domingo 29 nov 2020 | Actualizado a 16:06

Jubileo y el MAS

/ 7 de octubre de 2020 / 09:30

Recuento crítico de la relación que tuvo la Fundación Jubileo con el gobierno de Evo Morales

Según su página institucional, la “Fundación Jubileo es una institución católica que trabaja en ámbitos políticos, sociales y económicos. Desarrolla procesos de investigación, información y formación sociopolítica, que buscan construir capacidades para la incidencia política, abierta a la sociedad civil, a las estructuras del Estado y al relacionamiento de carácter internacional”. Entonces, los rasgos de institución confesional son dedicadas a incidir en el ámbito de la política. Ciertamente, su papel en el tiempo precedente de la renuncia de Evo Morales es protagónico.

La Fundación Jubileo se caracterizó por ser una entidad dedicada a la investigación académica sobre temas particularmente asociados a la economía y al aparato productivo. Desde allí se planteó constantemente sus críticas al gobierno de Evo Morales en temas relacionados a la transparencia, al gasto público, al crecimiento económico; según sus análisis, era una bonanza ilusoria. Entonces, este rasgo académico más propenso al análisis económico buscaba una “incidencia política”, sobre todo en el ámbito de la opinión pública.

En la tensión entre el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) y determinadas ONG, como sucedió con Caritas-Bolivia, la Fundación Jubileo no fue exenta. Ciertamente, para ilustrar esta tensión el 2 de agosto del 2017 se produjo un incidente con el Viceministerio de Autonomía, a propósito de un Taller del Pacto Fiscal organizado por la Fundación Jubileo en la ciudad de Cochabamba. El entonces viceministro de Autonomía, Hugo Siles, tildaba de “ilegal” este Taller porque la jurisdicción de su personería jurídica solo era para el departamento de Cochabamba. Desde la Fundación Jubileo, su director ejecutivo, Juan Carlos Núñez aclaró: “La fundación tenía jurisdicción nacional”. La propia autoridad reconoció que con Jubileo “hubo desencuentros” debido a algunas publicaciones que divulgó sobre el Pacto Fiscal; en su criterio, son “tendenciosas y no utilizan información oficial”. En todo caso, este incidente reveló las fricciones que había entre esta Fundación y el gobierno de Evo Morales. Estas friegas, en la mayoría de los casos, estaban sustentadas en estudios realizados por esta fundación confesional.

A finales de 2018, la Fundación Jubileo se articuló al Consejo Nacional de la Democracia (Conade). En esta condición participó en una conferencia de prensa, el 6 de diciembre, que llamó a “la desobediencia civil de manera pacífica, como una manera de expresar la indignación frente a lo que denominó una ‘arremetida antidemocrática y dictatorial’ de parte del Gobierno”. En esa ocasión, el director de Fundación Jubileo, Juan Carlos Núñez, explicó: “Una dictadura no se trata solo de sacar tanques y soldados, sino la destrucción de las instituciones del Estado”; añadió que, “con la habilitación de Evo Morales como candidato, el último bastión de la institucionalidad, el TSE, fue destruido”.

Ahora bien, la Fundación Jubileo se desplazó al cuestionamiento político al entonces partido gobernante en el momento del acercamiento de las elecciones, donde uno de los temas de la agenda política estaba centrado en la nueva postulación de Evo Morales a la presidencia. En diciembre del 2018, la Fundación Jubileo advirtió una estructura hegemónica política absoluta implantada desde el gobierno de Evo Morales.

Entre las primeras acciones llevadas a cabo por esta Fundación, conjuntamente con la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), fue la elaboración, ejecución y difusión de dos encuestas antes de las elecciones, en el marco del programa “Tu voto también cuenta”, pero no fueron validadas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) porque no cumplía con los requisitos que la normativa electoral exige para el caso de encuestas preelectorales. Asimismo, el TSE exigió la fuente de financiamiento de la encuesta. Al respecto, el director ejecutivo de la Fundación Jubileo, Juan Carlos Núñez, explicó “que el financiamiento de la encuesta que realizó la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) fue obtenido por países de la comunidad internacional” (Página Siete 27.09.2019). Al final, los datos de la primera encuesta no se difundieron y de la segunda, antes que el TSE diera el visto bueno, los resultados aparecieron en las redes sociales.

Esos datos difundidos mostraban a Evo Morales con 31% y Carlos Mesa con 25%. Esos resultados no coincidían con otras encuestadoras que le otorgaban, por ejemplo, sobre 38% de preferencia electoral al MASIPSP. Una empresa dedicada a verificar la autenticidad de las noticias en las redes sociales detectó manipulación de los datos de esta encuesta. Esta situación evidenció las intenciones políticas de ambas instituciones que soslayaban detrás de estos sondeos de percepción electoral avaladas por la credibilidad de ambas instituciones. Asimismo, voceros de Conade, a fines de septiembre, anunciaron que junto con la Fundación Jubileo y las universidades estatales “se intentará sentar presencia en todas las mesas de votación del país” (Agencia ANF 27.09.2019).

Después de las elecciones tildadas de “fraudulentas”, la Fundación Jubileo se articuló al Conade con el propósito de sumarse a las protestas de las movilizaciones de los sectores urbanos que buscaban la renuncia presidencial de Evo Morales. El 10 de noviembre del 2019, Morales renunció a la presidencia. Luego, Jeanine Áñez se proclamó gobernante de Bolivia y, por efecto adyacente, a los tres días de su posesión, con el propósito de apaciguar las protestas sociales se perpetró una masacre en Sacaba y días después en El Alto. No obstante, la Fundación Jubileo no se manifestó sobre estas masacres. A pesar de haber sido parte del encuentro para lograr la pacificación del país después de los hechos de sangre en Sacaba y El Alto.

Un mes después de la renuncia presidencial de Morales, en diciembre de 2019, la Fundación Jubileo difundió un estudio económico donde su principal conclusión fue que el gobierno del MAS-IPSP “dejó una economía deteriorada”. Tres meses después, Jubileo, en el contexto de la crisis sanitaria a raíz de la presencia del COVID-19, se manifestó elogiando las medidas sociales y económicas adoptadas por el gobierno de Jeanine Áñez para encarar los efectos negativos producidos por la pandemia.

