Nacional

jueves 29 oct 2020 | Actualizado a 01:29

El 18 de octubre elegiremos a 177 autoridades de los órganos Ejecutivo y Legislativo

Por La Razón

/ 2 de septiembre de 2020 / 09:20

En las Elecciones Generales del 18 de octubre de 2020,  las personas habilitadas para votar elegirán mediante sufragio universal  a 177 autoridades titulares. En el Órgano Ejecutivo se votará por un Presidente/a y un Vicepresidente/a del Estado Plurinacional de Bolivia y en el Legislativo se elegirá a 36 senadores y senadoras, 130 diputados y diputadas nacionales y nueve representantes supraestatales. En el caso de la Asamblea Legislativa se eligen autoridades titulares e igual número de suplentes.

La elección del Presidente y Vicepresidente se efectuará en circunscripción nacional única, que incluye los asientos electorales ubicados en el exterior, mientras que los representantes del Órgano Legislativo serán electos en circunscripciones departamentales, uninominales y especiales.

Los 36 representantes del Senado se eligen en nueve circunscripciones departamentales, cuatro por cada departamento de Bolivia. De los 130 diputados/as, 60 plurinominales son electos en nueve circunscripciones departamentales, 63 uninominales en igual número de circunscripciones, y siete representantes indígena originario campesinos (IOC) en siete circunscripciones especiales.

También serán electos/as en circunscripciones departamentales 9 representantes titulares del Estado Plurinacional de Bolivia ante organismos parlamentarios supraestatales e igual número de suplentes, uno por cada departamento.

De acuerdo a la Ley, será proclamado/a Presidente/a y Vicepresidente/a,  la candidatura que haya reunido el 50 por ciento más uno de los votos válidos, o haya obtenido un mínimo de 40 por ciento de los votos válidos, con una diferencia de al menos 10 por ciento en relación con la segunda candidatura. Si ninguna de las candidaturas obtuviera esos porcentajes, entonces se realiza una segunda elección entre las dos candidaturas más votadas.

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‘Gobierno militar’

Puede preverse que la acción irregular de estos grupos extremistas que acuden a los cuarteles, se extinguirá en sí misma.

Por La Razón

/ 28 de octubre de 2020 / 04:29

Algunos grupos extremistas y oscuros personajes, que se niegan a respetar el resultado de las elecciones, no solo están agitando la narrativa del “megafraude” y alientan movilizaciones, sino que han dado un paso francamente sedicioso: buscan un “gobierno militar”. Las fuerzas democráticas del país y de la comunidad internacional deben estar atentas ante semejante desvarío.

Como fue advertido con anterioridad, grupos radicales vinculados con el Comité Cívico pro Santa Cruz —en particular la Unión Juvenil Cruceñista— no quieren aceptar la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Sin importar que el proceso electoral haya sido incuestionable en su transparencia, ni que el MAS-IPSP haya ganado con mayoría absoluta de votos (muy lejos del segundo), estas personas cantan “fraude”, piden anular los comicios y, por si faltaba algo, van a tocar las puertas de los cuarteles.

El hecho plantea varias cuestiones. Una es la ausencia de cultura democrática en estos grupos, con predominio de jóvenes, que dicen defender la democracia, pero están dispuestos a echarla abajo si el resultado de las elecciones no les gusta. Otra cuestión, más preocupante, es que no tienen memoria de las dictaduras y de lo que implica un “gobierno militar”. Y sin duda es terrible la señal, más bien marginal, de una actitud autoritaria y antidemocrática que incluso puede vincularse con el fascismo.

Más allá de estos afanes aislados orientados a provocar un quiebre del régimen democrático boliviano en nombre del “orden” y con la bendición de Dios, es sintomático que quienes se atribuyeron la “defensa de la democracia” en los hechos de octubre y noviembre del año pasado, sean ahora los abanderados de un golpe de Estado. No otra cosa significa alentar, con pedidos, vigilias, oraciones, la instauración de un gobierno militar en el país. La buena noticia es que, siendo peligrosos, son grupos marginales.

