Nunca más relegadas de la carrera espacial

Pero el proceso para la consecución de este y otros logros en materia espacial estuvo marcado por la discriminación de género.

Una caminata espacial y en circulo la política rusa, Valentina Tereshkova.

Patricia Cusicanqui 04/12/2019 10:36 AM

El viernes 18 de octubre de 2019 se marcó un hito en la historia de la carrera espacial y otro en la cruzada por la reivindicación de la equidad de género: por primera vez, un equipo completamente femenino realizó una caminata espacial. Las astronautas estadounidenses Christina Koch y Jessica Meir salieron juntas de la Estación Espacial Internacional (ISS) para efectuar una reparación.

Ni bien la noticia empezó a hacerse viral en la red, hubo plácemes y expresiones de regocijo, pero no faltaron quienes desdeñaran el logro preguntándose si aquello “era noticia”. Y bueno, quizá muchas y muchos ignoran que pese a su capacidad, conocimientos y condición física, las mujeres fueron deliberadamente excluidas de la carrera espacial, en particular por Estados Unidos.

Solo después de que la antigua Unión Soviética le diera un revés al enviar por primera vez a una mujer al espacio, los estadounidenses empezaron a tomarse en serio los estudios, descubrimientos condición física y aportes de astronautas, matemáticas, físicas y otras profesionales del ámbito.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética superó una y otra vez a Estados Unidos, su rival en la Guerra Fría, en materia de desarrollo espacial. Fue pionera en llevar al espacio el primer satélite (Sputnik, el 4 de octubre de 1957), el primer ser vivo (la perra Laika, el 3 de noviembre de 1957), el primer ser humano (Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961, a bordo de la cápsula Vostok) y la primera estación orbital (Salyut 1, lanzada 19 de abril de 1971).

Pero el 16 de junio de 1963 se produjo otro hito: la cosmonauta, ingeniera y más tarde política rusa Valentina Tereshkova, de 26 años, se convirtió en la primera mujer en ir al espacio, habiendo sido seleccionada entre más de 400 aspirantes y cinco finalistas para pilotar el Vostok 6. Tereshkova cumplió 70 horas de vuelo y 48 vueltas a la tierra. Desde entonces, muchas otras han culminado misiones en el espacio exterior, pero ninguna lo ha hecho de nuevo en solitario.

Ante los acontecimientos y habiendo quedado relegado, Estados Unidos no podía sino plantearse metas más ambiciosas. De allí que el presidente John F. Kennedy decidió que debían llegar a la Luna en esa misma década. Así, y tras una seguidilla de tragedias y accidentes en la carrera espacial rusa, la misión espacial tripulada del Apolo XI alunizó el 20 de julio de 1969. Por primera vez en la historia de la humanidad, Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaban sobre la superficie lunar.

Pero el proceso para la consecución de este y otros logros en materia espacial estuvo marcado por la discriminación de género. A finales de la década de los 50 e inicios de los 60, todos los esfuerzos profesionales de las mujeres que aspiraban a convertirse en astronautas parecían diluirse y las gestiones políticas realizadas cayeron en saco roto.

Desarrollado entre 1961 y 1963, el programa espacial estadounidense Mercury fue uno de los primeros en pos de conquistar la Luna. Tras una serie de duras e intensas pruebas, siete selectos astronautas, convertidos casi en héroes, fueron seleccionados para seguir en la carrera espacial. Conformaban el equipo masculino que representaba la esperanza de toda una nación.

  • Las astronautas estadounidenses Christina Koch y Jessica Meir.

Pero un subproyecto —aparentemente encubierto— dirigido y trabajado únicamente con mujeres aviadoras por el médico Randy Lovelace probó que ellas tenían, además de dominio de la materia, aptitudes físicas iguales o superiores. Una veintena de pilotos fueron sometidas a pruebas de destreza y entrenamiento físico como ejercicios de aislamiento y resistencia (por ejemplo, para vencer la barrera del sonido) y varias batieron los récords impuestos por los hombres.

Finalmente, 13 fueron las seleccionadas (conocidas luego como las Mercury 13), pero de nada sirvieron los progresos. Anoticiada del supuesto subproyecto en el que trabajaba Lovelace, la NASA (la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio) rechazó toda probabilidad de que una mujer tripulara una nave espacial.

Los avances tampoco fueron del agrado de los Mercury 7. En una conferencia de prensa, Gordon Cooper, uno de los siete candidatos a astronauta, lanzó una frase que pasaría a la historia como una necedad: “¿Qué si hay sitio en nuestro programa espacial para una mujer? Bueno, podríamos haber enviado a una mujer en lugar de al chimpancé”, provocando torpes risotadas entre los periodistas y otros presentes. Cooper aludía así a Ham, el primer chimpancé enviado al espacio por la NASA en 1961.

Fue entonces que las pilotos Jerrie Cobb y Janey Hart lideraron una representación ante el Congreso estadounidense para defender el derecho de las 13 de pugnar por un espacio en la misión tripulada. De ser necesario, su intención era incluso llegar al despacho del propio Kennedy. “Ningún país envió todavía una mujer al espacio.

Ustedes tienen la oportunidad de ser los primeros. Nosotras les ofrecemos 13 voluntarias”, arguyó Cobb. Tras intensas e inteligentes exposiciones, la solicitud igual les fue negada, solo meses antes de que la Unión Soviética enviara a Tereshkova al espacio, al considerarla apta para la misión.

De hecho, el proyecto de Lovelace comenzó con Cobb, quien se había graduado de piloto comercial a los 18 años y durante los años 50 tripuló decenas de aeronaves pesadas. Ella pasó las mismas pruebas que los siete pilotos del Mercury y el médico decidió entonces convocar a 28 mujeres más. Finalmente, 13 fueron seleccionadas, pero la Fuerza Aérea estadounidense no enlistaba mujeres, por consiguiente, ellas no podían ser aspirantes a astronauta. Demás está decir que los Mercury 7 también hicieron lobby político para impedirlo.

Fue de este modo que, en Estados Unidos las mujeres debieron esperar más de dos décadas para integrar una tripulación espacial; la primera fue Sally Ride, una física que viajó en el Challenger en 1983.

Otro hecho hasta hace poco velado de la contribución de las mujeres a la astronomía es el realizado por Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, un equipo de matemáticas conocidas como las “computadoras humanas”, que calcularon con lápices, reglas y sencillas calculadoras las complicadas ecuaciones que hacían falta para poner en órbita al astronauta John Glenn, a inicios de los 60, desde su centro de trabajo: el laboratorio aeronáutico de Langley (Virginia).

Y a partir de entonces, muchas más mujeres, en Estados Unidos y el resto del mundo, aportaron al desarrollo de la carrera espacial. Por eso no es poco cosa que este 2019, las astronautas Koch y Meir hayan protagonizado la primera caminata espacial juntas. Y lo mejor está por venir: la NASA anunció que en 2024 enviará a la primera mujer a la Luna en la misión Artemis. Y no está demás mencionar que los trajes —que por cierto ahora son (deliberadamente) unisex—, ya están listos; los diseñó Kristine Davis, ingeniera especializada en indumentaria espacial.

Con datos de National Geographic, BBC Mundo,

El País, Infobae, magnet.xataca.com

y agenciasinc.es.

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