Para terminar, el despliegue institucional de la Fundación Jubileo con relación al gobierno de Evo Morales fue marcado por un enfrentamiento sistemático, a diferencia de otras agrupaciones sociales opositoras del MAS-IPSP, se caracterizó por su rasgo académico. Es decir, sus diferentes estudios, sobre todo, económicos, sirvieron como la punta de iceberg para su enfrentamiento contra el gobierno de Evo Morales. No es casual, en las elecciones presidenciales de 2020, una encuesta difundida por esta Fundación le otorgaba una expectativa nada optimista a la candidatura de la presidenta Áñez, casualmente al día siguiente de esta encuesta Jeanine Áñez declinaba su candidatura para evitar que el MAS retorne al poder.

(*) Yuri F. Tórrez es sociólogo

Persecución política y acoso callejero (2019-2020)

Amenazas de muerte, y hasta un espía que se instaló en una casa de a lado para instar al vecindario a “impedir que Rivero vuelva a habitar su casa” .

La entrevista de Fernando del Rincón con Susana Rivero: Captura: CNN

/ 28 de noviembre de 2020 / 23:17

La vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Susana Rivero, tuvo la insolencia de no contestar a una pregunta del operador mediático de CNN en español, Fernando del Rincón, entrevistador más cercano a la disciplina de cuadrilátero de boxeo que a la del buen hacer periodístico. “¡Conteste a la pregunta!”, insistía una y otra vez, mientras Rivero le mostraba un mapa boliviano pintado de azul para exhibir cómo había ganado el Movimiento Al Socialismo (MAS) la elección presidencial del 20 de octubre de 2019.

Tamaña irreverencia le costó a Rivero que aproximadamente cincuenta personas que se autonombraban militantes de Comunidad Ciudadana (CC), de Carlos Mesa, se dirigieran hacia la puerta de su casa para averiarle la barda, la acera, lanzar pintura a las paredes y repetir como robótica consigna “¡conteste a la pregunta!”, sumadas a ello temerarias calumnias y frases discriminatorias. Aquél día, en su casa se encontraban solamente Susana y nuestros hijos, mientras que a la misma hora y el mismo 30 de octubre le sucedía prácticamente lo mismo a la ministra de Salud, Gabriela Montaño, que tuvo que soportar idéntico amedrentamiento en las puertas de su casa, liderado por un exfuncionario de la embajada de Estados Unidos, de apellido materno Sánchez Bustamente, sobrino de Gonzalo Sanchez de Lozada.

Rivero y Montaño daban la cara en defensa de la victoria de Evo Morales en las urnas, como no lo hacían otros masistas como, por ejemplo, el ministro de Comunicación, Manuel Canelas, quien en alguna oportunidad afirmara que “Carlos Mesa era como su segundo padre”. Confusos y atemorizantes fueron esos días, en los que, sobre todo las representantes masistas de clase media, defendieran con todas sus fuerzas algo que ellas consideraban legal y legítimo: la obtención de un triunfo indiscutible, eso sí, absolutamente convencidas a esas alturas que esa victoria había sido perfectamente perforada por la narrativa del “fraude monumental” y que de ahí en más, la crisis de los veintiún días terminaría con el gobierno al que apenas le faltaban sesenta días para fenecer constitucionalmente.

Razones de seguridad obligaron a Rivero y a sus hijos a refugiarse en casa de una compañera y amiga por temor a que las amenazas pudieran traducirse en acciones de hecho, emparentadas con el linchamiento. Llegó el 10 de noviembre, y mientras policías y militares ya habían consumado el festejo de quienes querían a Evo renunciado, desembarcamos en la residencia de la embajada de México cuando ya se sabía que Adriana Salvatierra y Victor Borda, presidentes del Senado y Diputados, habían renunciado, y la instrucción cupular decía que la decisión pasaba por dejar sin posibilidades de sucesión constitucional a los golpistas. Ese mal cálculo del retorno de Evo a la silla presidencial más pronto que tarde dejó a miles de masistas, hombres y mujeres de las ciudades y las zonas rurales, en estado de indefensión, lo que dio lugar a las muertes producidas en Sacaba, Senkata y El Pedregal, con el Decreto Supremo 4078 que otorgaba licencia para matar a las Fuerzas Armadas: que el juicio de Responsabilidades a Jeanine Añez se sujete con rigor a un debido proceso.

Quedarse en la embajada mexicana hubiera sido autocondenarse a permanecer atrapada durante casi un año, por lo que decidimos trasladarnos a casa de una amiga, luego retornar a la casa propia para emprender viaje fuera del país la madrugada del 19 de noviembre, evitando en lo posible las miradas asesinas y las agresiones de quienes disfrutaban con morbo de la caída de Evo y la llegada al poder de una senadora gracias a la derecha civil-policial-militar que ya nombramos en distintos artículos y que se irán de este mundo con el estigma que la historia ya les ha reservado hacia la eternidad: golpistas. Y para siempre.

Indefenso e indignado, subrayando que en lo personal, a este periodista el gobierno autoritario de Jeanine Añez no le dijo ni hizo nada, con Susana e hijos tuvimos que abandonar Bolivia, asediados por militantes del acoso y la agresión callejera, con fotografías en el aeropuerto de El Alto, el de Bogotá y hasta en calles de Buenos Aires que se encargó de publicar gentilmente Raúl Peñaranda en Brújula Digital con rebote en Página Siete, medios de los que dispuso, durante este último año, para ejercitar persecución mediática en sintonía con las emprendidas a nivel político por el ministro de gobierno, Arturo Murillo.

Amenazas de muerte, y hasta un espía que se instaló en una casa de a lado para instar al vecindario a “impedir que Rivero vuelva a habitar su casa” (¿?), más la aparición de un grupo llamado “Tigres fuertes” conformado por ‘jailones’ de la zona Sur de La Paz que me fotografiaba donde podía para luego generar debate sobre cuál sería la forma de “sentarme la mano”, son el tipo de acciones que llevaron adelante estos que fueron configurándose en algo así como grupos irregulares sin el grado de organización de la Resistencia Juvenil Cochala y la Unión Juvenil Cruceñista. Supongo que el pitita Brockman no se refiere a todos estos en su fallido proyecto editorial desmentido por el triunfo, otra vez del MAS, sin Evo en la papeleta.

