Voces

viernes 4 dic 2020 | Actualizado a 10:06

Gestión pública y horizonte

/ 20 de noviembre de 2020 / 00:33

El rito de prefigurar aquello que se puede esperar de un nuevo gobierno conlleva un proceso de generación de opinión pública en el que éste va emitiendo señales para que sean leídas e interpretadas desde la ciudadanía. Dicho proceso, en su nivel ejecutivo, inicia con la posesión presidencial junto a sus respectivas puestas en escena y discursos, continúa con la posesión del gabinete y de altos mandos policiales y militares, para luego afianzar los hasta entonces supuestos con el establecimiento de mandos medios en estas instancias y, de ahí en adelante, la puesta en marcha de la agenda urgente definida estratégicamente.

Variados han sido los criterios que, en torno a estos hechos, rápidamente hemos vertido desde espacios de opinión digitales y medios de difusión “tradicionales”. Y aunque es difícil generalizar, se puede decir que alguna corriente coincidió en que el nuevo gabinete se encuentra conformado por un renovado cúmulo de actores políticos provenientes de diversas vertientes propias del masismo o confluyentes con él. Y que la agenda urgente se enfocará en aspectos económicos bajo la palabra austeridad, como consigna. Como es de esperarse no faltan las críticas ni los aplausos.

Luego de lo ocurrido en noviembre de 2019, resulta bastante comprensible que sean los sectores del Pacto de Unidad, la Conalcam y el propio MAS quienes, desconfianza de por medio, se sepan protagonistas de una resistencia ante la injusticia y reclamen su espacio propio en el poder. Ojalá éste se gestione a través de un recambio proveniente de la organización social que se ha profesionalizado precisamente en estos últimos 14 años, cuyo mejor expositor es Andrónico Rodríguez y no así a través de la simple prebenda que, se sabe, no mejora ni la calidad del Gobierno ni la implementación de un proyecto estatal.

A pesar de que quien tiene la responsabilidad de efectuar estos nombramientos está en la obligación de considerar una multiplicidad de aspectos en quienes detenten altos y medios cargos de poder, lo cierto es que las lecturas de apreciación sobre estas decisiones serán, en su mayoría, parciales y, por tanto, sesgadas. Sean sesgadas a partir de la militancia partidaria, la grupal-corporativa o la de las causas propias. Algunas priorizarán (y aplaudirán) la ideología, otras la pertenencia y otras la idoneidad técnica. Como se ve, la identificación de personas que encabecen el servicio público en el país no es una tarea sencilla. Se hace más difícil cuando añadimos el hecho de que el MAS es una organización política altamente compleja en su estructura y que el Estado Plurinacional como horizonte es una complicada empresa.

Casualmente, se ha dejado para después no solo la creación sino además la designación de la cabeza de una de las carteras más simbólicas y que posiblemente mejor conjuga estas miradas parciales: el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización. Tres nociones que en todos estos años el gobierno del MAS no ha podido anotar entre sus logros, mientras la otrora denominada Revolución Cultural y Democrática pareciera estar desaparecida como consigna en estos momentos. En tiempos de austeridad y crisis múltiple bregar por los máximos ideales principistas de un proyecto estatal puede parecer una desubicación fuera de agenda urgente. Con todo, será fundamental avizorar cuáles serán las señales de este nuevo gobierno en torno a estos aspectos que fueron parte de los horizontes esenciales en la alguna vez soñada construcción de un Estado Plurinacional basado en los principios establecidos en la CPE.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Señales desde la comunicación de gobierno

/ 4 de diciembre de 2020 / 00:45

Un repaso sobre el estilo comunicacional del pasado gobierno del MAS, puede llevarnos a pensar que el expresidente Morales nos acostumbró a que casi toda medida implementada en su gobierno constituía un suceso gubernamental que merecía ser ampliamente publicitado e incluso espectacularizado. En tanto puesta en escena, estos sucesos gubernamentales tenían como principal sujeto de la información la figura del expresidente; como escenario, los espacios públicos abiertos; como participantes, una población que simboliza lo popular y como elemento principal, los discursos presidenciales emitidos casi cotidianamente.

