias creyó subir al podio de la creatividad utilizando reproducciones a escala de los Avengers, esos personajes del imperio del espectáculo cinematográfico, bajo cuyos disfraces podría encontrarse a más de un agente de la CIA, en el plan de ejecutar sus ejemplificaciones opositoras, provocando las risas complacientes de detractores recalcitrantes al MAS y de las otras, esas que se encargan de hacer notar cuándo un personaje público tiene una ilimitada capacidad para no temerle al ridículo.

Lo que casi nadie sabe es que el exministro de Obras Públicas del gobierno de facto presidido por Jeanine Áñez es autor de Emergencia e interpelación india, documento reeditado por Félix Cárdenas, en su momento viceministro de Descolonización, en el que destaca las reflexiones hechas por Arias en 1989, a propósito de las realizaciones de los congresos de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y de la Central Obrera Boliviana (COB) cuando las organizaciones sociales “comenzaban a perderle miedo a la política”. Vaya sensibilidad y acercamiento que se le desconocía al Negro, como suele autonombrarse, que en su momento fuera cercano al dirigente campesino Genaro Flores y Secretario Privado de Víctor Hugo Cárdenas, cuando éste ejerció la vicepresidencia de la República en el primer gobierno de Sánchez de Lozada, para luego relacionarse con el gobierno de Banzer y Tuto Quiroga.

La traslación de Arias desde los escenarios del movimiento popular hacia los reductos de la partidocracia y el poder neoliberal, conformados por partidos del centro hacia la derecha, no sería un asunto del cual ocuparse especialmente, si de conversos hablamos, pero el día en que en una entrevista nocturna concedida a la red televisiva Bolivisión, cuando ya estaba cantada su candidatura, preguntó “¿A quién pues hemos perseguido”?, quedó confirmado que se había tratado de una impostura debido a que la Resolución Defensorial DP/RD/NAL/2020 del 11 de diciembre de 2020, lo incluye —junto a su excolega de la presidencia y antecesor en el cargo, Yerko Núñez, y al exgerente de Mi Teleférico Andrei Bonadona, directamente vinculado a la gestión del alcalde Luis Revilla— como autor “de persecución política, destinada a lograr la aprehensión (de César Dockweiler, ahora su principal adversario en la carrera por la Alcaldía), desprestigiarlo y anularlo políticamente manifestando que fue víctima de las siguientes acciones: “Amenazas a la integridad física. ‘Fabricación’ de denuncias penales. Inicio de procesos penales. Vulneraciones al debido proceso. Uso de medios de comunicación para desprestigio. Hostigamiento al entorno familiar”.

En la resolución de la Defensoría del Pueblo pueden encontrarse testimonios sobre cómo Arias, junto con su colega Núñez, pretendieron buscar maneras de anular políticamente al que ahora, según encuestas, le lleva la delantera en las preferencias para alcanzar la silla municipal de La Paz, a través de la búsqueda de personeros de la mismísima empresa Mi Teleférico, a quienes se presionó para intentar incriminar a su gerente fundacional de inexistentes hechos de corrupción, sedición y terrorismo.

¿Habrá que suponer que los Vengadores de Hollywood llegarán a rescatar al Negro Arias, que había resultado ser uno más de los persecutores políticos del inconstitucional gobierno de transición del que formaba parte? ¿O estará en condiciones de afirmar mirando de frente a sus potenciales electores que la resolución de la Defensoría no dice la verdad? ¿Seguirá teniendo la templanza y la frente altiva, este coleccionista de muñequitos, de pedirle al candidato Waldo Albarracín que deponga su candidatura por Comunidad Ciudadana para garantizar la unidad del voto contra el MAS? Parece difícil, porque si de algo no se podrá acusar al exdefensor del Pueblo y exrector de la UMSA, es de violador de los derechos humanos.

En estos 39 años de democracia (menos uno), ya se sabe con mínimos márgenes de error quiénes persiguieron políticamente a quiénes. Parece haber llegado el tiempo de desterrar definitivamente práctica tan destructiva repleta de atropellos e ilegalidades y que se pueda imponer la lógica del debido proceso y la correspondiente persecución judicial cuando se trata de combatir delitos. Como el caso de Iván Arias abundan muchísimos otros: Graciosos y políticamente correctos frente a micrófonos, caminando con puñales bajo el poncho en la vida real.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Mallku, el indio volador

Irreverente, radical, aguerrido, contestón, Felipe Quispe puso en evidencia con un lenguaje brutal y directo, la histórica desigualdad, el racismo y discriminación imperantes contra los originarios de estas tierras debido al poder y el orden de las clases dominantes a lo largo de nuestra historia.