Entre noviembre de 2019 y marzo de 2020 salí e ingresé a Bolivia en tres oportunidades para compartir con mi familia en el autoexilio al que nos obligó la furia revanchista y bestial del murillismo. Rivero no volvió a contactar durante su permanencia fuera del país a sus compañeros de partido. Sí estuvo en comunicación con dos ex arlamentarias y una exministra a título exclusivamente personal, y luego de este año azotado por el golpe, el autoritarismo persecutorio del gobierno transitorio, la corrupción desvergonzada, desde el robo de gallinas hasta un sobreprecio de respiradores que nunca llegaron a funcionar, todavía no cesan los insultos, las calumnias y las amenazas callejeras: una “pedagoga” que dirige una “Casa del Adolescente”, financiada por Samuel Doria Medina, me encaró en la puerta de una sucursal bancaria gritándome “¡masista delincuente!” en el mismo tono en el que Del Rincón le profería a Rivero el ¡conteste la pregunta!”. Es obvio que no voy a pasarme los días contestando que no soy ninguna de las dos cosas, que mi militancia política tiene exclusiva relación con el Partido Socialista 1 de otro asesinado por la derecha civil- militar (1980), el extraordinario Marcelo Quiroga Santa Cruz.

No eran milicianos revolucionarios. Se trataba de pititas conservadores que, en su legítimo derecho de reclamar por el no respeto al resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016, ejercen persecución política desde las redes sociales, en lugares públicos de manera insistente y cotidiana, hasta la llegada del coronavirus, y que ahora, shockeados por el enmudecedor triunfo del MAS del 18 de octubre, persisten en su idea de querer imponer una Bolivia que ya no existe más, la de los privilegios excluyentes de una decadente e insensible mirada sobre este territorio de diversos nacidos antes de 1492.

*Julio Peñaloza Brete es periodista

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Áñez se alineó a Trump a cambio de nada

Rogelio Mayta, el nuevo Canciller, parte de la crítica de la política exterior de la presidenta Áñez

El nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, Rogelio Mayta

Por Iván Bustillos

/ 25 de noviembre de 2020 / 14:48

Si hubo un rasgo que distinguió al gobierno transitorio de la presidenta Jeanine Áñez, ello fue el giro de 180 grados que dio la política exterior con respecto a la “diplomacia de los pueblos” ejercida por los gobiernos de Evo Morales. Para la exministra de Relaciones Exteriores de Áñez, Karen Longaric, buena parte de dicho giro (romper relaciones con Cuba y Venezuela; cerrar las embajadas en Irán y Nicaragua; dejar el Alba, Unasur y la Celac) no fue otra cosa que “desideologizar” las relaciones exteriores. No, lo que más bien hubo fue un alineamiento tras el gobierno estadounidense de Donald Trump y, lo peor, a cambio de que Bolivia sea ninguneada, critica el recientemente nombrado Canciller, Rogelio Mayta Mayta.

—En estos días, usted firmó un convenio de cooperación espacial con la Celac. Para el gobierno transitorio, la Celac no existía.

—En este tiempo es muy importante construir bloques regionales, en especial para un país como Bolivia, demográficamente pequeño, con una economía en desarrollo. Necesitamos unirnos, y en ese esfuerzo ha sido importante la iniciativa de Unasur, que fue duramente bombardeada, más que por un interés regional por posiciones ideológicas recalcitrantes, que no han pensado en la región y se han alineado a los intereses de alguna potencia extranjera. La Celac es parte de esas iniciativas,  un proceso en desarrollo y que debemos hacer esfuerzos por consolidarla. La firma de hace unos días trata de que Latinoamérica tenga cierta soberanía aeroespacial. Cada país tiene sus iniciativas por separado, tenemos que unirnos; los pocos recursos que poseemos en conjunto, en comparación con grandes potencias, tenemos que articularlos para sacar mejor provecho, en resguardo de nuestras propias soberanías. La Celac es muy importante inclusive en temas como la lucha contra el COVID-19, tiene iniciativas importantes, a las cuales a Bolivia le conviene adscribirse.

—¿Cuánto ha afectado a Bolivia este alejamiento de la Celac y otros organismos y países?

—Desde el 10 de noviembre de 2019, Bolivia ha enfrentado una situación complicada en la comunidad internacional; hubo gobiernos que no reconocían al gobierno de Áñez porque consideraban que no había una sucesión constitucional; nosotros hemos señalado que hubo un golpe de Estado, que se había roto la institucionalidad. El posicionamiento (internacional) del gobierno transitorio fue demasiado recalcitrante, en términos ideológicos; y terminó peleándose con varios países importantes en la región y enfriando las relaciones con otros importantes en el orden mundial. México tiene un peso específico en Latinoamérica y en el mundo, y el gobierno de la transición golpista tuvo un vocero [Jorge Quiroga] que vociferó contra su Presidente. Eso ha generado reacciones muy diplomáticas del Gobierno de México, pero de forma airada por parte de la población mexicana. Ellos no concebían cómo alguien insultaba a uno de los presidentes más populares del último tiempo en México. Igual pasó con Argentina, hubo impasses. El gobierno de Áñez se fue aislando solito. En escenarios como Naciones Unidas, la OEA y otros trataba de seguir alineamientos con la política de Trump, rompiendo alianzas que Bolivia había construido en años anteriores.

—En su Memoria Institucional, la excanciller Karen Longaric reivindica que su labor ha sido desideologizar la política exterior.

—El gobierno de Áñez en su política exterior ha tenido un alineamiento muy poco soberano con la política exterior del gobierno de Trump. Y Trump, como todos sabemos, ha sido un desastre, no solo para su país, sino en el terreno internacional. Realiza una ejecución extrajudicial, el asesinato del general Soleimani, de Irán; se sale de los tratados de freno del cambio climático; de los tratados sobre armas nucleares de mediano alcance, y luego de repente Trump trata de encerrarse en sí mismo, deshacerse de las relaciones internacionales y atizar una guerra comercial con China que hizo tambalear la econom

ía global. Y el gobierno de Áñez alineado ahí, y además, para colmo de males, ninguneado. Bolivia no solamente que ha tenido una posición poco soberana, sino que en ese alineamiento con Trump fue ninguneada; y eso para los bolivianos que nos sentimos orgullosos de nuestra tierra ha sido indignante.