En tanto acción mediática gubernamental lo que le seguía a esa puesta en escena solía ser una campaña multimedia de posicionamiento de los ejes que emergían de los discursos presidenciales y un agendamiento de los mismos a través del sistema de medios de difusión estatales. Todo esto en el marco de una estrategia comunicacional conocida como campaña permanente; es decir que estos procesos comunicacionales se repetían incesantemente como un loop en el tiempo.

Como hipótesis, la existencia de ese tipo de comunicación gubernamental sumado al poco y difícil acceso a la información pública estatal que se arrastra, desde hace varias décadas, fue un ingrediente de peso en el crecimiento de un periodismo que privilegia las declaraciones por encima de los hechos.

A poco de cumplirse el primer mes de este gobierno, además de las señales de “establecimiento” del mismo ya se han implementado las primeras medidas concretas de gestión, entre ellas: arribo de comisión CIDH, decretos orientados a promover los derechos de las mujeres, de pago del Bono contra el Hambre, de fomento al turismo interno, de diferimiento de créditos y de gestión sanitaria para la pandemia.

En un recuento del tratamiento comunicacional que desde el Gobierno se ha implementado para la difusión de estas primeras medidas, lo que se avizora con alguna claridad es el estilo presidencial que se busca construir, pues los elementos colindantes a una estrategia aún no parecen mostrarse con claridad. Respecto al estilo presidencial, un primer acercamiento muestra que los sujetos de información para la difusión de estos sucesos gubernamentales han sido variados desde el Poder Ejecutivo, dando cuenta de que la gestión ocurre perfectamente sin necesidad de una centralidad presidencial. Luego, un cúmulo de fotos del presidente Arce en la Casa Grande del Pueblo componen el mosaico de actividades que comparte diariamente en sus redes, quizá buscando construir una imagen de trabajo en gabinete, más técnica que populista. Para la salutación por el día contra la violencia contra la mujer ha optado por un video, posiblemente pretendiendo estar pero pasando periféricamente por dónde se encontraba el centro de la noticia, en las calles. Para su más reciente puesta en escena  ha optado por entregar el Bono contra el Hambre dentro de una instancia financiera estatal ubicada en la zona Sur de La Paz; lo cual podría significar que se busca limitar la espectacularidad y apostar por la sobriedad.

Son las señales, los discursos y los hechos los que cotidianamente van construyendo un cúmulo de datos que finalmente establecerán cómo será el paso del presidente Arce por la historia. En términos de comunicación gubernamental, específicamente estilo presidencial, hasta ahora pareciera haber intención de modificar una centralidad comunicativa de tipo personalista que fue clave por años en el devenir del escenario informativo y comunicacional del país.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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El negacionismo de la voluntad popular

/ 6 de noviembre de 2020 / 03:45

Bolivia transitó en tres semanas a una nueva realidad política con los cambios de posición política a la orden del día. De repente, pareciera de lo más normal aceptar que el líder de una alianza política convoca a sus bases a las “rotondas” de las calles cruceñas para acompañar la solicitud de una auditoría a un proceso electoral del que, como resultado, sus asambleístas tomaron juramento en el cargo días antes.

Asimismo, parece ya un tránsito natural, aceptar taxativamente la integridad de un proceso electoral reconociendo a sus ganadores a las horas de su finalización para, a las semanas, establecer que aunque no se está de acuerdo con la solicitud de una auditoría a un proceso electoral, las expresiones que piden indirectamente el no reconocimiento de la voluntad popular se encuentran en el marco de la libertad de expresión mientras se afirma que, por una decisión heredada de la Asamblea Legislativa Plurinacional anterior, no se asistirá al acto simbólico de entrega de mando al nuevo Gobierno.

Bastan apenas unos días para que algunas y algunos líderes del resto del espectro político del país se manifiesten —en efecto dominó— para apoyar la solicitud de una auditoría al proceso electoral del cual previa y estratégicamente no habían dicho absolutamente nada. Estoy refiriéndome, por ejemplo, a Rubén Costas, Angélica Sosa y Luis Revilla.