Por mandato de la Constitución Política, además de defender la soberanía nacional y la seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas tienen la misión fundamental de “garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido”. La Policía, por su parte, tiene la misión de “la defensa de la sociedad y la conservación del orden público”. En democracia ninguna de ellas como institución delibera ni participa en acción política. Incitar lo contrario es no solo antidemocrático e inconstitucional, sino sedicioso.

A pocos días de la posesión del binomio presidencial y de los asambleístas electos, puede preverse que la acción irregular de estos grupos extremistas que, derrotados en las urnas, acuden a los cuarteles, se extinguirá en sí misma. En todo caso, queda como tema de agenda pública la necesidad de blindar las instituciones democráticas, enseñar cultura política, impulsar una profunda e impostergable reforma de la fuerza pública y dejar de llamar “activistas” a quienes alientan salidas autoritarias.

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Conozca los itinerarios tras la ampliación del horario de servicio del La Paz Bus

Los Pumakatari y Chikititis atenderán de lunes a viernes hasta las 22.00 y en fin de semana hasta las 20.00.

El servicio del La Paz Bus amplió sus horarios de atención.

Por La Razón

/ 26 de octubre de 2020 / 17:20

El servicio de transporte municipal de La Paz Bus cumplirá desde este lunes un servicio con horario ampliado en sus siete rutas, en el marco de las nuevas flexibilizaciones autorizadas por la Alcaldía.

Los Pumakatari y Chikititis atenderán hasta las 22.00 de lunes a viernes y en fin de semana hasta las 20.00, pero la población debe tomar los recaudos para acceder a las últimas rutas que deberán partir con itinerarios diferenciados para cumplir el circuito y terminar a tiempo.

De acuerdo con el informe de La Paz Bus el cronograma será:

La ruta Irpavi comenzará a las 06.00 con la salida del primer bus desde la calle 2 de esta zona del sector sur de la ciudad de La Paz y el último partirá de allí a las 20.24. En tanto, desde la parada de la avenida Simón Bolívar, del centro paceño, el primer bus podrá salir a las 06.53 y el último a las 21.23.

En la ruta Villa Salomé, los primeros buses saldrán a las 06.30 desde Cosmos 85 y el último a las 20.40. En la parada de la avenida Simón Bolívar, el primer bus partirá a las 07.10 y el último del día a las 21.22.

La ruta Caja Ferroviaria comenzará su servicio a las 06.30 desde 7 Lagunas y el último partirá desde ese sitio a las 21.00. En la parada Alonso de Mendoza la primera carrera comenzará a las 07.01 y la última a las 21.33.

En la ruta Integradora, el servicio empezará a las 06.00 desde la parada de la calle Bueno y Alonso de Mendoza; en ambas los últimos buses saldarán a las 21.03 y 21.04, respectivamente.

En la ruta Chasquipampa el horario de salida del primer bus será a las 06.00 desde la calle 46 y el último a las 20.44. En la parada de la plaza Camacho, la primera ruta arrancará a las 06.41 y el último a las 21.30.

La ruta Inca Llojeta comenzará a las 06.30 desde la calle Tupac Katari y desde la avenida Simón Bolívar a las 07.11; en la primera parada se cerrará el servicio a las 20.31 con el último bus y en Simón Bolívar será a las 21.10.

En la ruta Achumani el servicio comenzará a las 06.00 desde la calle México y el último viaje será a las 20.14. Por último, en la parada Campo Verde la primera salida será a las 06.30 y el último a las 21.19.

(26/10/2020)

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Lecciones de la votación

Será deseable que los ganadores realmente encarnen la personalidad que han mostrado en la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores.

Por La Razón

/ 26 de octubre de 2020 / 02:27

Pasada la euforia de la elección presidencial, con sus resultados que ahora deberían comenzar a resonar en clave de gestión y no de campaña, han comenzado a menudear los análisis de por qué la ciudadanía votó de manera tan clara a favor del candidato que en la encuestas siempre figuró como primero, pero nunca con la enorme diferencia que obtuvo el 18 de octubre.