—¿O sea, no se consiguió algo a cambio?

— No. Ese alineamiento ha sido casi por nada. En la evaluación que hicimos, vimos que, por ejemplo, en comercio exterior, tratar de abrir mercados, en todo el tiempo del gobierno de Áñez, el resultado de ese trabajo ha sido cero. Pueden haber habido algunas conversaciones, pero el resultado es cero. No es, como señalan, que se ha desideologizado, ni mucho menos, sino inclusive se habían seguido algunas prácticas que no eran las más apropiadas; prefiero no entrar en detalles en relación a su política de contrataciones de funcionarios; lo único que puedo decir es que se ha reproducido males muy patentes en tiempos de los gobiernos neoliberales, donde se producían escándalos en ese ámbito.

—Estaba en tratativas la reposición de embajadores. ¿Avanzó algo en el gobierno transitorio, dada la cercanía…?

—No, contrariamente. Este periodo ha sido anodino. Llama la atención que ni siquiera en la relación con el gobierno de Trump, hacia quien uno podía advertir que existía un alineamiento, al extremo de que un confeso agente de la CIA era el asesor personal de Áñez, no hayan podido avanzar más. Se avanzó más en años anteriores. [Tras la mutua expulsión de embajadares] la relación entre Bolivia y Estados Unidos tuvo una tensión, durante un tiempo, pero se empezó a reconstruir, se negoció la posibilidad de tener un acuerdo marco que permita un relacionamiento entre nuestros Estados en base al respeto mutuo, de soberanía, pero ni siquiera ese acuerdo avanzó.

—Se dejó Unasur e inmediatamente se ingresó a Prosur (el grupo rival de Unasur).

—No fuimos parte de Prosur, en ningún momento; se participó alguna vez, como veedor, pero no ingresamos, pero tampoco es la intención hacerlo. La experiencia regional más importante fue Unasur. Lastimosamente fue torpedeada por intereses que van más allá de América del Sur, precisamente porque iba a poder convertirse en una importante representación regional que equilibre fuerzas en el marco geopolítico; ahora Unasur está debilitada; tenemos no obstante cierto nivel de acuerdos regionales, participamos del Mercosur, de la CAN, pero no hay algo tan grande y tan efectivo como se veía que podía ser Unasur.

—Chile, la relación post La Haya y bajo el mismo gobierno que lo llevó a estrados internacionales.

—Los bolivianos nunca hemos renunciado a nuestra aspiración y no vamos a renunciar a tener una salida soberana al océano Pacífico; ese es un elemento central en la relación con Chile, pero somos vecinos y tenemos un conjunto de relaciones en la cotidianidad de la vida de nuestros pueblos, y eso nos lleva a que procuremos tener una relación razonable, racional, civilizada en otros aspectos, que no hagan a éstos, que son de alta sensibilidad.

—¿Se tiene pensado hacer algo con la OEA y su informe de auditoría de las elecciones de 2019? México, senadores de Estados Unidos le han pedido a Almagro revisar dicha auditoría.

—Hay voces en el contexto internacional que han cuestionado esa auditoría; en segundo lugar, hay voces que han cuestionado y cuestionan el rol de Almagro como secretario general de la OEA. Se ha iniciado un debate ya, que debe desarrollarse en el marco de la democracia de los pueblos. Esa auditoría que realizó la OEA ha sido cuestionada por varios informes; entre ellos los que destacan más son dos, que mandaron a hacer específicamente dos grandes medios de prensa estadounidense, el New York Timesy el Washington Post; los dos descalifican y dicen que el análisis que realizó la OEA, su comisión, era errado, no tenía el fundamento necesario. Hay muchos detalles técnicos que probablemente ameriten, que más que ameriten ya han demeritado esa auditoría, como que ya no tiene valor; inclusive en la legislación boliviana eso no es susceptible de ser considerado prueba. Ahora, el rol de Almagro es un punto aparte. El secretario general de la OEA tiene un rol muy importante, el de la confiabilidad que debe transmitir a toda la comunidad de América. Es un interlocutor con todos los Estados y la organización misma; y en este momento esa confiabilidad está cuestionada. Almagro ya no es un secretario general legítimo, y eso debía hacer que el propio Almagro vaya evaluando su posición; y lo más digno para él, lo más coherente es que dé un paso al costado.

—Que renuncie.

—Que renuncie, que se aparte, porque ya le ha hecho mal a la OEA. Y en el futuro, tan cuestionado como está, como seguirá siendo, es probable que lo único que logre, si se sigue empecinando en estar como secretario general, es que afecte más a la OEA, lo que representa, la posibilidad de ser un lugar de encuentro de todos los países americanos, lo cual sería muy lamentable en un tiempo en el que necesitamos del multilateralismo, en que necesitamos estas articulaciones regionales.

—¿De parte de Bolivia no se ha considerado tomar alguna iniciativa?

—Nosotros por el momento estamos en un proceso de evaluación todavía de todo lo que nos dejó el gobierno pasado; vamos a terminar de definir una posición, pero no podemos dejar de observar la realidad, y la realidad es que en este momento la secretaría general de Almagro, más que ser un facilitador, un eje en el que converjan los diferentes Estados, ahorita es un incordio andante.

—Embajadores. Hemos estado un año sin embajadores. ¿Cuándo va a haber una lista, una propuesta?

—Estamos trabajando en eso intensamente, en una lógica un poco inicial, antes de ver los embajadores de forma apresurada. Obviamente estamos tomando los recaudos para algunos lugares estratégicos, como que están marchando, pero en el escenario integral de nuestra presencia internacional, estamos trabajando en una reevaluación rápida, en función de cómo está cambiando el mundo; en este momento, necesitamos redefinir un poco nuestra presencia; no contamos con un servicio exterior enorme, es pequeñito, pero lo poco que tengamos tenemos que utilizarlo de una forma estratégica; debemos tener una presencia más significativa en oriente, en China, en otras regiones, como Rusia. Estamos en eso, tratando de equilibrar un poco las características que deberíamos tener como embajadores en cada región, inclusive la presencia en términos cuantitativos; seremos legaciones pequeñas pero hemos de lograr la mayor eficiencia posible.

