Opinión

domingo 29 nov 2020 | Actualizado a 16:11

Día de la Mujer y la Niña

Los días nacional e internacional de mujeres y niñas seguirán siendo no solo importantes sino, fundamentalmente, necesarios.

Por La Razón

/ 12 de octubre de 2020 / 01:34

Como todos los años desde 1979, ayer se recordó el Día de la Mujer Boliviana, en recuerdo de la poeta Adela Zamudio, precursora de las reivindicaciones femeninas en el país, y cuyo aporte es infinitamente más grande que los versos de su famoso Nacer hombre que denuncia el régimen patriarcal de su época, vigente todavía hoy. También ha sido el Día Internacional de la Niña.

De ahí que esta fecha sea propicia para llamar la atención sobre el hecho de que todavía hagan falta días como éste para hacer visible la brecha que existe entre hombres y mujeres, en sus responsabilidades en lo público y lo privado, en el salario que reciben por el mismo trabajo y, en lo que la sociedad les reconoce como aporte a unas y otros.

Es una fecha que nos recuerda, también, que la Asamblea General de Naciones Unidas ha señalado el 11 de octubre como el Día Internacional de las Niñas, cuyo tema este año, “Mi voz, nuestro futuro en común”, reimagina un mundo mejor inspirado y dirigido por niñas adolescentes. También sirve para destacar que niñas de todo el mundo están exigiendo una vida libre de violencia basada en el género, así como acceso a la salud, al desarrollo de aptitudes, al reconocimiento e inversión como dirigentes del cambio social.

Es un día para recordar que son miles las mujeres que sufren cotidianamente las múltiples formas de violencia que el sistema patriarcal ha naturalizado en las personas; que mientras todavía hay quien sostiene que la violencia la sufren unas y otros, la diferencia está en que por cada hombre que sufre golpes o insultos, hay nueve mujeres en similar o peor situación.

El Día de la Mujer Boliviana es la ocasión, asimismo, para hacer balance y reconocer que hasta hace un año se ha avanzado mucho, que se han logrado y consolidado numerosas transformaciones en favor de la mitad femenina de la población del país, pero también que falta un largo camino por recorrer y que parte de la ruta pasa por transformar las percepciones e ideas de muchísimos varones, que no comprenden por qué unas y otros merecen el mismo trato y oportunidades.

Es un día, también, para reconocer, y valorar, que las luchas en favor de las mujeres no han sido solo cosa de ellas, sino que también hubo hombres que se sumaron a la causa y dieron lo que tenían para hacerla prosperar; para recordar, pues, que no todos los hombres son adversarios o verdugos de las mujeres y que el patriarcado se puede combatir desde la propia condición masculina, poniendo en cuestión los privilegios que benefician a unos en desmedro de otras.

El 11 de octubre es, como tendría que ser el resto del año, el día en que toda la sociedad debe recordar que solo desatando toda la potencia femenina en el país y el mundo habrá un cambio y podremos hablar de desarrollo. Mientras tanto, los días nacional e internacional de mujeres y niñas seguirán siendo no solo importantes sino, fundamentalmente, necesarios.

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FFAA ‘desconcertadas’

La cuestión de fondo es la certeza incontestable de que en democracia nada justifica una masacre.

Por La Razón

/ 29 de noviembre de 2020 / 00:20

En un comunicado oficial leído, nada menos, por el comandante en jefe, las Fuerzas Armadas declararon su desconcierto por la aprehensión (ahora arresto domiciliario) del comandante de la Guarnición Militar de Cochabamba, en el marco de las investigaciones por la masacre de Sacaba. A tiempo de defender las acciones de los mandos militares, el comunicado subrayó que ellos “cumplen órdenes”.

Uno de los legados más nefastos de la crisis político-institucional derivada del derrocamiento del expresidente Morales y la proclamación de un gobierno provisorio, fueron las masacres de Sacaba y Senkata (así calificadas en un informe preliminar de la CIDH). La pérdida de vidas en ambos casos se produjo en el marco de operativos de las Fuerzas Armadas en apoyo a la Policía Nacional (que se había declarado “rebasada”). Tales actos estuvieron amparados en un Decreto Supremo firmado por Áñez y su gabinete.

Los hechos de Sacaba y Senkata, junto con otros episodios de violencia y muerte producidos el último cuatrimestre de 2019, están siendo indagados, como corresponde, por la justicia boliviana. Es de alta relevancia también el arribo al país del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la CIDH, que durante seis meses investigará todos estos actos conforme a estándares internacionales de derechos humanos. El Gobierno ha garantizado su independencia y el acceso a información.

