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jueves 29 oct 2020 | Actualizado a 00:30

El porvenir del pasado

/ 18 de septiembre de 2020 / 02:59

La ciudadanía en la actualidad aún se siente impactada hoy por lo que atravesó en estos meses, no solo porque la pandemia ha logrado prescribirnos ciertas pautas de vida diferente, sino porque fue una amenaza sobre su porvenir, empero, lo más lamentable es que es una experiencia que quedará marcada en la memoria viva de toda la población.

Esa realidad (COVID-19) todavía no fue controlada por completo, sin embargo está claro que el mundo no se quedará estancado, todo lo contrario, requerirá de grandes e importantes cambios en beneficio de la humanidad. Una situación que demuestra que en el siglo XXI se cometio una infinidad de errores, proyectando un desarrollo que dejó de lado al ser humano como el personaje más importante del planeta. Es preciso entender que la vida del pasado (modernidad) tuvo otra visión metafísica, ahistórica. En cambio, los tiempos actuales tienen un porvenir ya proyectado, que exige otra visión de nuevos horizontes, pues la realidad (coronavirus) ha demostrado la necesidad de darle un significado al futuro. Sobre todo, porque ese virus llegó para quedarse y debemos aprender a vivir con él. Sin embargo, no debe limitarnos a dar grandes saltos que exige el nuevo siglo, especialmente a las naciones menos desarrolladas.

No cabe duda que para el país son tiempos de nuevas realidades antes inimaginables y menos vivibles. Ahora los problemas económicos no solo aquejan a Bolivia sino al mundo entero. De cualquier manera, la realidad actual convirtió a la población en más creativa y al ciudadano en un ser reflexivo con miras a ser más independiente y reforzar sus conocimientos para las nuevas formas de lucha por la sobrevivencia. Una especie de reminiscencia del pasado por un porvenir renovador.

Esa verdad nos alienta a enfrentar con creatividad cualquier presente desolador, y eso lo comprobamos en los siguientes años. Si bien hoy existe un mayor número de desocupados y vendedores en la calle, su actitud frente a la vida ha cambiado. Algunos comerciantes, por ejemplo, se convirtieron en productores de distintos elementos de bioseguridad. Así los nuevos rumbos de supervivencia incentivaron a que algunos ciudadanos entiendan que son capaces de cambiar el rumbo de sus vidas con metas distintas a ser solo vendedores callejeros.

Confiemos en que esta realidad dejará atrás el hecho de que únicamente seamos oyentes o espectadores pasivos del desarrollo del país, y, por el contrario, seamos capaces de enfrentar nuestro crecimiento personal.

Otro hecho prioritario es comprender que vivimos una época que exige el involucramiento profundo en lo digital y que lo fundamental es crear institutos especializados obviamente de forma gratis y a cargo del Gobierno, que tiene como principal responsabilidad la educación. Empero ello no significa alejarnos de nuestra identidad cultural y participación ciudadana, sino comprender que es imperioso que las urbes pasen de lo local a lo global.

Tampoco se debe olvidar el ingreso de la población a otro tipo de vida y para ello quienes dirigen la ciudad deben comprender que aquélla necesita la cualificación de los espacios verdes, jardines, parques, bosquecillos, para recuperar su vida sana, ya que el encierro de tantos meses lastimó emocionalmente y en muchos casos la enfermó

Así, se trata de que caminen hacia un porvenir prometedor sin abandonar el pasado. “Mirar un porvenir como una especie de polifonía ideal del entrecruzamiento de la vida informacional, lo virtualmente infinito y la identidad sin nostalgia alguna”. Con ello, llevar al porvenir al ciudadano, dejando un pasado limitativo.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Movimiento ciudadano

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente.

/ 16 de octubre de 2020 / 11:49

Los movimientos que permanentemente se observan en el mundo, como respuesta a distintas demandas, han colaborado a que la humanidad dé grandes saltos hacia un futuro mejor, no solo en diferentes momentos históricos, sino a partir de otro tipo de situaciones como las pandemias, enfermedades y demás, que exigieron repensar el porvenir, la comprensión de la vida, a partir de nuevas soluciones destinadas a optimizar la calidad de la existencia y el hacer del habitante.