Desde especialistas en sociología política hasta usuarios de redes sociales han ensayado diversas explicaciones al “fenómeno”, que, en general, no son excluyentes entre sí y que, por una parte, evidencian por sí mismas la incapacidad de un sector “ilustrado” de la sociedad para comprender el país por fuera de los prejuicios generalizados y, por otra, hacen visible la existencia de dichos prejuicios, que ora impiden una comprensión cabal de la complejidad de las razones del voto de hace días, ora imponen una visión del mundo reducida y reduccionista.

El mapa que permite visualizar la distribución geográfica del voto muestra la presencia nacional del MAS, lo cual en efecto ha sido reconocido por quienes señalan que se trata, actualmente, de la única fuerza política con presencia nacional. Pero también que dicha distribución señala la indiscutible raigambre campesina e indígena del Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos, la misma que ha posibilitado estereotipar y racializar al votante masista hasta los peores extremos, como se ha visto en el último año.

También se ha señalado la clara identificación de los sectores nacional populares con el partido, su ideario y, sobre todo, sus prácticas políticas, algunas muy virtuosas y otras en lo absoluto; lo cual debiera también servir como recordatorio de que hace falta también formación política y madurez en la sociedad, no porque vaya a producirse la rotación de partidos que habilita la competencia democrática, como señala el ideario liberal, sino porque las y los votantes habrán de ser cada vez más demandantes, lo cual debería obligar a desarrollar mejores liderazgos.

La mirada delirante de quienes han insistido en la narrativa del fraude y las voces que la han hecho pública es también un recordatorio de que incluso la evidencia de las urnas es insuficiente para grupos que, lejos de buscar explicaciones razonables, apuestan a negar los hechos y mantener a su base engañada. No es que se trate de grandes grupos humanos, pero sí que pueden terminar siendo peligrosos debido a ese fervor.

Será deseable, pues, que los ganadores de la elección del 18 de octubre realmente encarnen la personalidad que han mostrado durante la campaña y los días posteriores a la votación: humildes y concertadores. Allí donde evidentemente hay grandes brechas y el interés de unos cuantos por mantenerlas o incluso ampliarlas se trata menos de ser el opuesto del neoliberalismo y más de ser su alternativa, evitando gobernar de espaldas a la sociedad civil o fundar el gobierno en la confrontación con los grupos minoritarios.

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El comodín ‘fraude’

El dato preocupante, como anticipaban algunos estudios, es la tenacidad casi enfermiza de algunos actores que se niegan a reconocer y respetar la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

Por La Razón

/ 25 de octubre de 2020 / 06:54

Pese a la victoria contundente (26 puntos de diferencia), una elección participativa, el aval de todas las misiones de observación y un proceso en general transparente, algunas voces antidemocráticas, sin ninguna evidencia, insisten en cantar “fraude”. Los resultados de la votación, por otra parte, ponen en cuestión la narrativa del “fraude monumental” de los comicios de 2019.

Varias razones explican el triunfo del binomio Arce-Choquehuanca con el 55% de votos. El asunto permite diferentes análisis y está hoy en el centro del debate político. Lo cierto es que 11 meses después de la forzada renuncia del expresidente Evo Morales, el MAS-IPSP ganó nuevamente las elecciones generales, como ya lo había hecho en 2005, 2009, 2014 y 2019. Esta vez lo hizo sin su tradicional binomio. Y sin duda marca un nuevo ciclo en el sistema político y en el propio “proceso de cambio”.

El dato preocupante, como anticipaban algunos estudios, es la tenacidad casi enfermiza de algunos actores que se niegan a reconocer y respetar la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Recurren para ello al fácil expediente del “fraude”. Y lo hacen con base en deseos, supuestos, falsedades. Ellos mismos confeccionan su narrativa y sus “pruebas”, ¡y se las creen! Más allá de un serio problema de falta de cultura política, demuestran así un rasgo autoritario peligroso para la democracia.

