Los problemas que enfrenta nuestra gente en el Beni no pueden analizarse y menos atenderse desde miradas lejanas y esquematizadas entre el bien y el mal, pues las necesidades históricamente ignoradas por el centralismo son infinitas. Sirva como ejemplo mencionar que hace apenas unos años conseguimos que las benianas y benianos tuvieran acceso a un carnet de identidad  o a un certificado de nacimiento; que en todos nuestros municipios se instalara infraestructura educativa para que nuestros hijos puedan estudiar; que accediéramos a energía eléctrica todo el día (con las tarifas más altas que en el resto del país, pero luz al fin); acceso al agua, excepto en Trinidad, y no por falta de voluntad política de autoridades locales o nacionales, sino por la inexistencia de empresas a las cuales adjudicar tan ambicioso proyecto con recursos garantizados desde 2018; vertebración terrestre con carreteras asfaltadas o en construcción; y un nuevo hospital totalmente equipado en Riberalta, con el nuevo de Trinidad en construcción paralizada, dado el fracaso en tres oportunidades por las disputas políticas o por errores cometidos por las empresas contratadas.

Es ciertamente complejo planificar grandes inversiones a largo plazo en un departamento en el que aproximadamente cada dos años se sufren los impactos ambientales por inundaciones de magnitudes, que hacen que autoridades municipales, departamentales y nacionales, producto de declaratorias de emergencia, se vean obligadas a reorganizar los presupuestos públicos y los recursos económicos con el propósito de salvar vidas. Contextos donde la desesperación sumada a la necesidad genera el extraordinario y complejo esquema de juntar a todas las autoridades de los distintos niveles dejando de lado sus colores políticos, repartiendo responsabilidades y tareas para atender a nuestra gente; excepto hoy con el nuevo coronavirus que nos trae diariamente dolor y muerte, y en el que la coordinación interinstitucional se ha reducido a conferencias de prensa.

En el Beni no se hacen pruebas para confirmar o descartar la enfermedad, las estadísticas oficiales contienen información de las pocas muestras obtenidas que viajan a Santa Cruz o a La Paz, y que al demorar entre una semana y 10 días en retornar con los resultados, impiden el aislamiento oportuno de los pacientes positivos. Los hospitales de Trinidad han colapsado por equipamiento insuficiente ante la aceleración de los contagios, o por la disminución cotidiana de personal y de profesionales médicos que al contraer la enfermedad por responsabilidad y compromiso profesional ya están en cuarentena en sus domicilios.

En situación de tan extrema emergencia, se advierten dificultades para acceder a los medicamentos básicos con los cuales puedan aplicarse los protocolos definidos, teniéndose en cuenta que son personas de buena voluntad las que se organizan para realizar visitas casa por casa para facilitar el Ivomec con leche que a tantos pacientes ha sacado del pozo. Con este escenario tan adverso, es predecible que los resultados sean los de la catástrofe y el incremento progresivo de los decesos. 

Por eso exhorto a Jeanine (así se la conoce en el Beni a la Presidenta transitoria) a extremar sus esfuerzos para salvar vidas en nuestro departamento; a que justifique, en alguna medida, todos los subterfugios legales, los excesos y la prepotencia política que le permitieron llegar al poder, asumiendo el  drama de su pueblo; a que recuerde que en inundaciones no ha habido color político que quiebre la voluntad para ponerse de acuerdo en decidir quiénes facilitan el albergue, el agua, la comida, los medicamentos, y quiénes cuidan de los niños y a las mujeres.

En lo concerniente específicamente a la ciudad capital, Trinidad, es imprescindible que en sus 12 distritos se organice un equipo interinstitucional conformado por el ministro encargado del departamento, el interventor del Sedes, personal de la municipalidad, de la Gobernación, juntas de vecinos y militares que mapeen la ciudad, casa por casa, identificando posibles casos, facilitando la medicación preventiva, y encarando los  tratamientos domiciliarios iniciales; pero también asistiendo a las familias que sufren el drama cotidiano de las carencias alimenticias.

Jeanine debe disponer de una vez por todas que se hagan las pruebas en Trinidad para ejecutar acciones de aislamiento en tiempo real, y facilitar a las familias dolientes, entierros dignos para sus seres queridos. Debe habilitar con equipos y personal el centro centinela de Trinidad y los predios ofrecidos por la Universidad Autónoma del Beni, tanto para los aislamientos como para los tratamientos. El alcalde, Mario Suárez, y el gobernador, Fanor Amapo, no pueden solos en esta emergencia que ya se ha llevado más vidas que cualquier inundación.

Susana Rivero Guzmán, ciudadana beniana.