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Cecilio Guzmán de Rojas: arte, magia y muerte

Reproducimos el reportaje que obtuvo el segundo lugar del I Concurso Municipal de Crítica del Arte y Periodismo Cultural 'Luis Espinal Camps' 2020, en la categoría B de 'Reportaje, Entrevista o Crónica'.

El célebre 'Illimani negro' (1937).

/ 8 de enero de 2021 / 09:36

¿Por qué se suicidó el artista más grande de Bolivia del siglo XX? ¿Fue por cuestiones amorosas? ¿Fue por el trauma de la guerra del Chaco? ¿O fue el frontal rechazo a su técnica de la coagulación? ¿Tuvo algo que ver su misticismo y su afición por el ocultismo, la hipnosis y el esoterismo? ¿O fueron sus presuntos problemas psíquicos no tratados?

Cecilio Guzmán de Rojas trabaja en su atelier de la calle Abdón Saavedra N° 2221, barrio de Sopocachi, La Paz. Tiene enfrente dos “Peréz Holguín”. Es enero de 1949. Un año y un mes después se va a suicidar en Llojeta (en la madrugada del 14 de febrero). Estamos ante un momento insólito del arte boliviano: los dos grandes maestros de todos los tiempos están “trabajando juntos”. Los siglos se han esfumado. Don Cecilio mima y restaura tajos, agujeros y roturas a través de una técnica polémica llamada coagulación, una excitación química de tintas. Los lienzos de don Melchor que en 1929 costaban apenas tres pesos, ahora ya restaurados se cotizan en medio millón. Por arte de magia, reaparecen los colores primitivos del siglo XVIII. Pareciera que el vigor y las tonalidades del cochala-potosino recién brotaran del atelier del potosino-paceño. El periódico La Razón titula a siete columnas: “Guzmán de Rojas da por terminada su investigación de pintura coagulista”.

Cecilio dedica sus últimos años de vida, finales de los febriles cuarenta, a ese método revolucionario. De la obsesión por el arte y su docencia ha pasado a la obsesión por el patrimonio artístico y su protección. En Potosí, antes de la guerra del Chaco, levanta en 1930 el Museo de Arte Retrospectivo, convertido luego en el Museo de la Casa Nacional de Moneda. En La Paz, a inicios del conflicto bélico (1932), asume como director de la Escuela de Bellas Artes “Hernando Siles” para formar una nueva generación de artistas.

En el invierno de 1935, amanecer del fin de la “guerra estúpida” y preámbulo de la firma del Tratado de Paz, inaugura una nueva exposición en la galería Gutiérrez de la calle Florida al 970 de Buenos Aires. De pie frente a sus telas, sabe que no hay cuadro alguno que pueda compararse al silencio que antecede a la muerte en un nido de ametralladoras. Entonces su vida ya es otra. Las trincheras han cambiado a Cecilio. El pintor —pionero del arte indigenista en una sociedad terriblemente racista — ha descubierto los colores más tristes en el Chaco Boreal, donde ha peleado durante siete meses.

Después de la guerra, en 1940, monta en La  Paz la Pinacoteca Nacional, hoy conocida como el Museo Nacional de Arte. Guzmán de Rojas pinta la guerra con rabia y asco: decenas de acuarelas, dibujos y pequeños óleos en cartones y papeles por los dos lados. Veintisiete cuadros del potosino retratan cuerpos mutilados en el fango de las trincheras y enseñan los rostros de la muerte. “Trajo el horror del Chaco a la Argentina como diciéndole a todos: mirad como es la guerra, odiadla”, reseña el diario porteño La Prensa. Influenciado por la serie del maestro español Francisco de Goya, nuestro Cecilio ha pintado los desastres de su guerra, de Platanillos a Conchitas, de Cañada Tarija a Tres Pozos, de Nanawa al último fortín.

El “Brujo de Llojeta” se incorpora al ejército boliviano en 1934, agregado al Comando Superior, destino Fortín Ballivián. Una tarde se presenta ante el general Enrique Peñaranda para rogarle que lo destinen a los puestos más avanzados, a los “velos” como se llamaban en jerga militar las primeras líneas del frente. De este modo marcha hacia Cañada Strongest, el lugar de mayor intensidad en las operaciones militares de aquel año. Con el espanto en carne propia, el gran pintor indigenista con pasado cubista, educado artísticamente en Francia y España, refleja su particular historia gráfica. Protagoniza la batalla más gloriosa teñida de oro y negro y convive junto a soldados heridos y moribundos con las que habla en aymara y quechua. Celebra los avances, sufre en los retrocesos y retorna enfermo de la campaña. Don Cecilio no podrá nunca substraerse de aquel aire envenenado del Chaco, del paludismo, de los mosquitos odiosos, de la sed y el hambre, del dolor en las caraguatas en medio del bosque.

El Chaco, dice Guzmán de Rojas a la revista Noticias Gráficas, “tiene una vegetación enfermiza, los árboles no son verdes ni proyectan sombras. La vegetación, que en lo normal emana vida, oxígeno y belleza, en el Chaco parece que envenenara la atmosfera. Pero pictóricamente hablando, el Chaco es interesantísimo, sus matices son a base de violeta y de una luz blanquecina. Mas el paisaje chaqueño que yo he sentido es aquel en que la guerra se ha enseñorado trágicamente. Quién sabe si en otra época de paz hubiese podido contemplar otro paisaje, distinto. No importa el arte por sí mismo, importa esta prédica, a través de mis cuadros, contra la guerra, contra ésta y contra todas”.

El 14 de febrero de 1950, Cecilio Guzmán de Rojas —el pintor de las grandes pasiones — se pega dos tiros en el pecho. Tres días después es hallado sin vida en su particular escondite paceño, vestía “paletot” café a rayas y sombrero azul oscuro; había vivido medio siglo. Su cuerpo físico fue velado primero en su casa de Sopocachi Alto y luego en la Biblioteca Municipal. Fue enterrado en el Pabellón de los Ilustres del Cementerio General de La Paz. Cecilio escoge su querida “comarca de magos y brujos, de adivinos y suicidas” (Saenz dixit) para partir; esa Llojeta que pintó tantas veces con los mismos colores tristes que descubrió en las trincheras. Nadie conoce a ciencia cierta las verdaderas causas del suicidio del artista más grande del siglo XX en Bolivia.  