Rogelio Mayta Mayta

El nuevo Ministro de Relaciones Exteriores cuenta que fue otro de los ministros entrantes que no recibió el despacho de manos de la ministra saliente (Karen Longaric); no le da importancia al hecho. Estos días estuvo ocupado en la evaluación de la anterior gestión. 

Datos

Nombre: Rogelio Mayta Mayta

Nació: El 16 de septiembre de 1971, en La Paz.

Profesión: Abogado.

Ocupación: Ministro de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional

(*) Iván Bustillos es periodista de La Razón

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Masacre de Senkata

No se ha probado que los vecinos de Senkata hayan querido volar la planta de gas; urge aclarar los hechos

/ 25 de noviembre de 2020 / 14:43

El 19 de noviembre de 2019, aproximadamente a las 11 de la mañana, se inicia la masacre de Senkata. La acción militar-policial está amparada en el DS 4078 emitido por Jeanine Áñez el 14 de noviembre. Algunas tanquetas de guerra y caimanes llegan por la avenida Estructurante y los policías estaban dentro de las instalaciones de YPFB. Son más de 40 motorizados militares equipados con armamento militar, como se observa en varios videos.

En el lugar no había un gran movimiento de gente, a lo sumo 300 a 400 personas manteniendo el bloqueo en la extranca de Senkata. De pronto sale una gran cantidad de camiones cisternas cargados de combustible y se inicia la refriega y la violencia. El bloqueo era en rechazo al nuevo gobierno. Se produce disparos a mansalva con armamento letal. Aunque según el Ministro de Defensa, los militares no dispararon.

“Del ejército no salió ni un solo proyectil…Las Fuerzas Armadas tiene como primer deber hoy por hoy entablar el dialogo con aquellos compatriotas y hermanos bolivianos que, en estos momentos, repito, están recibiendo órdenes, dinero, alcohol y coca para causar vandalismo, para causar terror, para causar pánico… Hoy aquellos actores que están ligados a la violencia ya tiene un carácter de terrorismo de Estado” (Fernando López).

A los motorizados militares acompañan helicópteros por aire. Éstos sobrevuelan para observar el movimiento de la gente. Algunos que estuvieron en el lugar exacto afirman que desde el aire ‘han disparado gases lacrimógenos’ y posiblemente armamento letal. La gasificación es profusa junto a los disparos de armas de fuego. Las mujeres ruegan de rodillas cubiertas de wiphalas para que no disparen más porque además están atrapados en medio de los gases. Soldados con armas de fuego y policías los rodean. Siguen gritando pidiendo auxilio. Una imagen fuerte. Los muertos fueron velados en la iglesia San Francisco de Asís de Senkata.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA es el primer organismo internacional en hablar expresamente de la masacre. Afirma:

“La Comisión Interamericana de Derechos Humanos condena de manera enfática las masacres de Sacaba y de Senkata, en las que se habrían incurrido en graves violaciones de los derechos humanos. En criterio de la Comisión, estos hechos pueden caracterizarse como masacres dado el número de personas que perdieron la vida en un mismo modo, tiempo y lugar, y a que se cometieron en contra de un grupo específico de personas” (CIDH, 2020).

Hay nueve muertos. Meses después fallecen otros. Hay heridos, detenidos y torturados. Este último, según el informe de ITEI (Instituto de Terapia e Investigación), hasta octubre de 2020 hay oficialmente más de 50 heridos. Y algunos heridos no ha sido atendidos en los centros médicos. ITEI hace notar que en el Hospital Corea un médico habría denunciado a los heridos a la Policía. En razón de ello se afirma que muchos no han acudido a los centros médicos. Hay muchos detenidos y existe la denuncia de torturas físicas y psicológicas. ITEI documenta los tratos inhumanos. 

Una madre de 38 años declara: “Un oficial me ha interrogado. Me he puesto a temblar. No he leído mi declaración, he firmado.”

Un joven declara: “Uno hizo el movimiento de cargar su fusil. Me ha hecho temblar, me ha hecho lagrimear. Hasta ahora me despierto 4 a 5 cinco veces en la noche” (ITEI, 2020).

La Fiscalía ha imputado a varias personas con la acusación de haber sido parte del derribo de los muros de YPFB con dinamita. Aunque parece no tener mucho sentido.

“Dos lugares de la pared son derribados y también se observó fuego dentro de la planta. Segundos después se escucharon disparos de arma de fuego en la planta de Senkata, ya le habían disparado a uno de ellos. Cuando cayó el primer herido, otros manifestantes fueron a auxiliarlo, pero ya era tarde. El disparo le había llegado en el pecho. La gente enardecida entró y prendió fuego al menos a cinco coches y empezaron a caer otros muertos. Ellos vieron que sus seres queridos estaban siendo asesinados y otros no habían. Se escuchaban a muchas personas que decían ‘no aparecen sus seres queridos’. En principio se pensaba que habían ocultado los cuerpos de la gente. Y pues, no querían que se les devuelva el cadáver. Entonces la gente se enfureció” (PM). 

Víctor Borda, presidente de la Comisión Mixta de la Asamblea Legislativa que investigó los hechos, sostuvo: “Tenemos que los 10 fallecidos en Senkata son por impacto de arma de fuego; 10 en Sacaba también por arma de fuego; una persona en Betanzos (Potosí) y tres en Ovejuyo (La Paz), por arma de fuego, y tres en Montero (Santa Cruz) también por arma de fuego corta, pistola”. En este conflicto habría 833 heridos, 37 fallecidos incluido los casos de Montero (Santa Cruz), Betanzos (Potosí), Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba). 

El fiscal general de Estado, Juan Lanchipa, después de casi un año, denunció que las Fuerzas Armadas no han entregado el Plan de Operaciones de Senkata y Sacaba por considerarlo “secreto militar”. Para el diputado Borda: “se han colectado proyectiles que fueron sometidos a pericias y es necesario realizar la comparación con el armamento utilizado en esa jornada por las FFAA”; se habría accedido al plan de operaciones.

La Defensoría del Pueblo de Bolivia expuso otros datos mediante un Informe. Se observa que hubo acciones sistemáticas de someter a la fuerza a ciudadanos civiles desarmados. Y muestra imágenes inéditas que hacen parte de cómo ocurrieron los hechos. Esos datos dejan notar que hubo un hecho planificado y con intención de eliminar al adversario bajo un mismo acto o patrón.