/ 19 de enero de 2021 / 22:10

El siguiente texto fue publicado en el quincenario ‘El juguete rabioso’, el 29 de octubre de 2000. Forma parte del libro ‘Reportaje a la democracia, Memoria periodística, Bolivia 1969 – 2019’ de próxima aparición. Irreverente, radical, aguerrido, contestón, Felipe Quispe, nacido en la provincia Omasuyos del altiplano de La Paz, graduado en Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) puso en evidencia con un lenguaje brutal y directo, la histórica desigualdad, el racismo y discriminación imperantes contra los originarios de estas tierras debido al poder y el orden de las clases dominantes a lo largo de nuestra historia. Este artículo registra, en alguna medida, la valiosa contribución del llamado ‘Mallku’ a nuestra historia democrática.

La aparición de Felipe Quispe, el ‘Mallku’, provoca nuevamente los odios y los miedos en una sociedad que, como no ha aprendido a conocer al otro, al indio, no cree ni se relaciona con él.

“Indio volador”, así le llamaban en sus años universitarios de Lovaina a Jaime Paz Zamora. El apodo se lo pusieron porque como buen sudaca se paraba bien bajo los tres palos del equipo en que jugaba cuando, residiendo en Bélgica, creía en el socialismo en el que soñaba por su nueva Bolivia.

El Indio volador que conocemos ahora ya no es, por supuesto, Paz Zamora, que hace muchísimos años se retiró  del fútbol y se dedicó a funcionalizar utopías gracias a unas célebres trampas retóricas cuidadosamente hilvanadas por quienes le fueron abriendo paso desde las entrañas del MIR hacia el poder. El Indio Volador es ahora Felipe Quispe, El cóndor pasa, tocayo del mismísimo Príncipe de Asturias: Dos metros de estatura, rubio y de ojos azules, y que provoca desvelos, a un personal femenino muy mestizo que nunca dejará de creer en los cuenteretes de hadas de Felipe Quispe.

Felipe Quispe, que de Borbón parece no tener nada, pero de hombre moderno de la ciudad,  marketero, televisivo y de chaqueta raída azul jean como cualquier modelo de spots Marlboro, tiene bastante, ha crispado las terminaciones nerviosas de los blancoides con bronceado de fin de año muy Miami Vice, a quienes les ha producido tembladera, como alguna vez a sus abuelos y bisabuelos antes del 52, con el pánico de que estos “indios de mierda” que no se bañan se van a meter a nuestras casas y se lo van a llevar todo.

Una vieja muy copetuda que era muy severa y jugaba rummy todas las tardes decía que su democracia quedaba detenida en las compuertas de sus fosas nasales porque no soportaba las emanaciones de los colectivos de entonces en que se viajaba apechugado y rodeado de sudores varios. Si la democracia se midiera como lo hacía esta buena señora, las lecciones debían producirse entre inventores de detergentes, jaboncillos de fragancias al gusto, y champús anticaspa, y ya no más entre políticos profesionales que se han pasado fenomenalmente por el forro de los cojones la existencia de los in-existentes, indios también con ganas de votar, agazapados en Achacachi con las cabezas hinchadas de bronca gracias al rollo que Felipe les larga con puntualidad y en proporciones dosificadas conforme se va acercando la fecha de un próximo conflicto con bloqueo de mentes y caminos como instruye el recetario completo.

Aprendí con el cine de Jorge Sanjinés, con su Teoría y práctica de un cine junto al pueblo, parida con mejores pretensiones que resultados en los 70, que el cine indígena, más precisamente aymara, debía ser uno de autor colectivo en el que la comunidad va construyendo el discurso fílmico concordante con una organización social que le otorga preeminencia a la voluntad del conjunto, y no la inspiración divina del artista único e irrepetible, tal como lo dicta el canon occidental.

Al final, el chocolate espeso y las cuentas claras: Sanjinés ha hecho a lo largo de su reconocida trayectoria, un cine suyo porque los guiones y la realización corrieron siempre por su cuenta y riesgo, por más que se forzara el autoengaño a fin de no cometer entre otras torpezas de hombre blanco, postales para las estaciones de metro europeas.