El crítico de arte Harold Suárez Llápiz tiene varias teorías: “Por lo que conversé en alguna oportunidad con su hijo Iván, sé que arrastraba una profunda depresión por problemas psiquiátricos, ocasionados por los traumas ( y frustraciones tal vez) de la Guerra del Chaco. Patología a la que en aquel tiempo no se la prestaba la atención y contención profesional que se le da en nuestros días. Además hay que analizar el contexto de esos tiempos difíciles y violentos dentro del país y en el ámbito internacional: pocos años antes había acabado la Segunda Guerra Mundial y habían colgado a Gualberto Villarroel en la plaza Murillo en julio del 46, entre otras atrocidades. Se venían tiempos de cambio en una Bolivia convulsionada, se venía la Revolución del 52. También sé que existió un lío de faldas de por medio que pudo haber precipitado su drástica decisión”.

¿Qué papel jugó, sin embargo, el rechazo mayoritario en Bolivia y en el extranjero a su técnica de restauración, la pintura coagulatoria? No lo sabemos. ¿Fue esa la causa de una posible depresión galopante? Lo que sí conocemos es que don Cecilio tuvo lados secretos y clandestinos que todavía hoy ni soñamos. Estudió con Salvador Dalí en Madrid y con Pablo Picasso en París. Fue compañero de kallawayas y se pasó a las filas del vegetarianismo. Comenzó a pintar de noche (su Illimani negro todavía seduce) e hizo una fortuna con sus cuadros. Se interesó por el espiritismo, la astrología y las ciencias ocultas. Practicó el masajismo con imanes (la magnetoterapia) y también la hipnosis con familiares y amigos. Sufrió como nadie el horror de la guerra en Cañada Strongest. Tuvo «relaciones» con pintores y pintoras. Escandalizó a todo un país con sus desnudos de mujeres.  Y terminó sus días dando charlas por medio mundo explicando y defendiendo aquella técnica provocadora marcada por el frontal rechazo. 

También, según la investigadora y gestoral cultural Amparo Miranda, fue un ferviente creyente del desdoblamiento. Mientras trabajaba en 1946 para la National Gallery de Londres –a invitación del British Council- restaurando cuadros destruidos por los bombardeos nazis sobre Inglaterra, un arquitecto argentino (Juan Carlos Delponte o Dellepiane) supuestamente le hipnotizó para robarle los manuscritos de su teoría pictórica coagulatoria. No si antes, dejarle un regalo “envenenado” a manera de presente: el libro Biathanatos de 1608, una apología del suicidio del inglés John Donne. Cecilio para vengarse usó el desdoblamiento para terminar con la vida del ladrón en un extraño accidente de tránsito. Años después, Cecilio se ufanaba de la “hazaña” en charlas familiares y de amigos en La Paz.

Su gran amigo de cafés en Buenos Aires, el escritor y diplomático paceño Oscar Cerruto, lo cuenta entre ficciones y realidades en ese gran relato llamado “La muerte mágica”. Amparo Miranda también confirma la “venganza”  al tener acceso en la casa familiar de Sopocachi a una pequeña libreta azul del pintor en cuya carátula se puede leer “Libro de oro. Londres, febrero 1947”. En una de sus hojas, Guzmán de Rojas escribe: “Antes que nada no olvidar los libros, fotos y antigüedades que me ha robado Delponte por medios hipnóticos. Tengo que sentarle la mano con el mismo refinamiento, pero con más poder porque el que tiene razón, justicia y moral es el que triunfa”.

Cecilio era así, para bien y para mal: al todo o nada, a capa y espada, genio y figura por siempre, la fuerza de lo invisible por bandera. Del autor de Ñusta (1936) Cristo aymara (1939) se dijo y se dice aún hoy de todo. Las especulaciones dan de comer al mito, al gran personaje, a la buena persona. La obra y el legado del místico y críptico artista siguen intactos, eternos, más vigentes que nunca. Aunque ya no lo vemos ni tocamos en el billete de diez bolivianos, su ajayu retorcido —así son también las dos calles que llevan su nombre en Potosí y La Paz — nos acompaña y acompañará por siempre, como el misterio de su muerte.

Las enigmáticas ‘sales’ coagulatorias

Cecilio Guzmán de Rojas dedicó los últimos años de su vida a la pintura coagulatoria con la que pretendía “liberar al arte contemporáneo del visualismo óptico”.  Pensaba que los materiales que utilizaron los grandes maestros del pasado no eran solo óleos o pinturas al aceite. Había llegado a tal conclusión tras trabajar con fotografías infrarrojas y de rayos X de cuadros del Renacimiento durante su etapa londinense. Su taller fue también laboratorio. El artista comenzó a hacer mezclas químicas. ¿Se atrevió a restaurar cuadros de la época virreinal con su método de la pintura coagulatoria? Unos creen que sí. Otros no se la creen. “Ningún restaurador cuerdo y sensato lo haría, solo usó esos pigmentos con su propia obra”, asegura el crítico Harold Suárez. “Dicen que destrozó para siempre algunos cuadros”, añade el artista cochabambino Fredy Escóbar Vega. En el libro de Marcelo Calvo Valda, Mística y paisaje, ensayos sobre la obra de Cecilio Guzmán de Rojas (Librería Editorial “Juventud”, 1986), su autor asegura lo contrario. 

Pero, ¿en qué basó sus métodos de alquimista? Cecilio cayó intrigado tras leer el “Tratado de la Pintura” (1651) de Leonardo da Vinci, un libro también de códigos esotéricos. A partir de esas lecturas, comenzó a sostener que los grandes artistas del siglo XV y XVI habían logrado colores transparentes y diferenciación tonal a partir de reacciones químicas coaguladas, técnica que luego se perdió en el olvido. “Logra fijar una película de brillo luminoso, que coagula e ilumina los colores con duración perenne es la técnica elegida en el Renacimiento para captar el brillo del sol y la atmosfera”, dice Marcelo Calvo Valda.

Cecilio defendió su técnica en Bolivia y fuera de nuestro país. En 1949 dio charlas en la UMSA y en el Club de La Paz, después de varias conferencias internacionales en Londres, Nueva York (hasta la revista Time se hizo eco), Santiago de Chile y otras capitales de Sudamérica sobre la interpretación de las fórmulas de Leonardo da Vinci.