Así, a través de los siglos, aquello trajo consigo nuevas realidades que exigieron grandes propuestas de evolución para un renovado habitar del planeta.

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente, y como consecuencia avanzó formal y espacialmente preparada para el nuevo vivir ciudadano. Una evolución que fue permanente y acorde a las sendas que siguen las sociedades, lo que alentó a la simplificación del vivir humano.

Una forma de redescubrir la vida bajo un pensamiento objetivo y útil para el aprovechamiento de las diferentes etapas y sus grandes problemas y realidades inesperadas. Éstas fueron inspiradoras para comprender que la sociedad requiere asumir los distintos periodos y valorar sus movimientos como una constante propositiva de nuevas formas de vida acordes a los desafíos planteados.

De ahí que se puede aseverar que un movimiento no prescribe pautas específicas, pero se sabe que la vida es una aceleración del tiempo histórico y ello trae consigo evolución y transformaciones.

Movimientos de realidades en muchos casos discontinuas, como sucedió en Bolivia en 2019, cuando hubo un hecho que enfrentó a la sociedad a propósito de los comicios para el cambio gubernamental; o el caso de la aparición de la pandemia en 2020, que prácticamente forzó la evolución de la vida con una nueva visión de futuro.

Pero, siguiendo el análisis de 2019, habrá que decir que fue un momento histórico que permitió dar el primer paso a la transformación de esta nación, con la incorporación de jóvenes que lograron cambiar la historia política del país. Si se revisa la historia, se constata que cada cierto tiempo la forma de sucesión era de forma violenta.

Lo singular es que la movilización del año pasado conformó un movimiento gracias a los y las valientes jóvenes y demás ciudadanía, que de forma decidida evitaron el tránsito vehicular. Una forma de presión y de rebeldía frente a un sistema quizá arcaico por el que se quería hacer seguir transitando al país. Algo que no se puede dejar de mencionar es que la idea de ese movimiento juvenil era romper con aquel muro que los limitaba a crecer y buscar rumbos contemporáneos.

En el caso de la pandemia, ésta llegó en un momento muy importante para la historia boliviana, ya que todo el malestar social que tuvo lugar en 2019 y que aún lastima a la población, debe ser aprovechado para encaminar los cambios que exige la democracia: la evolución en el vivir, las ciudades adaptadas a los nuevos requerimientos de una sociedad con necesidad de contacto externo.

Pareciera que faltó tiempo para construir movimientos ciudadanos sólidos, con una mirada clara sobre la construcción de un país del siglo XXI. Al respecto, es preciso remarcar que todo movimiento es un fenómeno de una estructura que afirma que desconoce la palabra relativo.

También es cierto que no hay un movimiento sin un interés que lo vehicule desde el punto de partida hasta el de llegada, y menos un movimiento ciudadano sin referencia objetiva.

Sin embargo, se debe tomar en cuenta que “lo objetivo evidentemente podría captar una sociabilidad de inercia, en cambio lo subjetivo es capaz de motivar a crear el verdadero sentido de un movimiento ciudadano”.

*Patricia Vargas es arquitecta.

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Movimiento ciudadano

/ 16 de octubre de 2020 / 10:48

Los movimientos que permanentemente se observan en el mundo, como respuesta a distintas demandas, han colaborado a que la humanidad dé grandes saltos hacia un futuro mejor, no solo en diferentes momentos históricos, sino a partir de otro tipo de situaciones como las pandemias, enfermedades y demás, que exigieron repensar el porvenir, la comprensión de la vida, a partir de nuevas soluciones destinadas a optimizar la calidad de la existencia y el hacer del habitante.

Así, a través de los siglos, aquello trajo consigo nuevas realidades que exigieron grandes propuestas de evolución para un renovado habitar del planeta.

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente, y como consecuencia avanzó formal y espacialmente preparada para el nuevo vivir ciudadano. Una evolución que fue permanente y acorde a las sendas que siguen las sociedades, lo que alentó a la simplificación del vivir humano.

Una forma de redescubrir la vida bajo un pensamiento objetivo y útil para el aprovechamiento de las diferentes etapas y sus grandes problemas y realidades inesperadas. Éstas fueron inspiradoras para comprender que la sociedad requiere asumir los distintos periodos y valorar sus movimientos como una constante propositiva de nuevas formas de vida acordes a los desafíos planteados.