Sin duda, uno de los aspectos centrales de la investigación tiene que ver con el uso de la fuerza pública. ¿Cuál es la responsabilidad, si acaso, de los altos mandos policiales y militares que comandaron los operativos de Sacaba y Senkata? ¿El mencionado Decreto Supremo, que los eximía de responsabilidad penal, es suficiente para justificar más de dos decenas de muertes y centenares de heridos por armas de fuego a título de “pacificación”? ¿Pueden alegar que solo “cumplieron órdenes”? Preguntas.

A reserva de cómo avance la investigación por parte de fiscales y jueces, así como del grupo de expertos internacionales, una primera acción judicial fue la imputación de un general por las muertes en el puente Huayllani (Sacaba). Hay en ello dos señales inequívocas: que el proceso, en el caso de uniformados, se realizará por la vía ordinaria (no en un tribunal militar); y que “obedecer órdenes” (o ampararse en un decreto) no exime de responsabilidad. El hecho fue “desconcertante” para las Fuerzas Armadas.

Más allá de los hechos específicos y de quienes resultaren responsables —sea por decretar y ordenar operativos, sea por ejecutarlos o administrarlos—, la cuestión de fondo es la certeza incontestable de que en democracia nada justifica una masacre. Los principios de “necesidad y proporcionalidad” (sic) alegados para la acción de la fuerza pública no pueden ser incompatibles con el respeto pleno a los derechos humanos. La “obediencia debida” solo opera en dictaduras. Que haya justicia para el Nunca más.

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Elecciones municipales

Ojalá la próxima contienda electoral sirva para contribuir a esta tarea y no se limite a la polarización simplista que genera cansancio en el electorado.

Por La Razón

/ 28 de noviembre de 2020 / 01:29

El calendario ya corre: las próximas elecciones subnacionales serán cruciales para evaluar la renovación de las orientaciones del desarrollo municipal boliviano. Son el capítulo también largamente esperado después de la definición, a través de las urnas, de las autoridades nacionales. Se observan crecientes evidencias del agotamiento de un proceso que fue vital para el progreso institucional del país desde hace 20 años.

En una buena parte de los grandes municipios urbanos se viven movimientos políticos que dan señales de renovación de liderazgos e incluso de cambios en las fuerzas políticas que han gobernado desde hace más de un decenio. Este proceso se advierte en las troncales ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, en las que se puede esperar un cambio de autoridades municipales, sea por su retiro obligado por la normativa electoral, como es el caso de Luis Revilla o de Percy Fernández, o por un visible agotamiento político, como es el caso de José María Leyes en Cochabamba o de Soledad Chapetón en la ciudad de El Alto, cuando no es por la suma de ambos factores. Lo cierto es que en todas esas metrópolis se producirán disputadas contiendas electorales que podrían renovar totalmente a sus autoridades locales.

Este proceso se lleva a cabo, por otra parte, en medio de un contexto de evidentes y grandes desequilibrios en la gestión y el ordenamiento de estas grandes urbes, el deterioro de la calidad de vida de sus ciudadanos. Existen varios problemas sin resolver en temas álgidos como el tratamiento de la basura, la preservación del medioambiente, la informalidad callejera, el transporte público o la inseguridad. Algunos especialistas llaman la atención sobre la lamentable tendencia de la mayoría de estas gestiones salientes de privilegiar un modelo de ciudad basado en la especulación inmobiliaria en detrimento de los espacios públicos y un hábitat más amigable. La consecuencia es urbes cada vez más desordenadas, desiguales y en las que lo que prima es la rentabilidad de los constructores y promotores inmobiliarios. A esos problemas estructurales se agrega ahora la inevitable crisis de las finanzas locales en tiempos de reducción de las rentas gasíferas que le ha planteado no menores desafíos a las actuales gestiones y la falta de proyectos que impulsen la generación de recursos propios o la puesta en marcha de sistemas tributarios y de catastro modernos.

En síntesis, nos encontramos frente a varias señales que apuntan a la necesidad de una pronta reinvención del modelo de gestión urbana para enfrentar estos problemas y responder a las expectativas de ciudadanos cada vez más exigentes. Ojalá la próxima contienda electoral sirva para contribuir a esta tarea y no se limite a la polarización simplista que genera cansancio en el electorado. La oportunidad está abierta.