Y llegó a decir cosas tan enigmáticas como ésta, según la estudiosa Amparo Miranda: “Sal hecha de excremento humano quemado y calcinado al fuego lento y de modo análogo todos los excrementos hacen ‘sales’ y estas sales destiladas son muy penetrantes”.  Eran los famosos “estímulos” para que todo brillara con una sutileza y matiz superior al óleo.

En un artículo de La Razón de 1948 también se puede leer: “sobre una base alcalina, preparada especialmente, el pintor realiza su obra. Líquidos incoloros que bajo la acción del estimulante y la plancha coagulatoria, cobran forma y colorido para desaparecer al contacto del líquido descoagulador. Estos frascos encierran el oculto proceso en sus tres fases: pigmento saturado, pigmento en proceso de coagulación y la clave: el pigmento coagulado incoloro. Arte y magia para coronar el supremo esfuerzo del hombre en busca de lo sublime. Los ácidos esparcidos dan a los ojos el espectáculo de lo imprevisto, una visión policromada se hace presente al solo toque de una mágica mano que excita el proceso; utensilios de la nueva pintura, artículos de metal, lápices de punta misteriosa y ante todo superficies que bajo la acción del calor darán a la pintura el rumbo que el artista requiere para su efecto”.

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Marcos Malavia: ‘Una sociedad sin teatro es una sociedad sin memoria’

Este hombre de teatro tiene otros frentes abiertos: la lucha por la Escuela Nacional de Teatro, dos películas y un sueño pendiente: montar ‘Hamlet’

VIDA. El teatrista y escritor Marcos Malavia nació el 20 de marzo de 1972 en Huanuni (Oruro)

Por Ricardo Bajo

/ 24 de febrero de 2021 / 11:13

Marcos Malavia está otra vez en la pelea, el leit motiv de su vida. La Escuela Nacional de Teatro atraviesa problemas económicos por el enésimo incumplimiento de la Alcaldía de Santa Cruz y Malavia, entre película y obra de teatro en Francia, ha vuelto a la trinchera para que la única escuela teatral en Bolivia no desaparezca. El orureño está por estrenar su ópera prima en cine, El novio de la muerte sobre el asesinato de Lucho Espinal y subirá a las tablas su versión de Las criadas de Genet en octubre en Francia. Va a rodar también en el Plan 3.000, el barrio que acoge hace casi 20 años a una Escuela que resiste siempre. Es un convencido de que una sociedad sin teatro y sin arte es un pueblo sin memoria.

— Mirando para atrás, hacia la fundación de la Escuela Nacional de Teatro (ENT) en 2004 en el Plan 3.000, ¿qué valoración haces?

— Efectivamente, si hago un esfuerzo de introspección sobre la escuela y estos 17 años, lo primero que me viene es que no sé cómo pudimos hacerlo y cómo todavía está en pie frente a tanta indiferencia de las instituciones y los apoyos que tenemos constantemente que reclamar, poniéndonos en una posición siempre difícil como si se tratara de un favor. Pero a pesar de todo esto estamos ahí y siempre cumpliendo con rigor.

— ¿Cuántos hombres y mujeres salieron de la Escuela Nacional de Teatro?

— Son más de 5.000 actores y actrices que se han beneficiado con la labor pedagógica de la escuela, entre los que cursaron los cursos regulares, los talleres de preparación, los Talleres Nómadas y otras acciones que hemos desarrollado. Estamos por 350 actrices y actores egresados y titulados de la escuela y que hoy están al frente de muchas compañías de teatro y son gestores culturales bastante idóneos, tanto en Santa Cruz como en otras ciudades.

En cuanto al aporte al barrio Plan 3.000, creo que es una relación de comprensión, de respeto y orgullo que se ha establecido entre nosotros durante estos años. El plan representa para nosotros una lección de vida, una forma de hacer frente a las indolencias de la sociedad y es siempre para nosotros una fuente de inspiración en el trabajo. Nos permite comprender cotidianamente el porqué de nuestro oficio y a quién lo destinamos. Es muy importante en el teatro saber a quién nos dirigimos y por qué. El teatro es y será siempre un espacio de transformación a través de la palabra comulgada, es decir que se convierte en un acto colectivo. Estar en contacto con una realidad que nos muestra la injusticia social nos permite saber dónde tenemos que poner nuestros esfuerzos como artistas. Los estudiantes que cursaron y cursan en nuestra escuela, en su mayoría salen con la conciencia de que tienen un rol que cumplir en el esfuerzo de ser un eco de las vivencias de los seres humanos y las injusticias a las cuales están sumisos, sean políticas, económicas o de vida.

DUPLA. Marcos Malavia y el guitarrista Piraí Vaca unieron esfuerzos en la obra ‘El duende’. Foto: Marcos Malavia

— ¿Cómo ves el futuro de la ENT?

— Espero que el futuro de la ENT sea el de definitivamente poder estabilizarse económicamente, permitiendo que sea una institución que tenga justamente garantizado su futuro y pueda de esta manera tener mayores proyecciones en el tiempo y asentar sus proyectos, como el caso de las jornadas de investigación. Pero esto pasa por una toma de conciencia de las necesidades por parte de las autoridades departamentales, pero también nacionales. El aporte de la Escuela no se limita a Santa Cruz, recibimos estudiantes de todo el país. Me parece que el Ministerio de Culturas o el de Educación tendrían también que venir a contribuir a la estabilización de la Escuela. En las anteriores gestiones de dichos ministerios yo inicié gestiones, pero sin ningún resultado. Creo que la idea de la necesidad de valorizar las culturas y el arte no está aún entre las prioridades de la clase política y es bastante perjudicial para el desarrollo armonioso de nuestra sociedad. 

— En estos casi 20 años de la Escuela, ¿de qué obras estás más satisfecho, si es que se puede elegir?

— Hay tres obras que me vienen a la cabeza. La primera es la que realicé con los alumnos de la primera promoción. El título era Tierra de nadie del rumano Matei Visniec. El espectáculo tuvo bastante éxito, sobre todo en el festival Peter Travesí y allí estaba toda una generación de actores y actrices que hoy están muy activos. La otra obra es Ópera pánico de Alejandro Jodorowsky, que era para mí una manera de mostrar la dureza y la poesía de la vida de los olvidados de la calle. Y la tercera es una de las últimas que realicé, Tejas verdes de Fermín Cabal, que fue estrenada en La Paz el día de la muerte del dictador García Meza, una obra que denunciaba justamente las oscuras y terribles acciones de las dictaduras militares de los años 70.