Luego, son necesarias apenas un par de semanas a partir de la firma de los resultados de las elecciones generales por la Sala Plena del Órgano Electoral Plurinacional, para que una vocal de este órgano de Estado detone dudas sobre un proceso que ella con sus propias acciones llevó adelante junto al resto de vocales durante 10 meses y, con su firma, avaló semanas antes.

Para el remate, es suficiente que de manera simultánea —como quien deja un regalo en la puerta de la casa a la que ingresó por la ventana— el gobierno nacional de la señora Áñez eleve su voz a través de su Ministro de la Presidencia para, luego de haber avalado reiteradamente el proceso electoral durante varias declaraciones en los últimos días, solicitar se le realice una auditoría apenas a dos días de la entrega de mando al binomio ganador.

Lo que sigue es —como se dice— de manual. A los pocos minutos de que, en su última participación oficial, en el Consejo Permanente de la OEA, la Canciller agradeciera a esa instancia “por el informe sobre las elecciones generales 2020 que fue hecho con la mayor integridad profesional y calidad técnica” y reconociera que, como resultado de ellas, “el señor Luis Arce ha sido elegido Presidente del Estado Plurinacional”, remitía luego, con una destacable celeridad, los pronunciamientos del Gobierno interino y de una vocal del TSE  (sin el aval de la Sala Plena), a la instancia a la que hace poco había agradecido. Después, en un parpadeo, el todavía Embajador de Bolivia en la OEA, designado por el Gobierno transitorio, confirmaba a los medios de comunicación que estas cartas ya se encontraban en Washington.

Una consigna futbolera trasladada al escenario de la democracia debiera establecer como máxima que “la voluntad popular no se mancha”. Pero está claro, a estas alturas del partido, que han sido todos los flancos políticos parapetados en el antimasismo los que, desde el día uno en el que no les gustaron los resultados de la votación, se han dedicado sistemáticamente a ensuciar la voluntad popular. Y esas son las narrativas y prácticas que ya les vamos conociendo a las y los negacionistas de la realidad política que han llegado a nuestro país para quedarse.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Nuevamente, nada es lo mismo

/ 23 de octubre de 2020 / 03:23

Bolivia es, hoy, un país en el que se ha vuelto muy fácil decir la palabra fraude. Y, tras lo ocurrido esta última semana, es posible pensar que esa palabra ya no hace referencia solamente a un cúmulo de acciones planificadas para revertir los resultados de la voluntad popular en un determinado proceso electoral, sino más bien se puede decir que su fácil evocación es un síntoma claro de un desborde del léxico democrático.

Para consolidar la ruptura de la institucionalidad democrática era necesario ponerle en frente una idea en torno a la voluntad popular que la pudiera hacer tambalear. La repostulación del expresidente Morales, en irrespeto a la votación del referéndum de 2016, puso en bandeja la excusa perfecta para que gran parte de la ciudadanía, indignada, se volcara a las calles optando por pasarse por encima las instituciones que habían posibilitado ese hecho. Pero entre 2016 y 2019 habían pasado tres años y en la sociedad global hiperdigitalizada, donde cada segundo ocurre un hecho que es un mundo semántico en sí mismo y que, si nos involucra, puede acabar con todo nuestro espectro emocional en segundos, era difícil que una simple reavivación de un discurso como el del 21F pudiera remover tan a fondo las emocionalidades para exacerbarlas al punto de movilizarlas en 2019. Por eso era necesario un nuevo dispositivo discursivo, uno que permitiera rememorar el malestar por una ilegítima repostulación pero que, a la vez,  pudiera dar una estocada final a la paciencia democrática: dejar el centro, abandonar la institucionalidad. Ese nuevo dispositivo discursivo fue la palabra fraude y conllevó toda una narrativa posterior que se fue construyendo incesantemente, por varios poderes políticos y mediáticos, a través de los siguientes meses.

Los dispositivos discursivos pueden llegar a tener el efecto inmunitario al que Roberto Esposito hace mención cuando se refiere a la lógica de la biopolítica. Esto es que, a reserva de la fe con la que se inserta un dispositivo discursivo en un determinado conflicto, su inserción en un grado insoportable puede llevar a causar el efecto contrario. Una causa, al ser excedida en su objetivo, puede llegar a volverse contra ella misma.