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Cansadas de la violencia

Debería ser inaceptable que la mitad de la población humana sea considerada “grupo vulnerable”, y sin embargo es así desde hace milenios.

Por La Razón

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:19

El miércoles se ha conmemorado el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y en muchas ciudades del mundo se ha producido toda clase de manifestaciones, protagonizadas por mujeres, pero no únicamente, reclamando por el derecho de la mitad de la población a vivir libre del miedo, del acoso, de las múltiples manifestaciones del patriarcado moderno.

Iniciada en América Latina, la conmemoración en recuerdo de las hermanas Mirabal, asesinadas en 1960 en República Dominicana, fue reconocida por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1999, y desde entonces el organismo multilateral invita cada año a gobiernos, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales a organizar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres.

Este año no ha sido la excepción, y en Bolivia, desde la plaza Murillo en la sede de gobierno hasta muchos otros lugares en toda la geografía nacional, se realizaron actos y otras manifestaciones de repudio a la violencia que afecta a las mujeres, y una vez más las autoridades del Estado se comprometieron a luchar por la causa de erradicar ese mal que afecta a más de siete de cada 10 mujeres en algún momento de su vida.

Pero los resultados tardan en llegar. La existencia de más de una ley dirigida a prevenir y sancionar las diferentes formas de violencia contra las mujeres, desde la más evidente, los golpes, hasta las más sutiles, como el privarles de dinero, alimentos o dignidad, no ha servido para detener o siquiera disminuir su práctica. Pareciera, más bien, que estas normas y los muchos discursos que las acompañan han provocado una suerte de reacción machista que se ensaña aún más con las mujeres.

Es porque la boliviana es una sociedad acostumbrada a vivir en violencia (por supuesto, nada comparable con otros países de la región y el mundo), y por esa causa se asume como normal o, peor, natural que los grupos más débiles o vulnerables reciban el mayor peso de esa violencia, la padezcan más y de más formas; de ahí que la doctrina de los Derechos Humanos señala la obligación de priorizar el cuidado de personas de la tercera edad, niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad y otros, además de las mujeres.

Debería ser inaceptable que la mitad de la población humana sea considerada “grupo vulnerable”, y sin embargo es así desde hace milenios; por suerte, ahora, tal vez como nunca antes en la historia, las mujeres (y no pocos varones) están en permanente movilización para cambiar este estado de cosas.

El primer paso es ver las múltiples manifestaciones de violencia que se viven cotidianamente en la sociedad, reconocer que las mujeres son las primeras afectadas por ellas, para luego repudiar tales manifestaciones, activamente, tanto en reacciones, comentarios y publicaciones personales en las redes sociales digitales, como en la vida real, donde cualquier forma de abuso debe ser vista como inaceptable e injustificable.

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El Banco BISA expandió sus plataformas digitales frente a la pandemia

Banco BISA tiene valores claros, los cuales le han hecho destacar y consolidarse como una entidad financiera sólida en el país en su más de medio siglo de existencia. Además, la cartera total incluyendo contingentes, a diciembre de 2019, alcanzó a $us 3.290 millones, con un crecimiento de $us 117 millones respecto de la gestión 2018.

Por La Razón

/ 26 de noviembre de 2020 / 19:35

El vicepresidente de Negocios de Banco BISA, Franco Urquidi, explicó sobre los retos que trae consigo el siguiente año el estado actual de la entidad y su compromiso con la sociedad.

  • ¿Qué logros e hitos destaca de su institución desde su inicio hasta la actualidad?

Desde que se fundó, el 5 de julio de 1963, Banco BISA asumió el compromiso de vida de promover el desarrollo nacional y satisfacer las necesidades de nuestros clientes y usuarios con oportunidad y calidad, guiados por cinco valores fundamentales: Calidad, Prudencia, Compromiso, Coordinación e Innovación, que se leen en estos hitos de nuestra historia.

En 1985, el empresario Julio León Prado asumió la presidencia del directorio. Bajo su gestión, el Banco Industrial se convirtió en un banco comercial y de ese modo incorporó a clientes tanto personas naturales como a grandes y medianas empresas de todo el país.

En 1990, bajo la gestión del ingeniero Julio León Prado, el directorio creó el Grupo Financiero BISA, el primer conglomerado financiero de Bolivia formado hoy por BISA Seguros, BISA Leasing, La Vitalicia, BISA Bolsa, BISA SAFI, RAISA y BISA Sociedad de Titularización.