 La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos emitió un pronunciamiento y habla de graves violaciones a los derechos humanos en estos hechos: “(E)ncontrados por OACNUDH donde ocurrieron los hechos, corroboran los relatos recogidos sobre el uso de armas de fuego por las fuerzas de seguridad. El Instituto de Investigaciones Forenses confirmó que la munición letal fue la causa de todas las muertes y varias de las lesiones en las protestas de Sacaba y Senkata”. Y Amnistía Internacional (2020) recomendó al Estado boliviano actuar dentro de los marcos de la Constitución y los convenios internacionales ante la impunidad.

Para agravar, la mayoría de los medios de comunicación difunden la noticia de que los alteños querían explosionar las instalaciones de YPFB. Hoy ese dato no es comprobable. Y, pues, estamos justo a un año de la masacre.

(*) Pablo Mamani R. es sociólogo

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Fascismo 2.0: Curso intensivo

Primera lección: no reconocer el resultado electoral desfavorable, inventando sospechas de fraude

/ 25 de noviembre de 2020 / 14:40

Es imposible predecir qué va a pasar en Estados Unidos durante las próximas semanas. Hay varias preguntas cruciales en el aire que por ahora no tienen respuesta. ¿Hubo o no fraude electoral? Si lo hubo, ¿fue suficiente para invertir los resultados? ¿Será la transición de Trump a Biden una transición de Trump a Trump? ¿O una transición de Trump a un acuerdo de compromiso en el Congreso como el que, tal y como aconteció tras las disputadas elecciones presidenciales de 1876, el candidato ganador asume la presidencia con la condición de aceptar el compromiso extraelectoral? ¿Habrá violencia en las calles sea cual sea la solución, ya que cualquiera de ellas margina a una parte importante y polarizada de la sociedad? Por ahora, todo esto son incógnitas.

No obstante, hay algunas certezas muy sombrías para el futuro de la democracia. Me concentro en una. Me refiero al curso intensivo de fascismo 2.0 que Donald Trump ha impartido a lo largo de estos cuatro años a los aspirantes a dictadores, a líderes autoritarios y fascistas. El curso tuvo su momento más álgido en la clase magistral que Trump comenzó a dar desde la Casa Blanca a las 2.30 de la madrugada (hora de Washington D. C.) el pasado 4 de noviembre. El tema general del curso es “cómo utilizar la democracia para destruirla”. Se divide en varios subtemas. En este texto me referiré brevemente a los principales. Las tres primeras lecciones se refieren a las elecciones y el resto, a la política y el gobierno. El objetivo general del curso es inculcar la idea de que la democracia solo sirve para llegar al poder. Una vez en el poder, ni la gobernación ni la rotación democrática son aceptables.

1. No reconocer resultados electorales desfavorables

El tema de la clase del día 4 fue cómo rechazar los resultados electorales cuando no nos convienen, cómo crear confusión en la mente de los ciudadanos, inventando sospechas de fraude que, independientemente de los hechos (que incluso podrían existir), para surtir efecto tienen que formularse de la manera más extrema y delirante. Ya en la campaña electoral de 2016 Trump había abordado este tema y la lección había sido seguida por sus alumnos predilectos (a quienes considera amigos personales), Rodrigo Duterte de Filipinas y Jair Bolsonaro de Brasil. Este último dijo en septiembre de 2018: “No acepto un resultado diferente de mi elección”. Sin embargo, muchos de los alumnos restantes estuvieron muy atentos esa madrugada. Entre otros, Recep Tayyip Erdogan, en Turquía y, en Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, que Trump considera “mi dictador favorito”, así como Narendra Modi en la India. Otro alumno atento fue Yoweri Museveni, el presidente de Uganda, que está en el poder desde 1986 y tiene la intención de volver a presentar su candidatura el próximo año. En Europa, la clase fue numerosa e incluyó a Viktor Orbán, Matteo Salvini, Marine Le Pen, Santiago Abascal y André Ventura.

2. Transformar mayorías en minorías

Cada vez que las mayorías electorales no favorecen la causa fascistizante, es urgente convertirlas en minorías sociológicas. De esta manera, las elecciones pierden legitimidad y la democracia se convierte en una maniobra de los grandes intereses económicos y mediáticos. El alumno portugués, André Ventura, aprendió esta lección más rápido que cualquier otro.  En declaraciones concedidas al diario Expresso (7-11), declaró sobre la victoria de Biden: “Me temo, sin embargo, que haya ganado la voz de las minorías que prefieren vivir a costa del trabajo de los demás”.

3. Dobles criterios

Nada de lo que es desfavorable para la causa puede evaluarse con los mismos criterios que se aplican a lo que resulta favorable. Por ejemplo, si se sabe con gran probabilidad que la gran mayoría de los votos por correo son a favor de la causa fascistizante, éstos deben considerarse no solo legales, sino especialmente recomendables en tiempos de pandemia. De lo contrario, hay que insistir en que son un instrumento de fraude que priva a los votantes del momento único de proximidad física y social a la democracia. La prueba del supuesto fraude no importa, siempre que la sospecha sea lanzada de inmediato y con la invención de estrategias fraudulentas imaginarias.

4. Nunca hay que hablar ni gobernar para el país, sino siempre y solo para la base social

Esta lección es crucial porque es la que más directamente contribuye a socavar la legitimidad de la democracia. Si la lógica es promover una corriente de opinión antisistema, no tiene sentido gobernar para quienes, a pesar de tener quejas, aún no han renunciado a verlas atendidas por el sistema democrático. Idealmente, la base social debería ser al menos del 30% y cultivar su lealtad de manera inequívoca en el tiempo, tanto en la oposición como en el Gobierno. El contacto con la base debe ser directo y permanente. La base permanecerá unida y organizada en la medida en que deje de confiar en otra fuente de información. A partir de ahí, los hechos que desmienten al líder dejan de ser relevantes. A lo largo de cuatro años, Trump fue capaz de mantener su base, como Orbán en Hungría y Modi en la India.  Lo mismo puede decirse de Bolsonaro.

