Los bosques pierden alguna de sus características y funcionalidades por efecto de los incendios. Pueden cambiar o perder la diversidad de especies de animales y de plantas que estaban presentes originalmente o, perder la capacidad de capturar carbono; también disminuyen su capacidad de ofrecer alimentos para los animales y desde luego al hombre. La capacidad de regulación del clima, entre otros muchos beneficios, también son alterados. Está claro que una vez que el fuego entra, modifica su estructura tornándose muy susceptible a nuevos incendios.

Si bien estas pérdidas no son tan evidentes como la remoción total de los árboles a causa de la deforestación, traen consigo las mismas o mayores consecuencias para el medio ambiente. El grado de impacto depende de la frecuencia del proceso degradante y está claro que una de las principales causas de la degradación de los bosques son los incendios forestales. En los últimos 19 años, en Bolivia se han degradado más de 11 millones de hectáreas. Anualmente, se queman 600.000 hectáreas de bosque a causa de los incendios. Esta cifra equivale a 83 canchas de fútbol por hora. Si esta superficie la comparamos con la deforestación, estamos perdiendo tres veces más bosque a causa de los incendios forestales.

La diferencia radica en que un mismo bosque puede quemarse repetidas veces a lo largo de los años. ¿Y por qué no parece tan importante?, seguramente al no ser tan evidente el cambio de uso de suelo como la deforestación, pasa desapercibida esta situación. Tomemos como ejemplo lo sucedido en 2019. Se quemaron más de 2 millones de hectáreas de bosque en todo el país, de esta superficie el 70% ya se había quemado por lo menos una vez en los últimos 18 años. Entonces, saltan algunas interrogantes que se deberían tomar en cuenta en las medidas de restauración. Por ejemplo, los bosques que se quemaron antes de 2019 ¿se recuperaron?, ¿cuál es el grado?, ¿estos bosques que se están restaurando presentan las mismas condiciones de los que se quemaron en 2019? Tener esta información ayudará a orientar de manera más asertiva las medidas planteadas y, de esta forma, identificar los bosques que no se están regenerando y requieren alguna asistencia mecánica o de inmovilización.

Según evaluaciones realizadas por la Fundación Amigos de la Naturaleza hasta 2019, tenemos más de 18 millones de hectáreas de bosque con algún grado de restauración donde el fuego no ha estado presente en al menos nueve años consecutivos. Es decir, algunos de los bosques quemados en 2010, año récord de incendios en nuestro país, presentan algún grado de recuperación de por lo menos nueve años a la fecha. En Bolivia tenemos más bosque que se está recuperando después de los incendios; en tal sentido, debemos exigir políticas de Estado que determinen su protección. No permitamos que se sumen a las estadísticas de áreas deforestadas.

Armando Rodríguez es gerente de Proyecto en la Fundación Amigos de la Naturaleza.