FILMACIÓN. Malavia estrenará este año su ópera prima, denominada ‘El novio de la muerte’. Foto: Marcos Malavia

— La batalla por la plata y las constantes peleas con la Alcaldía cruceña y con otras administraciones, ¿qué te dicen de la relación poder públicoculturas-artes?

— Creo que la posición del arte en nuestras sociedades ha sido siempre una fuente de conflicto, tanto para valorarlo como para mantenerlo. Desde el punto de vista económico somos totalmente improductivos, no creamos una riqueza directa que pueda multiplicarse, sobre todo el teatro, que es un evento puntual en el tiempo y espacio. Es difícil contenerlo y tolerarlo. Esto provoca una profunda incomprensión de los políticos y también de la ciudadanía para percibir la necesidad de ayudar y contribuir a su crecimiento. No ven el reporte directo a su vivencia física y material. Pero la verdad es que somos seres sociales de la representación y el arte es una expresión profunda de nuestra condición, como respirar o alimentarse.

El ser humano necesita la expresión de sus vivencias y sus sentimientos, que los mismos sean compartidos, lo que le permite relacionarse con los otros seres de su comunidad. Sentir ser parte de un todo, de una identidad que le permitirá afrontar sus incertidumbres existenciales. Es la alimentación del ser y es a eso que se dedica el artista, el arte y en mi caso, el teatro. Una sociedad sin arte y sin teatro es una sociedad sin memoria, sin perspectiva de construcción de crecimiento humano.

Es por esto que, a pesar de las dificultades, el arte y los artistas lucharán siempre por estar vivos. Los cálculos a corto término que traen la política y el poder no permiten ver que necesitamos ser apoyados por el bien de la sociedad. La obsesión de mantenerse en el poder hace que los políticos y las autoridades pierdan la visión del ser y el buen vivir interior colectivo.

— Con toda tu experiencia en Francia, “paraíso” del apoyo público a las artes/culturas, ¿cómo logras pasar sin morir en el intento de un país así a nuestro páramo boliviano?

— Francia ha comprendido desde ya hace mucho tiempo que una de las riquezas naturales más importantes de un país es la cultura y el arte. Sus esfuerzos se han encarado hacia esa riqueza natural que no se puede agotar, como son las riquezas naturales energéticas. Una de las exportaciones de primera línea de Francia es su influencia intelectual, artística y cultural. Está entre los productos más importantes exportables que cohabita con los bienes naturales, como es el caso del vino. Esta manera inteligente de abordar su influencia en el mundo ha hecho efectivamente que se aporte una atención de primera línea a la cultura y los artistas. Evidentemente tiene sus bemoles cómo se reparten esas ayudas y también el deseo intrínseco de controlar la producción cultural-artista a través de las subvenciones.

Pero no hay que negar que esta predisposición de dotar al Ministerio de Cultura un presupuesto que le permite apoyar a los artistas es un ejemplo a seguir. Los impuestos de los ciudadanos deberían de la misma manera poder garantizar que el público pueda beneficiarse del arte de manera gratuita. Jean Vilar proponía un arte “elitista para todos”. Bolivia tiene un gran potencial creativo en el arte, pero los artistas viven como pueden.

— Regresando a tus comienzos en Huanuni y Oruro, ¿qué recuerdos te vienen a la cabeza si lees las palabras: Teatro El Túnel y Líber Forti?

— Mis comienzos están siempre presentes en mi trabajo. El ser humano es a cada instante la expresión de su pasado, su presente y su futuro. Personalmente no soy muy nostálgico, pero creo que mis inicios en mi Huanuni natal y el grupo El Túnel en Oruro forjaron en mí una disciplina de trabajo y constante aprendizaje. La falta de una escuela y el empirismo con el cual comencé este oficio me enseñaron lo importante que significa tener una formación, proceder con una técnica. Esta es la razón principal que me motivó para fundar y construir el proyecto de la Escuela Nacional de Teatro. Tuve la suerte de tener maestros como Jean-Louis Barrault y Marcel Marceau. Con ellos comprendí lo que significaba poseer un conocimiento de la escena y el camino que tenía que recorrer para considerarme un artista profesional.

Dentro de mis recuerdos, evidentemente, está el encuentro con Forti. Fue para mí la primera luz brillante que comenzó a iluminar mi camino en el arte. Líber era un hombre de teatro excepcional y tenía una relación con el teatro directa y al servicio de los otros, del pueblo. Su ejemplo de trabajo fue una influencia importante en mi recorrer.

Foto: Marcos Malavia

— ¿Confías todavía en este mundo distópico en la capacidad del teatro como formador de hombres y mujeres por un mundo más justo, solidario y tolerante?

— El teatro es la consecuencia poética de la condición humana y por ello va siempre a existir. Parte del principio del desdoblamiento del ser que nos constituye y forma parte de nuestra condición existencial. El ser humano vive constantemente en una elaboración de puesta en escena, todo lo que nos rodea está sumado a esta función fundamental que es la de organizar el movimiento caótico de la vida. Cuando digo esto, digo que vivimos y nos vemos vivir constantemente y es allí donde se funda el teatro. Necesitamos hipótesis existenciales para comprender nuestra vida y comprender el comportamiento humano. El teatro ofrece este espejo de la existencia. Ahora, que se considere como un acto que toca a una pequeña parte de la población, no es a causa del arte del teatro. Esto radica sobre todo en que vivimos un mundo industrializado y todo lo que no puede reproducirse al infinito termina siendo destinado a unos cuantos pocos. Es resultado sobre todo de un disfuncionamiento de la superestructura social que es la economía. La gente de teatro somos verdaderos resistentes de esta lucha silenciosa y perversa a la cual nos ha sumido la sociedad actual, que finalmente busca deshumanizar las relaciones entre las personas. No importa que el teatro no sea un deporte de masas, lo fue en un momento de la historia del ser humano, pero es esencial para el equilibrio social que exista y esto lo saben de manera cognitiva nuestras estructural sociales.