La estrategia de hacer de la palabra fraude el núcleo para una extensa e insistente narrativa, junto al uso de otras palabras para la estigmatización continua y desenfrenada de un grupo político, terminó desbordando los propios bordes semánticos de estas palabras que, ante los hechos políticos registrados el pasado domingo, se están volviendo desechos semióticos que existen pero ya no dicen ni significan nada.

Los unos la resignifican para engalanar su victoria, señalando que en este país el triunfo es de aquellos que fueron llamados machaconamente “bestias humanas” y “salvajes”. Y los otros la usan a conveniencia para justificar su derrota, arguyendo que todo lo que no pueden entender tiene por nombre: fraude.

Ah, las palabras, esas que quedan por llenar de significado y estas que se están vaciando. Tantas de ellas que deberemos desechar, inventar y resignificar. Ya lo ponía como desafío el más grande de los ángeles poetas: “La lágrima fue dicha (…) Después de haber hablado, de haber vertido lágrimas, silencio y sonreíd: nada es lo mismo. Habrá palabras nuevas para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde”.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Repensar nuestro feminismo

/ 9 de octubre de 2020 / 04:29

En enero de este año publiqué en este espacio un artículo denominado Fue por el feminismo, su contenido nació en el intento de hacer un paralelismo del actual Gobierno transitorio con el que encabezó Rodríguez Veltzé hace 15 años. A medida que recorría el ejercicio de sucesión presidencial de 2005 con el de 2019 se hizo evidente una importante diferencia que radicaba en la presencia de mujeres en la línea de sucesión constitucional, esto como producto de los esfuerzos que históricamente se han realizado desde algunos feminismos cuya lucha pone buena parte de sus esfuerzos en la participación política de la mujer teniendo como horizonte la democracia paritaria. De alguna manera esa variable (junto a otras) viabilizó que, luego de la renuncia de Morales y una suerte de reacomodo político el país quedara a la cabeza de Áñez y Copa. Así también nació el título que le puse a esa nota de opinión.

Aunque la manera en que este gobierno llegó al poder fue —por decir lo menos— anómala y los sucesos de noviembre de 2019 aún continúan sobre la mesa de debate nacional e internacional, el haber transitado estos largos meses pandémicos en medio de una crisis política ha permitido sacar a flote complejas problemáticas estructurales que datan de la época colonial y republicana, que no solo no pudieron ser resueltas durante el último largo gobierno de Evo Morales sino que varias habían sido puestas “bajo la alfombra” para darle paso a una puesta en escena estatal que, primero, poco a poco fue ralentizando la implementación de un verdadero Estado Plurinacional para luego, en dirección opuesta, dar cabida a un proceso de desconstitucionalización. Y que hoy simplemente ha desaparecido de los horizontes institucionales nacionales producto del momento de transición irresuelto que vivimos.

Por varias décadas las diferencias entre los diversos feminismos han estado sobre la mesa, aunque con los años éstas se han hecho más visibles ante gran parte de nuestra sociedad. Y aunque se registran importantes avances sobre los que no hay que permitir retrocesos también es importante identificar los riesgos que se han instalado dentro de éstos. Concretamente, tras lo que hemos presenciado se hace crucial para algunos feminismos instalar un debate en torno a la calidad de la representación y participación política de las mujeres que llegan a cargos de poder, pues no debiera ocurrir que una causa tan justa como la inclusión política rinda solo resultados cuantitativos y no cualitativos. Si algún feminismo no puede transformar el contenido de la política patriarcal sino solo su apariencia, algo está fallando. De ello quedará —como objeto de amplia reflexión histórica— el recuerdo de una mujer que, de manera azarosa, accedió a una presidencia transitoria que fue ejercida de la manera más patriarcal y traumática, tanto para nuestras causas compartidas como para nuestra democracia.