La autoestima de la base social es el único servicio político serio.  Los eslóganes que invocan la autoestima y la grandeza deben reciclarse. “Make America Great Again”fue utilizado antes por Ronald Reagan. Las consignas de las dictaduras también se pueden reciclar, sobre todo porque con el tiempo éstas se fueron legitimando. El reciclaje puede ser integral (“Brasil: ámalo o déjalo”) o modificarse (en lugar de “Angola es nuestra”, “Portugal es nuestro”).

5. La realidad no existe

El líder muestra control de los hechos principalmente (1) cuando detiene la realidad supuestamente adversa, o (2) cuando, al no poder detenerla, le quita todo su dramatismo. Trump mostró el camino: detiénese la pandemia si se deja de hablar de ella, y para dejar de ser grave, basta dejar de hacer pruebas intensivas. Tener miedo a la pandemia es un signo de debilidad. Trump quiso salir del hospital con la camiseta de Superman; según Bolsonaro, tener miedo a la pandemia es cosa “de maricas”. A su vez, la pandemia se devalúa comparándola con las pandemias que generó el sistema (desempleo, pérdida de soberanía, falta de acceso a los servicios de salud, etc.) o, en versión tropical, apelando a la fatalidad de la muerte (Bolsonaro: “algún día moriremos todos”).

Como para el fascismo la mentira es tan verdadera como la verdad, cuanto más dramático sea el contraste de la invención con la realidad, tanto mejor. Ejemplos de verdades “irrelevantes”: la administración Trump aumentó en lugar de reducir las desigualdades sociales; durante la pandemia, la riqueza de los multimillonarios aumentó en 637 mil millones; en los últimos meses, 40 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos; 250.000 murieron con COVID-19, la tasa de mortalidad más alta del mundo; la hambruna en las familias se triplicó desde el año pasado y el aumento de niños desnutridos fue del 14%; se ha levantado la moratoria sobre los desalojos y millones pueden ser lanzados a la calle. Todo lo que no se puede negar es natural o humanamente incontrolable. El altísimo número de muertes en Brasil es obra del destino y lo mismo ocurre con los incendios en la Amazonía, ya que, por definición oficial, los incendios son incontrolables y nadie es responsable de ellos.

6. El resentimiento es el recurso político más preciado

Gobernar contra el sistema es imposible, dado que parte del propio sistema es el que financia el fascismo 2.0. Por eso, es fundamental ocultar las verdaderas razones del descontento social y hacer creer a las víctimas del sistema que los verdaderos agresores son otras víctimas. La base organizada quiere ideas simples y juegos de suma-cero, es decir, ecuaciones intuitivas entre quién gana y quién pierde. Por ejemplo, el aumento del desempleo se debe a la entrada de inmigrantes, aunque sea mínima y realmente irrelevante; hay que hacer creer al trabajador blanco empobrecido que su agresor es el trabajador negro o latino aún más empobrecido que él; la crisis de la educación y de los valores se debe a la astucia de los pobrecillos que, gracias a los “empresarios de los derechos humanos”, tienen más derechos, sean mujeres, homosexuales, gitanos, negros, indígenas. No faltan chivos expiatorios; solo es necesario saber cómo elegirlos. Ésta es la habilidad máxima del líder fascista.

La política del resentimiento requiere, además de chivos expiatorios, teorías de la conspiración, demonización de los oponentes, ataque sistemático a los medios de comunicación, a la ciencia y a todo el conocimiento que invoque una pericia especial, la incitación a la violencia y el odio para eliminar argumentos, la auto-glorificación del líder como único defensor confiable de las víctimas.

7. La política tradicional es el mejor aliado sin saberlo

Desde el momento en que la alternativa socialista desapareció del escenario político, la política perdió credibilidad como ejercicio de convicciones. Ese momento coincidió con el fortalecimiento del neoliberalismo como nueva versión del capitalismo. Esta versión, una de las más antisociales de la historia del capitalismo, provocó la destrucción o erosión de las políticas de protección social y de las clases medias donde existían, la creciente concentración de la riqueza y la aceleración de la crisis ecológica. Los va

lores liberales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) fueron perdiendo sentido para la gran mayoría de la población, que se considera abandonada, marginada, sea cual sea el partido en el poder. Con el descrédito de los valores liberales, perdieron sentido las ideologías democráticas asociadas a ellos, como la convivencia pacífica, el respeto a los adversarios políticos, la moderación y contradicción en la argumentación, la rotación del poder, el acomodo y la negociación. Estos valores e ideologías, que siempre han correspondido a la experiencia práctica de solo una pequeña porción de la población, son ahora basura histórica que hay que barrer. El vacío de los valores permite tanto el desprecio por la verdad como la imposición de valores alternativos, como la prioridad de la familia, la jerarquía de razas, el nacionalismo étnico-religioso, el mito de la edad de oro, aunque el pasado haya sido, en realidad, de plomo. Este es el caldo de cultivo para la cultura de la polarización.

8. Polarizar, polarizar siempre

El centrismo político murió y solo la radicalización compensa. En las circunstancias actuales, la polarización siempre refuerza a la derecha y a la extrema derecha. La polarización ya no es entre izquierda y derecha. Es entre el sistema (deep state) y las mayorías desheredadas, entre el 1% y el 99%. Esta polarización fue intentada en los últimos años por la izquierda institucional y extrainstitucional, pero alguna de ellas acabó sometiéndose servilmente a las instituciones. Cuando se rebeló, fue neutralizado. Esto no le puede pasar al fascismo 2.0 porque sencillamente, lejos de estar en contra del 1%, es financiado por él. La polarización contra el 1% es meramente retórica y pretende disfrazar la verdadera polarización, entre la democracia y el fascismo 2.0, para que el fascismo prevalezca democráticamente.

La vieja derecha piensa que domestica a la extrema derecha, pero, de hecho, sucederá lo contrario. Un ejemplo portugués: el partido de centro derecha, PSD (Partido Social Demócrata), está dispuesto a asociarse con el partido Chega, de extrema derecha, “si éste se modera”. Respuesta inmediata del líder de Chega: no es Chega el que se va a moderar, es el PSD el que se va a radicalizar. En este caso, el aprendiz del fascismo 2.0 es el mejor profeta de la época.

