Opinión

viernes 4 dic 2020 | Actualizado a 10:14

Lecciones de la votación

Será deseable que los ganadores realmente encarnen la personalidad que han mostrado en la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores.

Por La Razón

/ 26 de octubre de 2020 / 02:27

Pasada la euforia de la elección presidencial, con sus resultados que ahora deberían comenzar a resonar en clave de gestión y no de campaña, han comenzado a menudear los análisis de por qué la ciudadanía votó de manera tan clara a favor del candidato que en la encuestas siempre figuró como primero, pero nunca con la enorme diferencia que obtuvo el 18 de octubre.

Desde especialistas en sociología política hasta usuarios de redes sociales han ensayado diversas explicaciones al “fenómeno”, que, en general, no son excluyentes entre sí y que, por una parte, evidencian por sí mismas la incapacidad de un sector “ilustrado” de la sociedad para comprender el país por fuera de los prejuicios generalizados y, por otra, hacen visible la existencia de dichos prejuicios, que ora impiden una comprensión cabal de la complejidad de las razones del voto de hace días, ora imponen una visión del mundo reducida y reduccionista.

El mapa que permite visualizar la distribución geográfica del voto muestra la presencia nacional del MAS, lo cual en efecto ha sido reconocido por quienes señalan que se trata, actualmente, de la única fuerza política con presencia nacional. Pero también que dicha distribución señala la indiscutible raigambre campesina e indígena del Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos, la misma que ha posibilitado estereotipar y racializar al votante masista hasta los peores extremos, como se ha visto en el último año.

También se ha señalado la clara identificación de los sectores nacional populares con el partido, su ideario y, sobre todo, sus prácticas políticas, algunas muy virtuosas y otras en lo absoluto; lo cual debiera también servir como recordatorio de que hace falta también formación política y madurez en la sociedad, no porque vaya a producirse la rotación de partidos que habilita la competencia democrática, como señala el ideario liberal, sino porque las y los votantes habrán de ser cada vez más demandantes, lo cual debería obligar a desarrollar mejores liderazgos.

La mirada delirante de quienes han insistido en la narrativa del fraude y las voces que la han hecho pública es también un recordatorio de que incluso la evidencia de las urnas es insuficiente para grupos que, lejos de buscar explicaciones razonables, apuestan a negar los hechos y mantener a su base engañada. No es que se trate de grandes grupos humanos, pero sí que pueden terminar siendo peligrosos debido a ese fervor.

Será deseable, pues, que los ganadores de la elección del 18 de octubre realmente encarnen la personalidad que han mostrado durante la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores. Allí donde evidentemente hay grandes brechas y el interés de unos cuantos por mantenerlas o incluso ampliarlas se trata menos de ser el opuesto del neoliberalismo y más de ser su alternativa, evitando gobernar de espaldas a la sociedad civil o fundar el gobierno en la confrontación con los grupos minoritarios.

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Una tarea urgente

La tarea es titánica, y va mucho más allá de solo normar los cambios: hay que hacerlos realidad.

Por La Razón

/ 4 de diciembre de 2020 / 00:48

La necesidad de reforma de la justicia parece haber entrado en un buen cauce esta semana gracias a los anuncios hechos tanto por el Gobierno como por la oposición parlamentaria. Ya se habla de una reforma parcial de la Constitución Política del Estado, así como de leyes que además de posibilitar este cambio introducirán otras medidas sobre la administración de justicia.

El Ministro de Justicia, en entrevista en nuestro programa Piedra, papel y tinta, adelantó que los temas que se pretende cambiar en el texto constitucional son la elección de juezas y jueces por voto popular; el papel del Tribunal Agroambiental y la inclusión de alguna cláusula que garantice la independencia de las y los jueces designados. Entre las leyes, se pretende introducir una que norme la carrera judicial.

Por su parte, el jefe de bancada de Comunidad Ciudadana y el excandidato a la presidencia por esa agrupación anunciaron que presentarán un proyecto de ley con el mismo espíritu que el anunciado por el ministro y señalaron que el anteproyecto está siendo consultado con la sociedad civil; entre las innovaciones que se proponen está establecer en la Constitución el Consejo Ciudadano de Notables, constituido por representantes de universidades, colegios de abogados, periodistas, entidades empresariales, organizaciones laborales e indígenas. En cualquiera de los casos, ya se menciona un referéndum para aprobar las reformas que se hagan.