De ahí que se puede aseverar que un movimiento no prescribe pautas específicas, pero se sabe que la vida es una aceleración del tiempo histórico y ello trae consigo evolución y transformaciones.

Movimientos de realidades en muchos casos discontinuas, como sucedió en Bolivia en 2019, cuando hubo un hecho que enfrentó a la sociedad a propósito de los comicios para el cambio gubernamental; o el caso de la aparición de la pandemia en 2020, que prácticamente forzó la evolución de la vida con una nueva visión de futuro.

Pero, siguiendo el análisis de 2019, habrá que decir que fue un momento histórico que permitió dar el primer paso a la transformación de esta nación, con la incorporación de jóvenes que lograron cambiar la historia política del país. Si se revisa la historia, se constata que cada cierto tiempo la forma de sucesión era de forma violenta.

Lo singular es que la movilización del año pasado conformó un movimiento gracias a los y las valientes jóvenes y demás ciudadanía, que de forma decidida evitaron el tránsito vehicular. Una forma de presión y de rebeldía frente a un sistema quizá arcaico por el que se quería hacer seguir transitando al país. Algo que no se puede dejar de mencionar es que la idea de ese movimiento juvenil era romper con aquel muro que los limitaba a crecer y buscar rumbos contemporáneos.

En el caso de la pandemia, ésta llegó en un momento muy importante para la historia boliviana, ya que todo el malestar social que tuvo lugar en 2019 y que aún lastima a la población, debe ser aprovechado para encaminar los cambios que exige la democracia: la evolución en el vivir, las ciudades adaptadas a los nuevos requerimientos de una sociedad con necesidad de contacto externo.

Pareciera que faltó tiempo para construir movimientos ciudadanos sólidos, con una mirada clara sobre la construcción de un país del siglo XXI. Al respecto, es preciso remarcar que todo movimiento es un fenómeno de una estructura que afirma que desconoce la palabra relativo.

También es cierto que no hay un movimiento sin un interés que lo vehicule desde el punto de partida hasta el de llegada, y menos un movimiento ciudadano sin referencia objetiva.

Sin embargo, se debe tomar en cuenta que “lo objetivo evidentemente podría captar una sociabilidad de inercia, en cambio lo subjetivo es capaz de motivar a crear el verdadero sentido de un movimiento ciudadano”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Política y emociones

/ 2 de octubre de 2020 / 03:38

“Toda etapa de elecciones es un tiempo nuevo, una especie de práctica de estrategias orientadas a obtener propuestas e interacciones que colaboren en conformar y dirigir un país y mucho más motiven a los políticos a presentar nuevas visiones del futuro de sus naciones”.

Palabras que nos demuestran que son tiempos en que el planeta exige evolución tanto en las estrategias destinadas a construir un país con nuevas visiones de futuro, como en las propuestas que respondan verdaderamente a las necesidades de la población. El inicio de la reconstrucción de un futuro distinto comienza en 2020 y éste debiera estar acompañado de una perspectiva clara sobre ese mañana.

Lo singular es que son tiempos en que se requiere todo tipo de planteamientos: desde cómo funcionará el próximo gobierno, las cualidades que lo respaldarán, cómo se entenderá a partir de hoy a la ciudadanía. Todo dentro de una visión de país más transparente, en la que desaparezcan aquellas realidades inestables o vagamente comprendidas por una consciencia supraindividual.

A pesar de todo ello, es importante recordar que hay nuevas exigencias en Bolivia, las cuales demandan una mirada evolucionada, que no deje de atender aspectos resueltos como el de la información a la población sobre los planes y programas con propaganda política que exponga y dé a conocer los valores y perspectivas de los candidatos de forma abierta y reiterada, si es posible.

Y para aquello no solo deben estar los debates, sino la comunicación de los candidatos con la población, sin olvidar que su propaganda debe ser hoy más diversa que nunca tanto en lo real como en lo virtual; ambos sistemas organizados con una mirada al futuro.