(*) Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología, portugués (**)

(**) Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Canciller Rogelio Mayta: Áñez se alineó al gobierno de Trump a cambio de nada

La nueva autoridad, en entrevista exclusiva, explica las pautas de la política exterior en el gobierno de Luis Arce Catacora, a diferencia de lo sucedido en el mandato transitorio de Jeanine Áñez.

Foto: José Lavayén

/ 22 de noviembre de 2020 / 08:33

Si hubo un rasgo que distinguió al gobierno transitorio de la presidenta Jeanine Áñez, ello fue el giro de 180 grados que dio la política exterior con respecto a la “diplomacia de los pueblos” ejercida por los gobiernos de Evo Morales. Para la exministra de Relaciones Exteriores de Áñez, Karen Longaric, buena parte de dicho giro (romper relaciones con Cuba y Venezuela; cerrar las embajadas en Irán y Nicaragua; dejar la ALBA, Unasur y la Celac) no fue otra cosa que “desideologizar” las relaciones exteriores. No, lo que más bien hubo fue un alineamiento tras el gobierno estadounidense de Donald Trump y, lo peor, a cambio de que Bolivia sea ninguneada, critica el recientemente nombrado canciller, Rogelio Mayta Mayta.

—En estos días, usted firmó un convenio de cooperación espacial con la Celac. Para el gobierno transitorio, la Celac no existía.

—En este tiempo es muy importante construir bloques regionales, en especial para un país como Bolivia, demográficamente pequeño, con una economía en desarrollo. Necesitamos unirnos, y en ese esfuerzo ha sido importante la iniciativa de Unasur, que fue duramente bombardeada, más que por un interés regional por posiciones ideológicas recalcitrantes, que no han pensado en la región y se han alineado a los intereses de alguna potencia extranjera. La Celac es parte de esas iniciativas,  un proceso en desarrollo y que debemos hacer esfuerzos por consolidarla. La firma de hace unos días trata de que Latinoamérica tenga cierta soberanía aeroespacial. Cada país tiene sus iniciativas por separado, tenemos que unirnos; los pocos recursos que poseemos en conjunto, en comparación con grandes potencias, tenemos que articularlos para sacar mejor provecho, en resguardo de nuestras propias soberanías. La Celac es muy importante inclusive en temas como la lucha contra el COVID-19, tiene iniciativas importantes, a las cuales a Bolivia le conviene adscribirse.

—¿Cuánto ha afectado a Bolivia este alejamiento de la Celac y otros organismos y países?

—Desde el 10 de noviembre de 2019, Bolivia ha enfrentado una situación complicada en la comunidad internacional; hubo gobiernos que no reconocían al gobierno de Áñez porque consideraban que no había una sucesión constitucional; nosotros hemos señalado que hubo un golpe de Estado, que se había roto la institucionalidad. El posicionamiento (internacional) del gobierno transitorio fue demasiado recalcitrante, en términos ideológicos; y terminó peleándose con varios países importantes en la región y enfriando las relaciones con otros importantes en el orden mundial. México tiene un peso específico en Latinoamérica y en el mundo, y el gobierno de la transición golpista tuvo un vocero [Jorge Quiroga] que vociferó contra su Presidente. Eso ha generado reacciones muy diplomáticas del Gobierno de México, pero de forma airada por parte de la población mexicana. Ellos no concebían cómo alguien insultaba a uno de los presidentes más populares del último tiempo en México. Igual pasó con Argentina, hubo impasses. El gobierno de Áñez se fue aislando solito. En escenarios como Naciones Unidas, la OEA y otros trataba de seguir alineamientos con la política de Trump, rompiendo alianzas que Bolivia había construido en años anteriores.

—En su Memoria Institucional, la excanciller Karen Longaric reivindica que su labor ha sido desideologizar la política exterior.

—El gobierno de Áñez en su política exterior ha tenido un alineamiento muy poco soberano con la política exterior del gobierno de Trump. Y Trump, como todos sabemos, ha sido un desastre, no solo para su país, sino en el terreno internacional. Realiza una ejecución extrajudicial, el asesinato del general Soleimani, de Irán; se sale de los tratados de freno del cambio climático; de los tratados sobre armas nucleares de mediano alcance, y luego de repente Trump trata de encerrarse en sí mismo, deshacerse de las relaciones internacionales y atizar una guerra comercial con China que hizo tambalear la economía global. Y el gobierno de Áñez alineado ahí, y además, para colmo de males, ninguneado. Bolivia no solamente que ha tenido una posición poco soberana, sino que en ese alineamiento con Trump fue ninguneada; y eso para los bolivianos que nos sentimos orgullosos de nuestra tierra ha sido indignante.

—¿O sea, no se consiguió algo a cambio?

— No. Ese alineamiento ha sido casi por nada. En la evaluación que hicimos, vimos que, por ejemplo, en comercio exterior, tratar de abrir mercados, en todo el tiempo del gobierno de Áñez, el resultado de ese trabajo ha sido cero. Pueden haber habido algunas conversaciones, pero el resultado es cero. No es, como señalan, que se ha desideologizado, ni mucho menos, sino inclusive se habían seguido algunas prácticas que no eran las más apropiadas; prefiero no entrar en detalles en relación a su política de contrataciones de funcionarios; lo único que puedo decir es que se ha reproducido males muy patentes en tiempos de los gobiernos neoliberales, donde se producían escándalos en ese ámbito.

—Estaba en tratativas la reposición de embajadores. ¿Avanzó algo en el gobierno transitorio, dada la cercanía…?

—No, contrariamente. Este periodo ha sido anodino. Llama la atención que ni siquiera en la relación con el gobierno de Trump, hacia quien uno podía advertir que existía un alineamiento, al extremo de que un confeso agente de la CIA era el asesor personal de Áñez, no hayan podido avanzar más. Se avanzó más en años anteriores. [Tras la mutua expulsión de embajadares] la relación entre Bolivia y Estados Unidos tuvo una tensión, durante un tiempo, pero se empezó a reconstruir, se negoció la posibilidad de tener un acuerdo marco que permita un relacionamiento entre nuestros Estados en base al respeto mutuo, de soberanía, pero ni siquiera ese acuerdo avanzó.

(Lea la entrevista completa en nuestra edición impresa de este domingo, en el suplemento Animal Político)

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