— ¿Ha caído el teatro en cierta forma en una especie de onanismo, en personas que se quieren y se ven solo así mismos?

— Francamente no creo. Pienso sobre todo que hoy los hombres y mujeres viven un constante bombardeo a través de la redes sociales y de la preponderancia de la imagen que le exigen y lo empujan a ser un ser único y que es mirado por todos. Creando de alguna manera una sociedad más solitaria e individualista, el teatro a veces puede sufrir de esto igualmente, pero creo que ese tipo de actor o actriz termina por agotarse solo y la mayor parte queda solitaria en su mirar narciso.

— Sigues escribiendo en francés con más comodidad/facilidad que en castellano, ¿se puede sentir alguien totalmente libre en un idioma que no es el suyo propio?

— La escritura es para mí un acto de desdoblamiento como el teatro. Me posiciono siempre en el lugar del que va a leer y al cual le cuento la historia que tengo detrás mío, como si fuera un fantasma que me empuja y guía las palabras que constituyen el texto, sea un poema, una novela o la obra de teatro que escribo. Escribir en francés, contrariamente a lo que podría uno imaginarse, me da mucha más libertad que el castellano. En francés las palabras no tienen el mismo peso, como si ellas podrían tener un destino más imaginativo que las que corresponden a mi lengua materna. Es como si el hecho de escribir en otro idioma me permitiera abordar el imaginario a partir de otro punto de vista, de otra organización interior. No sé si es más fácil para mí, pero la verdad es que mi producción literaria se enriquece cuando estoy en otro idioma.

— ¿En qué trabajas actualmente?

— Acabo de terminar la postproducción de mi ópera prima en el cine llamada El novio de la muerte que rodé en Bolivia en 2019 con el 97% de actores bolivianos y que explora las circunstancias de la muerte de Luis Espinal. Es una coproducción boliviana-francesa entre Fuentes Audiovisuales (productora boliviana), Mia Production y PasoProd (francesas). Fue una experiencia bastante enriquecedora y una incursión que tenía pendiente desde hace muchos años. La película está terminada y será propuesta a diversos festivales. Espero que pronto pueda ser vista en Bolivia. He tenido un enorme placer de trabajar con los actores bolivianos que son excelentes y de una entrega única. Las preproyecciones que hemos realizado aquí en Francia fueron muy positivas en ese sentido, remarcando el formidable trabajo de esos actores y actrices.

Ahora que terminé la película estoy escribiendo otro guion que se inspira en la novela que publiqué en Francia, Un cuerpo despedazado. La película va a ser rodada casi íntegramente en el Plan 3.000 y busca mostrar la violencia y la injusticia en la cual viven las mujeres hoy a través de un personaje muy cercano a Antígona, que busca la justicia. Por otra parte acabo de terminar la puesta en escena de la obra Las criadas que tenía que estrenarse en París el mes próximo pero por la maldita pandemia se pospondrá para octubre.

OBRA. La Escuela Nacional de Teatro está ubicada en el Plan 3.000 de Santa Cruz de la Sierra. Foto: archivo La Razón

— ¿Cómo has vivido la experiencia no corporal del teatro en pandemia con Zoom, presentaciones virtuales y la ausencia física del espectador?

— Es una época singular la que vivimos. Durante varios meses he dictado mis clases por Zoom a los alumnos de la Escuela. Es una experiencia difícil porque te obliga a trabajar de una manera que no corresponde a la realidad. El teatro se aprende en el escenario, es allí que surge lo justo. El Zoom es una manera de poder continuar y tratar de paliar la dificultad que está frente a nosotros. Para el teatro,  esto es un castigo suplementario que nos impone la vida hoy. Esperemos que pronto salgamos de este túnel en el cual estamos todos.

— ¿Qué obra o autor te gustaría montar que no lo hayas hecho aún?

— Es difícil responder esa pregunta. Siento que tengo mucho que hacer por delante y muchas obras pendientes para montar, pero si podría decirte que me gustaría en un futuro próximo poder montar Hamlet, es una obra que me gustaría hacerla vivir en el escenario.

— La experiencia con Piraí Vaca en El duende fue especialmente gratificante, por lo menos para el espectador, ¿hay planes de repetir cuando pase esta maldita pandemia?

— Piraí es un genio y un hermano del alma. Esa experiencia artística nos ha unido mucho. Regularmente hablamos y comentamos nuestras experiencias artísticas. El duende es una de las obras que más satisfacciones me ha dado. Son esos momentos mágicos que unen a dos artistas y que una vez juntos todo parece fácil, como si no tendrías que hacer ningún esfuerzo para que todo funcione. Fue un momento en mi vida artística muy importante y sobre todo la acogida que tuvo la obra por todo el público. Fue realmente lo que se llama el teatro “elitista para todos”, porque es divertida pero al mismo tiempo dices cosas muy profundas con las palabras de ese hombre de teatro genial como fue Federico García Lorca. Una de las cosas que muchos no saben es que antes que considerarse poeta, Lorca fue un verdadero teatrero, llevaba sus obras a los lugares más alejados de España con su compañía de teatro. Y creo que con El duende ofrecimos esa dimensión popular que es propia de Lorca. Nuestro deseo con Piraí es volver a trabajar juntos, sea remontando El duende, sea inventando otra cosa. La vida se hace con los sueños y es así como veo que llegaremos a estar pronto nuevamente juntos en el escenario con mi entrañable amigo Piraí.

— ¿En qué momento se encuentra el Festival de Teatro en Santa Cruz?

— El Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz es una de las obras clave para que el teatro en Santa Cruz pueda asentarse y cobrar la dinámica y el vigor que tiene hoy. Su existencia permitió que el proyecto de la Escuela Nacional de Teatro pueda crecer, sin lugar a dudas.

— ¿Cómo ves la escena cruceña? En los últimos años Santa Cruz ha vivido una explosión de teatro con una cierta inclinación por lo comercial.