En relación a los comicios del pasado 18 de octubre, que concluyeron con el cómputo nacional realizado por el TSE, no existe ninguna evidencia de alguna irregularidad que comprometa la transparencia del proceso electoral. Sin embargo, grupos de choque juveniles —que algunos medios llaman “activistas”— y algunos dirigentes cívicos proclaman que hubo “mega fraude” (sic). Se trata, para decirlo de manera elegante, de un disparate. ¿Se puede decir lo mismo del discurso de “fraude monumental” del año pasado?

Diferentes organismos y medios de comunicación internacionales, como el diario español El País, sostienen que los resultados de las elecciones 2020 “cuestionan la tesis del fraude electoral de 2019”. Y ponen en la mira la operación realizada por la OEA de Almagro, mediante su misión de observación y el posterior informe de “integridad electoral”, para instalar la idea de “acciones dolosas” que habrían afectado el resultado. Varios estudios independientes demuestran la inconsistencia de tales “hallazgos”.

Ha quedado en evidencia que el grueso del informe de la OEA se concentra en el TREP, que como vimos con el fallido Direpre, tiene carácter exclusivamente informativo e incluso es prescindible. Con la votación del pasado domingo se demostró que el supuesto “cambio de tendencia” es una falacia, que el “patrón de adulteraciones de actas” expresa en realidad la votación histórica en determinados recintos y, lo más grave, que los “auditores” no se ocuparon de revisar actas ni del cómputo oficial. Un fraude.

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Transición ordenada

Se esperaría que la transición, además de su utilidad práctica para evitar que el funcionamiento del Estado sufra por el cambio de autoridades, sea el inicio de una fase menos tensa y polarizada en la vida política nacional.

Por La Razón

/ 24 de octubre de 2020 / 04:31

Ya hay un gobierno electo que en pocas semanas asumirá el mando de la nación. Mientras tanto, sería deseable que la actual administración se concentre únicamente en la preparación de información sobre el estado de las políticas públicas, evitando nuevos conflictos y decisiones tardías en la administración del Estado.

Después de mucho tiempo, el país va a experimentar un proceso de alternancia entre dos administraciones gubernamentales. El objetivo de esta fase, que durará un par de semanas, es que las autoridades salientes cierren su gestión de manera ordenada y que transfieran información precisa y clara a las entrantes sobre los asuntos que están bajo su responsabilidad.

No es un secreto la existencia de enormes divergencias en la orientación ideológica entre los gestores del gobierno de Áñez y los dirigentes del MAS, y no deja de ser una de las complejidades que se deberá resolver en esta corta etapa. Se esperaría que la transición, además de su utilidad práctica para evitar que el funcionamiento del Estado sufra por el cambio de autoridades, sea el inicio de una fase menos tensa y polarizada en la vida política nacional. Hay un adagio que dice que “lo cortés no quita lo valiente”, sugiriéndonos el talante que debería guiar a unos y otros en los próximos días.

En ese marco, sería recomendable que el Gobierno en funciones no asuma ninguna decisión que pueda generar nuevas controversias o que condicione el manejo de las políticas públicas de la próxima administración en el corto o mediano plazo.

Eso no se refiere únicamente a los grandes temas de la coyuntura, como la gestión macroeconómica o la situación de la Justicia, sino a aspectos más cotidianos como el manejo del personal o del presupuesto en las entidades públicas. Se ha indicado, por ejemplo, que se siguen produciendo despidos de funcionarios públicos o nombramientos de autoridades intermedias en ciertas reparticiones, lo cual resulta inapropiado a pocos días de la llegada de un nuevo gobierno. Tampoco sería deseable que las reparticiones estatales asuman compromisos financieros de última hora.

De igual manera, se esperaría que otros poderes autónomos, como el Legislativo o la Justicia, asuman también un comportamiento prudente en los próximos días. Ya tenemos un nuevo Poder Ejecutivo y una Asamblea Legislativa electos, y muy pronto formalmente constituidos, son esas estructuras las que tienen el mandato de encarar los grandes retos de la nación. No hay pues necesidad de complicar los futuros escenarios con acciones intempestivas o apresuradas.  

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