BISA fue el primer Banco que instaló en 1989 un sistema, cien por ciento en línea; desde entonces, la entidad bancaria se ha mantenido a la vanguardia de las nuevas tecnologías.

En 2004 lanzó su banca por Internet e-BISA y cuatro años después Bisa Móvil fue la primera banca por celular (mensajes de texto). En 2012 innovó con la aplicación e-BISA Móvil y el Giro Móvil y en 2015 se puso en marcha la plataforma web “vivienda social On Line”, entre otros.

Sobre la base de esas premisas, BISA fue una entidad que estuvo preparada para enfrentar contingencias como la pandemia, pues para este año ya tenía un amplio desarrollo de conectividad.

  • ¿Cuál ha sido el aporte del banco en lo social en todo su tiempo de existencia?

La solidaridad. Ése es el aporte más importante en el ámbito social. Por ejemplo, el Banco y Unicef, en alianza estratégica con la campaña “1.000 Días para Cambiar Millones de Historias” recaudaron en 2019 fondos para apoyar a niños y niñas que se encuentran en situación vulnerable. Asimismo, está la iniciativa de Bolivia Solidaria, una campaña de recaudación de fondos especialmente para los niños en situación de vulnerabilidad en el país.

Banco BISA también aporta a las metas ambientales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de allí nace la necesidad de medir nuestra huella de carbono, lo que ha derivado en la instalación de un sistema fotovoltaico para cuatro sucursales —dos en La Paz, una Cochabamba y otra en Santa Cruz—. Esta iniciativa permite generar electricidad para unas 243 viviendas.

Por otra parte, el proyecto “Pulmón Banco BISA” también aportó al logro del objetivo de compensación de la contaminación ambiental, que durante las últimas cuatro gestiones se logró plantar más de 4.000 árboles en La Paz.

  • ¿Cómo se han mantenido y han sobresalido respecto a otras entidades financieras?

Precisamente, manteniendo en el tiempo nuestros valores de Calidad, Prudencia, Compromiso, Coordinación e Innovación. Esta articulación ha permitido destacarnos por la seriedad en el manejo financiero y confianza en favor de la permanente innovación que, dicho sea de paso, ha merecido el reconocimiento —por segundo año consecutivo— del “Banco del Año” por la reconocida revista Latin Finance.

  • ¿Cómo ha sido manejar el riesgo (crediticio, de liquidez, de mercado, operativo, etc) en un entorno económico como el boliviano?

El entorno económico del país, con un crecimiento moderado en 2019 y con la crisis de este año por efecto de la pandemia, merece la aplicación de una adecuada visión de negocios, continuando con una eficiente administración del plantel ejecutivo de Banco BISA SA.  Además, la cartera total incluyendo contingentes, a diciembre 2019, alcanzó a $us 3.290 millones, con un crecimiento de $us 117 millones respecto de la gestión 2018. La cartera directa superó la cifra de $us 2.335 millones, con un crecimiento de $us 137 millones respecto a la gestión anterior, resultado obtenido principalmente por la colocación de recursos al sector empresarial.

  • ¿Qué desafíos implica adaptarse a los nuevos escenarios de la pandemia y la contracción de la economía en el país?

Asumimos un conjunto de acciones desde dos coordenadas: el cuidado de nuestro personal y nuestros clientes, a quienes nos debemos. A partir de estos principios, se estableció un esquema de teletrabajo (Home Office) que desarrolló los procesos de forma inmediata y coordinada, sin generar retrasos en proyectos y actividades del banco. Actualmente, más del 60% del personal trabaja desde sus hogares y para el resto, colaboradores que tuvieron que asistir, se aplicaron medidas de bioseguridad y acciones de contención en caso de sospecha de contagio.

En cuanto a nuestros clientes, se dio un gran impulso para promover el uso de los canales electrónicos, que están entre los más modernos del país. Además, Banco BISA dio un potente soporte a créditos para planillas de empresas.

  • ¿Cómo abordan la transformación tecnológica que vive la banca en estos momentos?

Banco BISA, que ya tenía una fuerte presencia digital antes de la pandemia, expandió sus plataformas digitales en todos sus niveles. La capacitación constante de nuestro personal y de nuestros clientes, que tuvieron mayores facilidades para poder realizar transacciones, es una muestra de esto. Hubo además un mayor incentivo para usar los canales digitales, para atender a usuarios y clientes. La capacitación respecto al uso de nuestros canales digitales fue mayor. Este año, cualquier ciudadano mayor de 18 años puede abrir una cuenta en Banco BISA a través de nuestras plataformas digitales y este es uno de los productos que tuvo una mayor aceptación en tiempos de pandemia. Banco BISA cuenta con dos plataformas en línea, —e-BISA y e-BISA Móvil— además de BISA Neo y una serie de soluciones que ofrece a sus clientes, las mismas que ya antes de la pandemia estaban permitiendo que el 77% de las transacciones no requieran de presencia física del cliente. Estas operaciones, al ser virtuales, son rápidas, seguras y cómodas.