— De lo que yo he visto, me parece que la escena es bastante diversa. Es cierto que hay algunas compañías que tienen el deseo de crear un teatro que podría imaginarse que es más fácil para consumir pero he visto a la par bastantes trabajos que no entran en ese cuadro y que toman riesgos llevando sus obras a barrios populares. Hay varios autores nuevos también que están montando sus propias obras. Pienso en Ariel Muñoz que tiene su compañía y que trabaja una creación bastante original; en Fred Núñez igualmente; y en las experiencias singulares de teatro de Tía Ñola, donde existe un movimiento muy importante y lo llevan con mucha pasión. Lo que sobre todo caracteriza hoy al teatro de Santa Cruz es su diversidad, creo mucho en eso. Hay que tener mucho cuidado cuando el teatro toma un ángulo ideológico o puramente estético. Cuando se busca obedecer esta concepción, es la mejor manera de alejar el público de los escenarios. Somos artífices de las vivencias humanas y estas pueden ser escuchadas por el público más amplio que sea posible.

— Saliste al exilio chileno después de un golpe, el de García Meza, ¿cómo viviste el 2019? ¿Cómo ves el ascenso de la ultraderecha?

— Creo que los errores que se cometieron en la visión política y el análisis de la situación por los que se consideran de izquierda son el resultado de esta derechización. Lamentablemente, el paradigma político no cambia. La lucha por el poder pervierte las ideas más loables. La gente que llega al poder se encuentra en una encrucijada: cómo hacer para mantenerse, de tal manera que todas las buenas ideas que podían haber tenido llegando al poder, muy a menudo se diluyen en esa lucha constante por no perderlo y mantenerse, cueste lo que cueste. Es el paradigma que hay que cambiar. La cuestión no es quedarse en el poder sino el de permitir que la coherencia que nos llevó al poder sea respetada; que el deseo por la justicia esté siempre en primer plano, cueste lo que cueste, incluso hasta perder el mismo poder.

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UNI 3, el espacio donde los mayores viven el asombro

Esta universidad busca mantener activas a las personas de la tercera edad y desarrollar sus capacidades. Debido a la cuarentena, los talleres de esta gestión serán virtuales

FUNCIONES. Cada fin de año, el taller de teatro prepara un espectáculo, fruto de tres meses de ensayos

Por María José Richter

/ 24 de febrero de 2021 / 11:06

Era 1989 cuando la señora Nelly Martínez de Jiménez, directora y fundadora de la Universidad de la Tercera Edad (UNI3), llegaba a Cochabamba de su viaje por Uruguay, país que la marcó por un suceso específico: los adultos mayores, aquellos a quienes se considera sabios debido a su experiencia, pero son vetados de nuevos aprendizajes, recibían formación en diferentes áreas artísticas y culturales. 

Al llegar a Bolivia, Martínez decidió apostar para que las personas de la tercera edad volvieran a experimentar el asombro, aquel que es provocado por lo extraordinario, lo inesperado y que afecta al ánimo, pero esta vez desde un nuevo lugar, tanto emocional como físico. Así, la universidad para mayores se creó ese mismo año, el 10 de junio, en la Llajta boliviana con el objetivo de mejorar la salud integral del adulto mayor. Martínez, uruguaya de nacimiento, sembró en Bolivia esta posibilidad de formación.

“Empezó con un grupo reducido de señoras con las que hacían gimnasia y poco a poco el grupo fue creciendo y las actividades se fueron diversificando”, comenta María Julia Ruiz, artista, comunicadora social y profesora de teatro en la institución desde hace 10 años.  Integrante de los elencos teatrales Laredo, Teatro FA, Makhurka Teatro y Nuez Teatro, también trabajó en el área audiovisual con publicidades y radiales, pero se le presentaba una oportunidad única: formar parte de UNI3 un año después de que Nelly Martínez falleciera en Cochabamba tras un infarto. 

Foto: Juan Carlos Crespo

“Empecé en 2011 a dar clases de teatro en la universidad, no solo para aportar a los beneficiarios sino también a la memoria de Nelly, que había pensado en mí anteriormente para trabajar en la institución. Empecé con cierto temor porque era un desafío nuevo, pero me fui enamorando del trabajo con estas maravillosas personas”, cuenta la educadora.

Actualmente, la UNI3, ubicada en calle Mayor Rocha 245, entre las calles Junín y Hamiraya (Cochabamba), imparte educación no regular con especialistas en pintura, dibujo, teatro, gimnasia, yoga, computación, canto coral, manualidades y danza. Cada alumno elige individualmente los talleres y actividades de interés.

El asombro que Martínez buscaba provocar fue tomando forma y se hizo palpable en el entusiasmo de quienes pasan las clases cada año, según comparte Ruiz. “Los adultos mayores tienen muchas ganas de descubrir nuevas experiencias y, como no tienen nada que perder, se lanzan al éxito y ríen, bailan, hacen caras, gestos, muecas y se mueven. Ponen en acción su memoria, su creatividad, su valentía y se reinventan, descubren facetas maravillosas de sí mismos”.

ENSAYO. En las sesiones de práctica se trabaja el lenguaje corporal. Foto: Juan Carlos Crespo

Este año UNI3 cumple 32 años de formación ininterrumpida en Educación Permanente No Formal de Adultos Mayores, formando parte de la RUA (Red Interamericana de Universidades Abiertas), junto con instituciones de Argentina, Perú, México, Uruguay y Venezuela.

Quienes forman parte de esta experiencia tienen bagajes y formaciones distintas, pero un disparador en común es el cuidado de sí mismos. “Llegar a UNI3 les permite recrearse, interactuar con otras personas, construir una comunidad, generar nuevas amistades y cuidar su propio cuerpo y sus emociones, seguir activos”, señala Ruiz. “Veo que se alegran, se divierten, se descubren a sí mismas. Hablo más en femenino porque la mayoría son mujeres, pero también tenemos algunos hombres. Se ríen de mí, de las demás, de sí mismas, y eso es algo maravilloso. Poder reírnos de nosotros mismos es una forma de sanar”.

Cuando la pandemia del COVID-19 cerraba las puertas físicas de la universidad, abría la posibilidad de que los mayores se relacionen aún más con la tecnología, expandiendo la formación y desafiando sus habilidades. Tanto la gestión anterior como esta se ven marcadas por los retos de lo digital o por los desafíos de vivir la distancia y el trabajo en comunidad.

Foto: Juan Carlos Crespo

UNI3 plantea un desafío a la sociedad. “No se trata de ser condescendientes, sino de entender ese proceso degenerativo de la vejez con cariño y paciencia. No siempre es fácil, por supuesto, pero hay que intentarlo. Creo que si pensamos en el bienestar de nuestros mayores, nuestro desarrollo social colectivo sería mejor”.

