jueves 22 oct 2020 | Actualizado a 16:59

Cultura mollo: Iskanwaya y sus reliquias renacen

Iskanwaya

/ 30 de septiembre de 2020 / 06:03

El sitio arqueológico apunta a convertirse en un atractivo turístico desde 2021, no solo en el país, sino en el mundo. Un lugar plagado de enigmas y de vestigios dignos de estudio

Aucapata significa “planicie en las alturas”. Iskanwaya, traducida del quechua al castellano, “dos casas, dos ecos a la deriva”. Sus nombres no son casuales, los vestigios de este centro arqueológico están cerca de las nubes, como suspendidos en el cielo.

Son reliquias de la cultura mollo. La Gobernación de La Paz realiza trabajos para preservarlas, para que ese lugar precolombino renazca, para el turismo y los académicos.

“En Iskanwaya trabaja la empresa Gallardo en componentes de conservación y ejecución. El gobierno departamental tiene invertidos unos Bs 7 millones. La compañía hace el mantenimiento y la reconstrucción de los muros. Nos tienen que entregar 95 estructuras restablecidas”, señala Deysi Rojas, directora de Culturas de la Gobernación. La anterior semana, el gobernador Félix Patzi visitó la zona para ver los avances y dijo que en las investigaciones se gastó Bs 1 millón. O sea, van Bs 8 millones en esta apuesta por la resurrección de este lugar.

Según investigaciones, Iskanwaya fue el centro urbano de la cultura mollo, que destacó por sus avances agrícolas y de ingeniería. Su legado está en el municipio de Aucapata, en la provincia Muñecas, a ocho horas en coche desde la ciudad de La Paz.

 Al llegar, resaltan sus construcciones de piedras, muchas parecen colgarse de las empinadas montañas. Un espacio mágico que siembra esperanzas en Patzi. “De aquí a uno o dos años será el más visitado, no solo de La Paz, sino de Bolivia y el mundo”.

Los trabajos que se implementan tienen cinco componentes: la investigación arqueológica; la conservación y la restauración; el desarrollo turístico; la gestión y la administración; y la sensibilización multisectorial. Los últimos tres se desarrollarán al siguiente año. “Este sitio es parte de la riqueza cultural en el departamento, aún guarda muchos misterios y tesoros. La empresa sigue excavando y ha realizado la prospección y el mantenimiento del complejo arqueológico, en el cual han encontrado cerámicas semiestructuradas y completas”, agrega la directora Rojas.

Este emprendimiento comenzó en 2018 y concluirá en agosto próximo, cuando se espera realizar una entrega de las piezas recuperadas a la Dirección de Culturas.

“Tenemos que remitir todo esto al Museo Comunitario de Aucapata, que cuenta con más de 4.000 piezas arqueológicas. Y hacer cumplir normas y reglamentos, como la Ley 530 de Patrimonio Cultural Boliviano y la Constitución, ya que este patrimonio pertenece a los bolivianos”.

Las piezas halladas fueron estudiadas en laboratorios de punta, como el de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

Entre las reliquias están las construcciones, las cerámicas, instrumentos líticos como batanes, morteros, mazos de moler, tapas de almacenes. Incluso restos óseos, pero en mal estado por la humedad de la región. Según datos de la Gobernación, hasta ahora son 76 cajas inventariadas con objetos de piedra que fueron recolectados y entregados por Patzi al Alcalde de Aucapata, para que pasen al repositorio.

En los trabajos se encontraron cerámicas semiestructuradas y completas, además de piezas líticas. Buena parte ya está en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Álvaro Valero

En los trabajos se encontraron cerámicas semiestructuradas y completas, además de piezas líticas. Buena parte ya está en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Álvaro Valero

En los trabajos se encontraron cerámicas semiestructuradas y completas, además de piezas líticas. Buena parte ya está en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Álvaro Valero

En los trabajos se encontraron cerámicas semiestructuradas y completas, además de piezas líticas. Buena parte ya está en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Álvaro Valero

En los trabajos se encontraron cerámicas semiestructuradas y completas, además de piezas líticas. Buena parte ya está en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Álvaro Valero

Visita. El gobernador Félix Patzi lideró la visita al lugar la anterior semana. Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Las construcciones de la ciudadela precolombina han resistido el paso de los siglos y parecen mecerse la en colinas empinadas de la provincia Muñecas de La Paz.. Foto: Álvaro Valero

UNA CULTURA BASTANTE AVANZADA

Los mollo fueron una cultura muy avanzada. Estudios indican que usaron la forma trapezoidal como diseño arquitectónico de Iskanwaya, donde las terrazas, estructuras,  puertas y ventanas tienen esta forma. “No se conoce la significación del trapezoide para los mollo, pero se especula que tiene raíces astronómicas, específicamente relacionada con la constelación de la Cruz del Sur, que es perfectamente visible desde Iskanwaya. Cuando se unen las cuatro estrellas de la Cruz del Sur con cuatro líneas imaginarias se forma una excelente figura trapezoidal”, escribe el médico Ivar Méndez, quien se dedicó a investigar los secretos precolombinos en estos parajes.

El arqueólogo Dagner Salvatierra, del proyecto de la Gobernación, da una explicación cronológica. “Los mollo están en un periodo intermedio tardío, que abarca desde la desintegración de lo que fue Tiwanaku, pasando por aspectos e interacciones con el periodo Inca. Es decir que entre el 1150 y el 1470 antes de Cristo”. Remarca que las investigaciones en Iskanwaya datan de los años 50. “Este complejo arqueológico presenta sectores habitacionales, ceremoniales, canales, muros de contención y terrazas agrícolas. La mayor cantidad de trabajos que se han realizado en ese sector provienen de contextos funerarios”.