En lo que se refiere a las grandes e impactantes concentraciones ciudadanas que antes producían una eclosión de efervescentes pasiones en el espacio público durante la época de elecciones gubernamentales, hoy aquellas han disminuido por las circunstancias actuales y las exigencias de bioseguridad. Sin embargo, esto no quiere decir que la riqueza de la expresión corporal que acostumbraban recibir esos importantes espacios políticos haya desaparecido, sino que su densidad mermó.

En cuanto a las campañas políticas virtuales tienen una amplia difusión en las ciudades. Su dinamismo no deja de asombrar y menos evidenciar que la virtualización no es una desrealización de la propaganda electoral del pasado mediato, sino la transmisión de una propuesta en un conjunto de posibles.

Así, lo que se observa y escucha son videos, entrevistas, comentarios juego de pensamientos, ataques a los adversarios, y múltiples y nuevas formas de exponer las cualidades de las fuerzas partidarias.

De esa manera, la propaganda política virtual logró dejar atrás la forma tradicional de hacer proselitismo, aunque su eficacia simbólica nunca se comparará, por ejemplo, con las multitudinarias concentraciones en la plaza San Francisco, un espacio político útil para los discursos y cierres de campaña. Empero, lo virtual tiene la cualidad de una velocidad de difusión tan grande, que su transmisión es casi instantánea.

Es evidente que 2020 nos ha llevado a tiempos nada sencillos, en los que se necesita mayor creatividad y celeridad para lanzar propuestas de corte virtual o real, que sean capaces de dirigir las ideas e ideales hacia la dinamización de las fuerzas con miras al mañana. Un camino virtual hacia la esperanza que ofrecen los distintos partidos a la población en tiempos de cálculo político.

“No cabe duda que son momentos en que renace la subjetividad, el requisito innegable de la política”.

Patricia Vargas es arquitecta

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Reinvención de la educación

/ 4 de septiembre de 2020 / 05:39

La coyuntura actual permite grandes cambios en la educación y dentro de ellos se encuentra la reinvención de la extensión del conocimiento bajo una nueva dirección: lo virtual. Práctica que debiera llevarnos a pensar en cuánto debe cambiar el sistema educativo en el país. Una oportunidad no solo para definir una educación con contenido, sino que sea el reflejo de lo que exige el futuro.

Esto porque la vida del planeta se ha transformado en estos últimos meses a causa del COVID-19, pues con él llegaron nuevas necesidades de expandir el conocimiento a través de la tecnología. Una realidad irrefutable que ha llevado a que se exija esa práctica y otra referida además a las tecnologías contemporáneas. Un cambio trascendental en la enseñanza y la práctica de ésta, en momentos en que es de vital importancia el reforzamiento de la educación escolar.

En los años 70, la visión de varios intelectuales era que “los niños aprendían mejor y más rápidamente poniéndose en contacto con el mundo, que todos aquellos que se encontraban encerrados en un aula”. Si bien este criterio no dejó de tener un fuerte impacto en esos momentos, la sociedad mundial no cesó de exigir la búsqueda de nuevas sendas que elevasen la calidad de la educación, especialmente escolar, dentro de nuevos horizontes.

Con una perspectiva distinta, los años 90 trajeron importantes cambios en la educación escolar, los cuales no solo elevaron la calidad del programa educativo, sino también su infraestructura, como resultado de ese enriquecimiento. Esto porque se desmarcó del aprendizaje memorizante o conocimiento dirigido, para pasar a la motivación de la reflexión y el desarrollo de la imaginación del educando. Igualmente, se impusieron la creatividad y el desarrollo de la imaginación, ya que la idea era formar al futuro hombre preparado tanto para la vida dinámica como para la expresión creativa. Por último, otro aspecto destacable de los años 90 fue la introducción de la computadora en la educación, la cual estaba concebida como una “red” en la que los alumnos manejaban las máquinas y el maestro los dirigía desde la suya.

Cabe recordar que en esos momentos muchos países dieron significativos pasos hasta el punto en que la educación fue uno de los temas más sensibles y de gran preocupación de las sociedades, debido a que era la base fundamental para encaminar el futuro de todas ellas.

En los últimos años, especialistas en el tema de la educación señalaron que ésta es un problema constante, lo cual es obvio porque las sociedades están en permanente transformación, y más aún con la incursión de las nuevas tecnologías.