En 1989, Martínez gestaba esta interpelación y lo hacía desde el lugar del asombro social para con los olvidados por la brecha generacional, aquellos que pueden vivir un aprendizaje significativo basado en la experiencia y en las emociones.

Ahora, el desafío de lo digital marca la pauta. Las inscripciones están abiertas para personas de todo el país, pues las clases serán virtuales. Para más información contactarse con el número 71725031.

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BROWNIES: El sabor de un santo pecado

Les dicen santitos, pero su creadora sabe que, por la combinación de texturas y tipos de chocolate, estos brownies son todo un pecado

RECETA. Jordán no revela su receta, a la que dedica tardes enteras de cocina, a lado de su hijo Santiago, inspiración para el nombre de su empresa

Por Adrián Paredes

/ 24 de febrero de 2021 / 10:59

Santitos son brownies que se toman en serio al chocolate. Preparados y horneados por Mariela Jordán Prudencio, comunicadora, cantante, productora y, ahora, chef pastelera. Su idea es que los brownies sean un dulce bocado lleno de diferentes texturas, ese pecadito que todos necesitamos para mejorar el transcurso de una semana. “Está inspirado en el nombre de mi hijo que se llama Santiago, al que le digo Santito porque no es ningún santito, es súper travieso e intenso. O sea, tiene todos los elementos que tiene mi brownie: chocolatoso, fuerte y dulce”.

Junto con su hijo de dos años, Jordán dedica tardes o mañanas enteras a preparar los pedidos con diferentes tipos de chocolates combinados, para después ser cortados en un cuadrado bien empaquetado. Hechos con 24 horas de antelación pues, para explorar diferentes texturas y sabores del chocolate, la cantante convertida en pastelera compra varios ingredientes específicos que se sienten en cada mordisco del producto final.

Los paquetes vienen en cajas de a seis brownies (a Bs 35) y también de 16 unidades (a Bs 80). Si el cliente no puede  recoger su pedido, con la ayuda de un radiotaxi de confianza, Jordán lo manda en delivery. El costo del mismo corre por cuenta del consumidor y todo pedido debe ser confirmado con un comprobante de depósito a la cuenta de la dueña de Santito, quien está intentando hacer crecer un emprendimiento que cada vez recibe más y más comentarios positivos de clientes satisfechos en su página de Facebook.

Con 33 años llenos de distintos logros en su trayectoria, que incluyen musicales y contribuciones con bandas como Lapsus, Octavia e Illapa Reggae, Jordán recibe encantada la buena recepción de la gente. Estos ya no los llaman brownies, ahora pasaron a decirles santitos.

“Vengo de una familia donde mi madre hace muchas masitas, tortas y galletas, entonces lo tengo desde la cuna. Siempre la vi hacer de todo y ya en el momento que decidí hacer esto, obviamente le he pedido la receta y le cambié algunas cosas para darle el sabor que yo quería que tenga”.

“En esta pandemia me dieron ganas de hacer un proyecto mío, personal, que refleje cuánto amo a mi hijo y la demanda me hace sentir que lo estoy haciendo bien. Si bien no me dedico todo el día a este tema de los brownies, todo esto me incentiva a hacerlo”, asevera la comunicadora.

Para abril, la gente podrá encontrar las cajas de Santito en algunas pastelerías y supermercados. “Para una experiencia más chocolatosa, calienta tu brownie entre 20 a 30 segundos”, reza esta caja con el logo de la empresa, un brownie con ojitos, inspirado en el pequeño Santiago.

Pero, cómo será comido, eso ya depende de cada quién. Igual, cada mordisco del brownie, frío o caliente, llenan la boca de ese dulce pecado chocolatoso.

Para probarlos no hay más que llamar al 71509965 o buscar la página de Facebook @santitoelbrownie para coordinar el envío del pecado.

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Julián Rodríguez le da vida al cemento

Aprendió el oficio en su adolescencia y con el paso de los años perfeccionó la técnica. En la actualidad, sus obras se venden en el país mientras que otras cruzan las fronteras

JARDÍN. Algunas de las figuras que trabaja el artesano en su taller de la zona Sur, a metros del puente Amor de Dios

Por Liliana Aguirre

/ 24 de febrero de 2021 / 10:55

Es un territorio poblado por animales como loros, tucanes, búhos, cisnes, elefantes, sapos y pelícanos. En ese paisaje también aparecen querubines, aunque no es el jardín del Edén, es un espacio que da vida al cemento transformándolo en esculturas y fuentes ornamentales. Es el taller de Julián Rodríguez, ubicado a metros del puente Amor de Dios, en la zona Sur de La Paz.

“Comencé a los 15 años y  ya llevo unos 40 años trabajando en esto. Realizamos artesanías y esculturas en cemento, además de columnas y balaustres para las terrazas”, precisa el cochabambino, quien radica en La Paz desde hace décadas y comenzó sus primeros pasos en un taller en la ciudad de El Alto.

Las figuras que trabaja suelen estar hechas de  materiales como bronce, mármol, granito, yeso y piedra. Pero estos materiales no siempre son aptos para dar forma a estas figuras o tienen precios muy altos. Bajo esas circunstancias, el cemento es una buena alternativa, tomando en cuenta que es un material de construcción común y además económico.

Foto: Álvaro Valero

Manos a la obra

Para comenzar con la faena de creación de estas figuras, Rodríguez primero alista los moldes donde realizará el vaciado del cemento. “Tallamos el molde para que tenga un buen acabado. Dentro del molde, además de cemento puro, se coloca cemento con fierro armado”, detalla el artesano, quien trabaja hace un lustro en este lugar y también en Rosales.

“Viene hasta aquí a comprar la gente que conoce y aprecia estas esculturas para jardines y también columnas o balaustres para terrazas o chimeneas. Todo se pinta a mano y es como si fuera piedra”.

Este oficio lo practica toda la familia de Rodríguez desde hace muchos años en

Cochabamba, los hermanos del entrevistado se expandieron por otros departamentos del país. “Mis hermanos mayores me enseñaron y trabajan en Santa Cruz y Tarija, y les va bien”.