Y al igual que Sanjinés, el Mallku actúa por sí mismo y en el tinglado político en el que ha logrado posicionarse en el tiempo Guinness de 30 días, y emerge por su inteligencia, su astucia para enfatizar aún más su castellano mal hablado y parido desde el trivalente aymara. ¿Dónde se hace visible esa masa que le da legitimidad a su dirigente? ¿Qué televisión se ha preocupado por intentar meterse en las casas, pero no para llevarse lo poco que allí hay, de todos estos “indios de mierda” que no se bañan y que habitan un mítico cosmos como si el mundo lejano aquél no fuera tan perro como lo es el de aquí?

Indios, inexistentes y ahora invisibles, porque si algo tuvo el cine latinoamericano de los 60-70 fue poner en pantalla a quienes la televisión internetizada del Siglo XXI se viene encargando de desdibujar, a través de una pobrísima agenda de géneros audiovisuales, donde solo hablan los representantes democráticamente elegidos, (léase Felipe Quispe, ejecutivo de la CSUTCB), lo mismo que en la democracia presidencialista, parlamentaria y excluyente que fustigan con tanto ardor y miles de piedras acomodadas cerrándonos el paso unos a otros.

Con todas sus contradicciones, su bien aprendido estilo, y su teatralizaciones de goleador oportunista, de todas maneras el Mallku ha hecho algo que parecía nunca más iba a suceder: que la acomodada, poco instruida, bien aseada pero bastante aburrida clase media de las ciudades del país volviera a sentir miedo por la fuerza de lo desconocido, pero no el miedo de una tribuna folklórica que activaba el Compadre Palenque, sino ese miedo a lo profundo, sombrío, místico tan cargado de silencio que es el mundo indígena de este lado del país, en el que lo infrahumano aterra.

Felipe Quispe es un dirigente que responde a sus bases como él mismo dice, pero aunque no le guste ya ha sido absorbido por ésa que él llamaría cultura dominante, que es la cultura que gobierna más que antes al globo íntegro. El Mallku es la sensación del momento, el hombre de moda que aún sin estar de acuerdo, vive bajo las reglas puestas por quienes interpela.

Lo que pasa es que además de vestir como homo urbanus universal, debido a la urgencia con la que viven los suyos, acaba siendo presa del error de exclusión que él mismo condena con tanta vehemencia y ese error es el de insistir en “su” Bolivia prescindiendo de la voluntad de una comprensión totalizante, cuando las Bolivias in-existentes e in-visibles, nunca terminan de registrarse.

Los civilizados mestizos de la ciudad que se las dan de muy elegantes, que acuden a los acontecimientos que registra Ficho (Viaña, cronista de la haig sosayti paceña), viven en casas y aparentemente en las que las habitaciones de “sus” empleadas miden uno por uno, no tienen ventanas y muchos de ellas solo piso de cemento. Mientras en el Loro de Oro publican anuncios de ventas, alquileres y anticréticos con “habitaciones en suite”, sus empleadas deben amontonar las pertenencias en los aguayos con los que llegan y ocupan el espacio que el patrón les asigna. Y es que ese es el concepto de nuestros urbanistas, muchos de ellos metidos a postmodernos, acerca del hábitat que debe ocupar la doméstica salvaje, y es desde estos hechos reproducidos como hongos en propiedades horizontales que se incuba la furia en espíritus rebeldes e ideológicamente cincelados como el del Mallku.

La nueva Bolivia de Paz Zamora, Bolivia la nueva de Revollo, la federalista de Valverde Barbery, la empresarial inexistente de la que habla Valdez (Jorge, empresario petrolero) son modelos incompletos, imperfectos y viciados de nulidad por ese espíritu de rapiña del que se nutre el estamento político del que se abraza el poder a sí mismo, pero difícilmente lo vincula para que todos se suban al coche de la participación, dejando atrás viejas tretas de paternalismo estatal en el que esos mismos indios por los que pelea el Mallku se han cobijado durante décadas por un elemental sentido de sobrevivencia, es decir, necesitados de ingresar en la lógica clientelista y discrecional inaugurada por el MNR en los 50.

El Mallku sobrevuela con su amenaza de cerco sobre las azoteas de la indiferencia y la vida chata de una La Paz desangelada que no sabe por dónde comenzar para recuperar su ajayu. Así estamos, pero en realidad es que así somos, bien duchos para capear las emergencias, pero bastante holgazanes para aprender a escuchar al otro en tiempos de paz, y es que sin el odio y el desprecio ancestrales nosotros los de entonces ya no seríamos los mismos.