Sin embargo, tal reforma, incluso si imprescindible y urgente, no será sino el primero de muchos pasos para transformar no solo el Órgano Judicial, sino sobre todo la idea de justicia que tiene la sociedad boliviana, donde algunos sectores creen que es un servicio en venta para favorecer a quienes puedan pagarlo; otros, por el contrario, que le tienen un profundo temor por ser todo menos justa; así como otros más que la consideran una utopía a la que casi nadie accede. Todos ellos tienen su parte de verdad.

En un país donde los políticos de uno y otro lado inician procesos penales no con el objeto de buscar justa sanción, sino escarnio público y en algunos casos habilitación moral, no es de extrañar que tantas y tantos profesionales del derecho hayan olvidado no solo los límites éticos de su profesión, sino también las reglas del debido proceso, lo cual depaupera todavía más el sistema, pues procesos mal presentados y peor llevados únicamente sirven para desperdiciar recursos, ya escasos en el Órgano Judicial.

Urge, pues, transformar formalmente al Órgano Judicial, pero sobre todo hacer un cambio en la mentalidad que sigue creyendo que la justicia sirve para encontrar venganza, para dañar al otro, y no para restablecer la paz en la sociedad, o para sancionar crímenes y delitos sin preocuparse de las víctimas, que así no obtienen ni resarcimiento ni restitución de sus derechos. La tarea es titánica, y va mucho más allá de solo normar los cambios: hay que hacerlos realidad.

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SECTOR MINERO METALÚRGICO

Por La Razón

/ 3 de diciembre de 2020 / 10:28

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Retórica de unidad

Es evidente que la unidad del bloque antiMAS requiere una sólida plataforma programática y, claro, la renovación de liderazgos.

Por La Razón

/ 2 de diciembre de 2020 / 07:21

Casi como un rito, las oposiciones políticas están agitando nuevamente la bandera de la unidad. Esta vez es para postular candidaturas a las elecciones departamentales, regionales y municipales 2021. Hasta ahora, los intentos han sido declarativos, parciales o directamente fallidos. Según el calendario electoral, el plazo para el registro de alianzas vence este sábado.

De manera recurrente, al menos desde las elecciones generales de 2009, las fuerzas políticas opositoras al MAS-IPSP plantean la necesidad de unirse en busca de condiciones para mejorar sus resultados electorales. Esa divisa se expresó en propuestas para lograr una “candidatura de unidad” o, al menos, un “frente amplio”. En ningún caso se superó la sola intención. Hubo resultados más bien modestos con algunas alianzas entre partidos y agrupaciones ciudadanas, reiteradamente derrotadas en las urnas.

En principio, la bandera opositora a favor de la unidad ante el gobernante MAS-IPSP es no solo necesaria, sino razonable. Es innegable que el oficialismo se beneficia, tanto en la gestión de gobierno como en los procesos electorales, de la pauta divisoria y hasta fragmentaria de las oposiciones. Pero la unidad por la unidad, en sí misma, la unidad anti, no parece suficiente. Es evidente que la unidad del bloque antiMAS requiere una sólida plataforma programática y, claro, la renovación de liderazgos.

Dado el resultado de la votación del 18 de octubre, que otorgó al MAS-IPSP el “premio mayor” con la holgada elección de su binomio presidencial y representación mayoritaria en ambas cámaras legislativas, los comicios subnacionales del próximo 7 de marzo expresan la posibilidad de una mayor redistribución del poder en el ámbito de los gobiernos departamentales y municipales. Son políticamente relevantes las gobernaciones y las alcaldías de las ciudades capitales, El Alto y algunas ciudades intermedias.

¿Qué podrán hacer las oposiciones, en términos de unidad o al menos de acuerdos territoriales, para la disputa electoral 2021? De acuerdo con el calendario electoral emitido por el TSE, las fuerzas políticas solo tienen hasta este sábado para realizar el registro de alianzas. Es decir, los esfuerzos de acercamiento impulsados por actores cívicos y políticos, junto con sus operadores mediáticos, tendrían que formalizarse muy pronto. La evidencia, en cambio, muestra la multiplicación de candidaturas.

Como van las cosas, es probable que la renovada búsqueda de unidad opositora, una vez más, se quede en solo retórica. Ello ciertamente incrementa las posibilidades del MAS-IPSP de obtener algunas victorias electorales más allá de su muy amplia presencia territorial a nivel municipal. Pero también contribuye a un mayor pluralismo político, con liderazgos regionales y locales en disputa. Ojalá sea con renovación. Lo sabremos el 19 de diciembre, cuando vence el plazo para la inscripción de candidaturas.

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