Trabajar el cemento es rápido cuando se tiene el molde, ya que el vaciado toma unos 15 minutos y en media hora se concluye con la primera fase, el secado. “Toda obra hay que afinarla puliendo. Al día se hacen dos búhos, y en dos o tres días se terminan de pintar estas piezas, si es que quieren ponerle color”, precisa.

Foto: Álvaro Valero

Arte en cemento

Hay para todos los gustos, mientras existen personas a las que les gusta la uniformidad gris del cemento, otras prefieren darle alguna otra tonalidad, por eso es que se puede pintar la pieza en cualquier color brillante o en tonos mate.

Los clientes del artesano son de diferentes lugares. “Algunas personas de la zona Sur, El Alto, los Yungas y Riberalta son los principales compradores de estos adornos. También se los han llevado bien encajonados a Suiza y Perú”, relata orgulloso al saber que su trabajo gusta más allá de nuestras fronteras, aunque los pedidos cayeron con la llegada del COVID-19.

“El Sur siempre fue un sitio donde personas compraban estos elementos para sus jardines o chimeneas, pero el crecimiento económico de los últimos años, antes de la pandemia, hizo que en El Alto construyan grandes casas”, agrega.

En Perú también hay demanda de estas piezas para islas en el lago Titicaca, donde funcionan hoteles que esperan reactivarse. “Las efigies elaboradas con la mezcla de cemento y arena tienen una mayor demanda porque son más duraderas. Son detalles que piden mucha paciencia porque hay que esculpir y cincelar para conseguir un buen acabado”, precisa.  

Los precios de las obras van desde Bs 100 hasta Bs 5.000. “Cada vez hay nuevas tendencias, ahora me piden mexicanos para colocarlos en los jardines y también hongos. Estoy trabajando varias de esas piezas para los clientes”.

No hay tiempo que perder, ya que hay pedidos en espera. El artesano toma una cama de arena que le sirve de lienzo, un puñado de cemento se convierte en óleo y sus cuchillas se usan para el acabado de los detalles como si se tratase de un pincel.

Así le da forma al rostro de un querubín inocente que coronará a una fuente circular que se sostiene en una columna. Hay un lenguaje secreto entre él y el cemento: un diálogo con sus manos, que  van dando vida a nuevas formas.

Foto: Álvaro Valero

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Se vende la más estrecha casa de Londres

La particular vivienda, ideal para una persona o una pareja, tiene 1,7 metros de ancho y está disponible por la suma de 1,32 millones de dólares

Por AFP

/ 24 de febrero de 2021 / 10:50

Situada entre una peluquería y el gabinete de un médico generalista, la casa más estrecha de Londres (Inglaterra), de solo 1,7 metros de ancha se vende por más de un millón de euros. Esta curiosa casa de cinco pisos —situada en el barrio de Shepherd’s Bush— fue al comienzo un almacén victoriano de sombreros, con dos depósitos destinados a almacenar la mercancía y habitaciones en los pisos superiores. Como un guiño a su pasado, la casa conservó su pequeña vitrina, adornada con una lámpara en forma de sombrero bombín.

La extraña propiedad, cuya fachada es una pequeña franja azul oscura muy discreta en la calle, acaba de ponerse en venta, estimada en 950.000 libras (1,1 millones de euros, $us1,32 millones). 

Para David Myers, director de ventas de la agencia encargada de la propiedad, este precio se explica porque la edificación, construida a fines del siglo XIX o a comienzos del XX, es “una parte única de la historia de Londres”. “Es un poco la magia de Londres”, declaró.

DIMENSIONES. El agente inmobiliario David Myers enseña los ambientes de la particular casa londinense que se encuentra a la venta. Foto: AFP

De un rincón al otro de la casa, las dimensiones de los cuartos difieren mucho. Aunque la cocina situada en el entrepiso es el lugar más estrecho, se abre con un espacio comedor dos veces más grande. Detrás, dos puertas que funcionan a la vez como ventanas dan hacia un jardín que tiene 2,5 metros de ancho.

El primer piso, donde funcionaba antes el viejo almacén a nivel de la calle y que fue transformado en entrada, y el nivel superior son de tamaños similares. En el primer nivel, además de una habitación y una oficina, se encuentra la terraza con mirada espléndida a los techos y chimeneas del oeste londinense.

En el segundo piso hay un baño y una ducha y en el tercero se encuentra la habitación principal, a la que se accede por una escotilla para ganar espacio.

Para David Myers esta casa está destinada a “una joven pareja o persona sola” que “disfrutará su belleza por lo que es y lo asumirá”. Gracias a sus características “únicas” de la época y las innovaciones eclécticas del interior, la casa puede gustar a compradores “arty” o “bohemios”.

Foto: AFP

“No existe ninguna casa en Londres que tenga 1,7 metros de ancho. Hay otras casas de cinco pisos, pero ninguna presenta un espacio tan excepcional, tan individualizado», añade Myers. “Los anteriores propietarios dejaron su propio rastro”.

El precio de la casa es exagerado en relación al costo promedio de una casa en el Reino Unido, que es de 256.000 libras ($us 350.000), pero es sin embargo típico del mercado londinense.

«Es más caro porque hay todo lo necesario. Desde un lugar como Shepherd’s Bush, se puede llegar al centro de (Londres) en 10 o 15 minutos», explica el agente. Si encuentra un comprador al precio pedido, el precio de la casa se habrá duplicado desde 2006, cuando fue vendida por 488.500 libras (557.000 euros o $us 673.640). David Myers piensa que vale más por su extraña disposición.

“(En) muchas partes de Londres, la gente utiliza el precio por metro cuadrado como referencia para determinar el valor de las propiedades”, explicó el agente inmobiliario. Pero “eso no siempre funciona así. Cuando hay algo tan particular como esta casa, eso se refleja en el precio”.

Según el director de la agencia, la pandemia de coronavirus llevó a muchas personas, y en particular las familias, a abandonar Londres para adquirir una propiedad más grande, lo que podría frenar la venta de este particular bien.

“En una situación como esta del COVID-19, (…) ya no hay tantos compradores”, se lamentó. Y aun “menos compradores para una propiedad única y particular como esta”. Pero no está tan desanimado del todo el agente londinense, pues afirma que “es chic, es bella, ¡y por eso esta casa se venderá!”.

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