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El cargo de Evo

/ 2 de enero de 2021 / 06:01

¿Llegará el día en que Evo Morales asuma sin excusas que un apreciable número de seguidoras y seguidores suyos quedaron en estado de indefensión cuando instruyó la renuncia de quienes alcanzaban la sucesión constitucional (Senado y Diputados) “para que los golpistas se quedaran con su golpe”? Las señales dicen que no. Que el presidente vitalicio de las seis federaciones cocaleras del subtrópico cochabambino no quiere enterarse del desgraciado destino que tuvieron que soportar a partir de persecuciones políticas y extorsiones judiciales, entre otros argumentos, para defender su liderazgo histórico, mientras él disponía de muchas horas diarias para tuitear desde Buenos Aires. Valiosas y valiosos cuadros del mejor momento del masismo en el gobierno (2006-2014) fueron abandonados a su suerte, soportando, hasta ahora, detenciones preventivas, detenciones domiciliaras, y peor todavía, desde la esfera interna, vetos partidarios.

En el contexto de las incongruencias masistas, se sabe, por ejemplo, de un exviceministro que poco y nada aportó con su trabajo a las transformaciones del Estado en su área, que en su nueva calidad de asesor decidió apartar de su trabajo a un funcionario estatal por el solo hecho de haber aparecido en una selfie junto a un individuo tildado de “pitita”, cuando este sujeto había dado inequívocas señales de alineamiento. Este ejemplo pinta de cuerpo entero cuánto de inorgánico tiene el nuevamente partido de gobierno, en el que tantas veces se ha premiado el oportunismo y se ha castigado la lealtad incondicional y la responsabilidad funcionaria. En este contexto varias y varios masistas decidieron dejar la política o cuando menos, la militancia en el partido azul.

Dice Evo Morales que ahora queda claro quiénes estaban en el MAS nada más que por cargos. ¿No será que en este caso se aplica lo de la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio? Porque hasta donde tenemos registrado, Evo se aferraba con uñas y dientes al cargo de Presidente, objetivo para el cual ocasionó el embarrancamiento del Tribunal Constitucional que el 28 de noviembre de 2017 lo habilitó como candidato presidencial, decisión con la que se perforó un referéndum en el que se impuso el No a una nueva reelección. Así que, si a Evo le ha dolido la partida de Eva en busca de su legítima aspiración en base a méritos propios, aceptando ser candidata a Alcaldesa de El Alto por otra tienda política, tendrá que aceptar que la expresidenta del Senado, reducto desde el que defendió al MAS con su decisión de lucha contra el golpismo, no quiere una “pega”, sino más bien, ser electa por voluntad popular, aunque el precio sea el de la expulsión por indisciplina partidaria.

En el MAS —único partido nacional del país— se ha producido como nunca en la última década, una intensa y febril deliberación democrática para la determinación de candidaturas a gobernaciones y alcaldías, sin explícitas reglas de juego institucionales, con la influencia del caudillo y los criterios de las bases que se mezclan para en unos casos arribarse a decisiones concertadas y en otros, a rupturas inevitables. Es el caso del departamento de Santa Cruz, en el que quien fuera Alcalde de Warnes, Mario Cronenbold, ha terminado inscrito como candidato a gobernador, a 15 días de haber proclamado y levantado en andas al presentador televisivo Pedro García con la presencia de Evo, pero que de militancia masista tiene nada y en su momento, desde la Red Uno, fue uno de los conductores televisivos encargado de las encerronas mediáticas contra dirigentes de organizaciones sociales y que conforme transcurrieron los años, fue migrando en materia de visión de país, lo que le permitió perfilarse como potencial candidato finalmente inscrito para vicegobernador, no se sabe exactamente si por imposición del jefazo, influencia de algunos sectores, o la combinación de ambos factores.

Evo ha hecho y ha deshecho en el MAS con el liderazgo y la legitimidad que le otorgaron sus tres aplastantes triunfos en las urnas, pero ese tiempo ha fenecido y ahora ejerce la conducción que las federaciones cocaleras del Chapare le otorgan, teniendo que aceptar, como jefe del MAS, otros liderazgos, como el de David Choquehuanca, respaldado por la legitimidad institucional de la Vicepresidencia del Estado, con participación e influencia en el Pacto de Unidad, ese acuerdo de organizaciones monolítico que la derecha no supo copiar en más de una década.

Evo debe estar persuadido que volverá a ser candidato a la presidencia en 2025. Van a suceder muchas cosas en los próximos cinco años y entre ellas se producirá un inevitable relevo generacional con la emergencia de nuevos Andrónicos y otras Evas. A estas alturas, a Evo le queda ejercer el cargo de jefe del MAS con magnanimidad, contribuyendo a perfilar su partido más allá de él mismo. Es lo que les toca a quienes aspiran a trascender en el tiempo con su legado. 

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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