En 1985, el neoliberalismo transformó a la pujante Corporación Minera de Bolivia (Comibol) en una empresa holding, administradora de contratos de riesgo compartido. Aquellos jerarcas, educados en universidades del exterior, instruyeron la formación de un centro de documentación para disponer a favor de sus socios —empresas transnacionales extranjeras que retornaron luego de 30 años de hegemonía estatal minera— la invaluable información geológica producida por la Comibol, desgajando los expedientes de su archivo originario, rompiendo los principios archivísticos de Procedencia y el del Orden Natural. ¿Qué pasó con el resto del Archivo Minero? La orden fue fulminante: “Lleven esos papeles viejos e inservibles a El Alto”.

A fines de los años 90, en su condición de antiguo trabajador de la Comibol asignado a los Almacenes de El Alto, Freddy Aguilar observó el trajín de camiones de alto tonelaje con su carga inusual: documentos producidos por la Comibol desde octubre de 1952. Las volquetas vaciaron su carga en el inmenso patio de los Almacenes. Cuadrillas de obreros buscaron lugar seguro para resguardar esa memoria, intuyendo que concentraban la historia minera de Bolivia. Fue inútil, era tal la masa documental que gran parte de los documentos quedó a la intemperie. Aún tuvo —esa gente sencilla—sensibilidad para vaciar una carpeta de cemento y poner encima los documentos cubriéndolos con nailon. En pocas semanas la fuerza de los elementos pulverizó la precaria cubierta.

Freddy Aguilar integró un puñado de peones—heroica hueste archivística— al mando de Édgar Huracán Ramírez, decidido a salvar la memoria minera estatal. En febril labor se trasladó los documentos a galpones construidos, por ellos mismos, con madera y calamina desechadas, sacando filo a clavos centenarios. Participó en el rescate del Archivo de la Compañía Minera de Oruro, el de la Empresa Minera Colquiri y la Biblioteca del Sindicato de Trabajadores Mineros de ese distrito (2006), el único ejemplo superviviente de una biblioteca sindical destinada a la formación política de cuadros mineros del 52, resguardados hoy en imponentes edificios de los Archivos Mineros de Oruro y El Alto.

En esa proeza, comprendió el valor de la memoria minera, pues muchos de los documentos rescatados de la basura, como los del Plan Triangular, integran hoy la Memoria del Mundo de la Unesco, acción que asombró a expertos del Programa Regional de América Latina y el Caribe, cuando visitaron el Archivo Minero en septiembre de 2019.

Freddy Aguilar —nació en Sucre el 16 de abril de 1947— se consagró como defensor de la memoria minera e integró el Club de Libro “Amanecer 24 de Junio”. A pesar de ser un asegurado de la Caja Petrolera, falleció en La Paz el 25 de julio de 2020, de muerte atroz, como muchos compatriotas, por falta de un respirador, insumo inexistente en Bolivia, luego de que un infame negociado nos dejó sin el preciado equipo.

Luis Oporto Ordóñez es Magister Scientiarum en Historia.