En síntesis, la educación en Bolivia hoy exige no solo la formación del educando en computación, sino también la de los maestros, debido al contacto de la enseñanza con lo virtual. Una exigencia por demás necesaria si es que se busca asegurar la formación de la juventud.

A propósito de lo virtual, es evidente que partir de marzo la enseñanza se reinventó a través de esta modalidad y que ahora es preciso alentar su desarrollo en todos los niveles y áreas educativas del país.

No se debe olvidar que la “imaginación y el conocimiento” son “los vectores de la virtualización” y que lo mejor es que nos llevan a una especie de espacio inaccesible que nos obliga a buscar —a través de la tecnología — la información, el intercambio y nuevas percepciones que forman parte de lo educativo e incentivan esencialmente en: “prácticas de creatividad virtual”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Violencia en la ciudad

/ 21 de agosto de 2020 / 02:59

La violencia es una presencia intrusa en la ciudad. Una energía perversa que logra romper la paz de la vida cotidiana y la seguridad que debiera acompañar el caminar del habitante por las calles de una urbe.

Con una forma bastante errada de explorar, enardecer y expresarse, algunos grupos de la población demostraron su malestar con los actos más extremos y apoyados en la fuerza de sus reivindicaciones. Los dirigentes que organizaron concentraciones sociales no solo alentaron a que los adeptos de cierto partido político hagan gala de su efervescencia descontrolada, sino que los entregaron de lleno al peligro que vive el planeta gracias al contagio del coronavirus.

Algo implacable e inaudito que lleva a confirmar que esa gente aún no ha comprendido que vivimos en tiempos de pandemia, que nuestra libertad de movimiento es limitada y que se deben evitar las reuniones multitudinarias. Una situación que puede terminar con un saldo lamentable de fallecidos. Prácticamente, eso fue lo que sucedió hace algunos días en la ciudad de El Alto, donde ni el distanciamiento ni el uso de barbijos estuvieron presentes, y además las expresiones de sus participantes mostraron actitudes muy inclinadas hacia la violencia.

Por donde se vea, una manera equivocada de manifestar las demandas, ya que la desesperación del momento actual —seguramente alimentada por la falta de ingresos económicos— fue matizada con hostilidad y tensión que solo lograron estremecer por su nivel de agresividad. Una lamentable forma de abordar, por parte de los dirigentes, los puntos más sensibles de la población vulnerable.

Lamentable fue ver cómo un grupo de personas que ni siquiera se conocen o se vieron antes, se reunieron no por ideales, sino para apoyar a un partido político con el que se identifican pero que casi siempre olvida sus promesas el momento que está en el poder.

Lo preocupante también fue observar que aquellos simpatizantes estaban dispuestos a enfrentarse cuerpo a cuerpo con las fuerzas del orden, sin recordar que esa situación los ponía a merced del COVID-19. No cabe duda que esos grupos constituyen fragmentos del sentir enardecido y que generalmente su violencia se traduce en una agresión a su misma ciudad.

El espacio público de las calles representa, en ese sentido, un orden de visibilidades que señalan una pluralidad de perspectivas inmersas en la profundidad de los hechos que tienen lugar en estos tiempos de coronavirus. Dichas interacciones revelan, por otra parte, el movimiento acelerado del resto de la ciudadanía, que pareciera no tener interés en detener su andar, pues la valoración del tiempo exige la prisa por llegar a su destino.

La reflexión sobre el peligro que significan los lugares donde se concentran grupos de personas para apoyar a un partido político, debiera llevar a preguntarnos: ¿No será necesario ejercer mayor control sobre ese tipo de manifestaciones que derivan en violencia masiva, toda vez que juegan con la vida del habitante?

El lenguaje corporal y los hechos en escena que se muestran como parte de las reivindicaciones sociales incorporan muy frecuentemente la violencia, a tal punto que las concentraciones se traducen en un intercambio de actos condenables que no siempre se sabe en qué terminarán.

A propósito de este análisis, Durkheim afirmaba que “la violencia es un recurso cultural extremo que puede ser convocado en cuanto la población percibe el peligro de verse disuelta por las tendencias centrípetas que experimentan”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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