Lo más probable es que entre las consecuencias de todo este opaco tiempo se materialice el ingreso por la vía democrática de corrientes reaccionarias y fundamentalistas (es decir, fascistas) a los espacios legítimos e institucionales del poder político, poniéndonos a tono con lo que ocurre regional y globalmente.

Los antídotos ante esta arremetida vendrán en clave de feminismo junto al enorme desafío de repensarlo en sus mayores aciertos y errores, como única manera de fortalecer los feminismos que tenemos. Y también en clave de autocrítica propia por la mirada acrítica o el silencio, como mejor manera de construir a las feministas que queremos ser.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Campañas electorales digitales II

/ 25 de septiembre de 2020 / 03:20

Esta serie de apuntes sobre las campañas electorales digitales iniciaba bajo el supuesto de que un proceso electoral realizado en medio de una pandemia iba a imprimir un cambio sustantivo en las formas de hacer campaña y propaganda por parte de los partidos políticos y la ciudadanía. Este escenario cambió inesperadamente cuando a días del inicio del periodo de campaña electoral se determinó, desde el Gobierno, una flexibilización de la extensa cuarentena que atravesó el país desde marzo.

Tras tres cambios de la fecha de votación producto, precisamente, de que el escenario de la pandemia empeoraba esta flexibilización de la cuarentena —sobre todo durante el periodo de campaña y propaganda— resultó una novedad inesperada. Con todo, aún se podía mantener en pie la hipótesis de una sobredigitalización de las campañas puesto que aún son obligatorias las medidas de bioseguridad en toda actividad.

Históricamente, la penetración de Facebook ha sido tan alta en el país que se la conoce como la red sociodigital más usada en Bolivia desde que se tiene registro de su uso. Así, esta red se ha constituido en una plataforma para campañas electorales de manera más clara durante los procesos democráticos de 2014, 2015 y 2016 en el país. No obstante, en 2018 Facebook atravesó por un complejo escándalo que develaba la influencia de las tecnologías de información y comunicación en el desempeño de las democracias y en los resultados electorales. Este punto de inflexión obligó a esta empresa a buscar la forma de implementar mecanismos que permitieran transparentar los recursos que se invierten en esta plataforma para promover contenidos políticos. Así nació la herramienta denominada Transparencia, mediante la cual se hacen públicos para consulta los datos de administración de anuncios pagados en páginas de contenido político. Aunque esta funcionalidad existe desde 2018, Facebook comunicó su disponibilidad para el país a poco de arrancar este periodo de campaña electoral 2020.

A casi una semana de iniciado el periodo de propaganda se pueden evidenciar algunos apuntes que son importantes al momento de generar hipótesis en torno a lo que es el desarrollo de las campañas electorales digitales, al menos en Facebook, por ahora. Un barrido a las páginas verificadas de las siete candidaturas presidenciales en carrera, muestra que tres de ellas comparten su administración desde otros países: la página de Luis Arce cuenta con siete administradores de Argentina, la de Jorge Quiroga tiene tres administradores en Estados Unidos y la de Carlos Mesa tiene un administrador en México. Además de ello, esta herramienta permite ver la cantidad de mensajes pagados que han circulado en esta red desde el inicio del periodo de propaganda, destaca la cantidad de mensajes “posteados” por Quiroga (67), seguido por Mesa (12), Chi Hyun Chung (3), Camacho (2) y, hasta la fecha, no se ha pagado por la difusión de ningún mensaje desde la página de Arce. Ojo, existen algunos casos de mensajes pagados previos al inicio del periodo de propaganda. Desde las páginas verificadas de los partidos políticos no se emiten estos contenidos, se los difunde preferentemente desde las cuentas de los presidenciables.

Preguntas. ¿Los candidatos están empezando tarde, no cuentan con presupuesto o no las están contemplando en su estrategia? Lo cierto es que lo que sí se ha visto bastante son los clásicos mecanismos de campaña “de tierra”, es decir: caravanas, concentraciones, proclamaciones y caminatas. Actividades cuyo éxito depende de una gran cantidad de adherentes, todo un riesgo en pandemia. Así, hasta ahora, la paradoja de las campañas en medio de una pandemia.

Verónica Rocha es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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