  • ¿Qué proyecciones tienen para 2021?

Banco BISA es una empresa carbono neutral, por lo que cuenta con una estrategia clara de reducir y compensar sus emisiones de CO2 a partir de varias acciones, como la de continuar implementando paneles solares para la generación de energía.

En el ámbito tecnológico lanzaremos nuestra nueva plataforma digital, con tecnología de última generación a nivel mundial, que permitirá a nuestros clientes tener acceso a todos los productos y servicios a través de estas soluciones, también continuaremos con la aplicación de una política sostenida de innovación.

  • ¿Qué significa para ustedes el reconocimiento recibido por parte de la revista Latin Finance?

La prestigiosa revista Latin Finance nos reconoció por segundo año consecutivo como el “Banco del Año en Bolivia”. De hecho, el BISA sobresale por transformar de manera permanente la experiencia de sus clientes a través de servicios digitales además de ser un banco carbono neutral.

En 2019, cuando el BISA obtuvo el galardón por primera vez, Latin Finance concluyó que sobresale la innovación digital y un balance saludable que ha marcado el desempeño del banco. La entidad financiera es conocida por mejorar sus servicios de forma continua con una fuerte cultura de innovación orientada a mejorar la experiencia de nuestros clientes y usuarios todos los días.

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Reformar la justicia

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo.

Por La Razón

/ 25 de noviembre de 2020 / 06:49

Ya es un lugar común sostener que la administración de justicia en el país requiere una reforma profunda e impostergable. Se trata de una asignatura pendiente del proceso de democratización y de refundación estatal. Así, es fundamental reconstituir el Órgano Judicial para asegurar su independencia. Y por supuesto que el cambio también debe llegar al Ministerio Público.

Como parte del camino de modernización institucional en los años 90 del siglo pasado, y del proceso de refundación del Estado en el marco de la nueva Constitución Política aprobada en referéndum en 2009, se impulsaron importantes reformas en el sistema judicial. No fueron suficientes. Cada día constatamos que el sistema, en lugar de brindar justicia, está al servicio del gobierno de turno, de poderes fácticos, de quienes pueden pagar. Es un sistema que, con excepciones, administra injusticia.

Más que reforma, en realidad se requiere una transformación estructural. Está comprobado que la elección popular de las altas autoridades jurisdiccionales no condujo a un mejor ejercicio de la función judicial. Es un asunto a debatir, pues implica modificar la Constitución. Claro que el problema no radica solamente en la forma de selección de las cabezas del Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo de la Magistratura, el Tribunal Constitucional Plurinacional y el Tribunal Agroambiental.

La cirugía mayor que requiere el sistema de administración de justicia en Bolivia pasa por un conjunto de cambios en el diseño institucional y en el marco constitucional y normativo, pero en especial en la cualidad y desempeño de sus principales operadores (magistrados, jueces, fiscales, abogados). Es imprescindible que la potestad de impartir justicia responda a los principios señalados en la Constitución: independencia, imparcialidad, probidad, celeridad, gratuidad, respeto a los derechos, entre otros.

El Ministerio de Justicia, a través de su titular Iván Lima, ha planteado diferentes iniciativas para encarar esta asignatura pendiente, como la aprobación de un paquete de leyes, la conformación de una comisión de expertos, la elección de nuevos consejeros de la Magistratura (incluido ultimátum para la renuncia de los actuales). Claro que la transformación estructural de la Justicia no puede ser obra exclusiva de una cartera del Estado: se requiere un amplio acuerdo nacional con participación ciudadana.

Estamos pues ante un enorme e impostergable desafío como país, que no será sencillo ni de corto plazo. La administración de justicia debe reformarse de manera sustantiva. Ello implica transformar las diferentes jurisdicciones (en especial la ordinaria), así como la justicia constitucional. Supone también reformar a fondo el Ministerio Público. Y es ineludible asumir plenamente el horizonte de pluralismo jurídico con interculturalidad. Sin justicia independiente, con equidad, no hay Estado de Derecho.

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