La Gobernación cuenta con investigaciones de la empresa Arqlinne que determinan dinámicas culturales distintas de quienes habitaban estos sitios. “Iskanwaya se asienta en la ladera norte del río Llika y con una distribución de 95 estructuras que aún están en pie”. Para los años 50 y 60, el reconocido arqueólogo Carlos Ponce Sanginés (el museo local lleva su nombre) dividió el sector en las áreas A, B y C. “Dicha sectorización se mantiene como línea de referencia para estos trabajos. Las averiguaciones continúan y se entregó el componente de investigación arqueológica.

Estamos hablando de unas 12 hectáreas aproximadamente”, remarca Salvatierra. Un tema que hace notar Méndez es que el desarrollo de la técnica hidráulica para el riego de sus terrazas de cultivo y el abastecimiento de sus ciudades logró niveles superiores de ingeniería con la edificación de reservorios y canales de riego en las casi verticales y profundas laderas de las quebradas cordilleranas.

“El dominio de los pisos ecológicos para una producción agrícola de asombrosa variedad y abundancia no igualada hasta la fecha, fue la plataforma económica que sostuvo la cultura mollo por más de 700 años. Altos niveles de organización social se evidencian en la abundante producción de cerámica de la más alta calidad artística y la construcción de complejas ciudades de piedra”.

Las construcciones mollo aún guardan misterios. Lo que se conoce es que el material de los conjuntos arquitectónicos es de piedra pizarra o laja mezclada con fenoandesita, utilizando como mortero de construcción arcillas impermeables. “La calidad de las paredes es excepcional tanto por sus dimensiones como por su bella superficie, que armoniza perfectamente con la ladera de la quebrada”, escribe.

Hay muchos enigmas que desentrañar en Iskanwaya y Patzi apuesta que eso será una carnada para académicos de Bolivia y el mundo. Mientras tanto, los pobladores de Aucapata sueñan con un mejor futuro con la industria sin chimeneas, con un pasado que emerge a 4.800 metros sobre el nivel del mar.

El pandémico sabor clandestino

El proyecto de cocina de autor no solo aplica medidas de bioseguridad, sino que reflexiona sobre la alimentación en estos tiempos

Creador. Marco Antonio Quelca, el "casero mayor" de Sabor Clandestino, esperando con toallitas húmedas y alcohol a los comensales

Por Miguel Vargas

/ 21 de octubre de 2020 / 05:04

La comida callejera, la principal inspiración del colectivo gastronómico Sabor Clandestino, parecía herida de muerte cuando estalló la pandemia del COVID-19. Marco Antonio Quelca, cocinero y artista fundador de este colectivo, quien se encontraba con parte de su equipo trabajando en España en un programa que les permite capacitarse y practicar en temporada alta, vio que años de trabajo estaban en riesgo con las restricciones de bioseguridad, tanto para regresar a Bolivia como para seguir creciendo en sus proyectos. Entonces llegó la hora de reinventarse, una vez más.

Sabor Clandestino es un proyecto que nació en La Paz, producto de la reflexión y de la acción, de los saberes ancestrales en comunión con las más recientes técnicas de cocina, de la utilización de materia prima que está al alcance de todos, pero en formas insospechadas. Es una invitación para pensar, degustar y dejarse llevar.  

“El respeto por el tiempo y espacio me lleva a poder explorar algo más que insumos o productos de cada región y temporada, mis ojos están dirigidos sobre la cultura de lo cotidiano, la comida de calle, lo noble de la humildad y mis propias experiencias”, explica Quelca, —el casero mayor— quien ha destacado en diferentes cocinas nacionales e internacionales, así como en la creación de propuestas artísticas relacionadas con lo culinario.

Sabor Clandestino dio vida al proyecto Somos Calle, que nació cuestionando las tendencias actuales de la cocina de autor. El objetivo es “extraer propuestas ‘creativas’ de las cuatro paredes del restaurante” que resulta prohibitivo para la población popular, ya sea por los altos precios o por reglas de clase como la vestimenta, para ofrecer propuestas de manera gratuita, empleando la esencia de la comida de calle boliviana, brindando nuevas opciones al comensal de a pie y generando curiosidad para comer diferente.

Para poder subvencionar esto es que nació Cascándole, una experiencia gastronómica que busca llevar la creatividad culinaria a espacios abiertos y accesibles, para transmitir una cocina de compartimiento y no así una excluyente.

“Es itinerante, versátil por su temática, transversal por cubrir temas de interés social actual. Si bien se emplean técnicas conceptuales como la deconstrucción y reinterpretación, o el empleo de platillos muy populares, también se recurre a los productos considerados ‘humildes’ para realizar nuevas propuestas y aportar el concepto de comer nuestros productos, proponiendo nuevas opciones culinarias con base y fundamento en la cocina madre paceña y boliviana. El resultado final es una cocina de autor con raíces”, explica Quelca sobre su propuesta.

Desde 2014 que el proyecto fue creciendo: comenzó en una serie de cenas en la casa Hermanos Manchego, después pasó a miradores dentro de la ciudad, como El Montículo, después avanzó a temporadas completas en otros miradores más alejados en que se lleva a los comensales en un micro y nacieron finalmente las cenas en el mismísimo hogar del Sabor Clandestino. Cada elemento sensorial se fue potenciando y llegando a más adeptos. Sin embargo, la irrupción de 2020 trajo consigo la pandemia del coronavirus, existía el temor de no poder regresar al país y quedarse atrapados en España. Había miedo. Pero el momento resultó perfecto para recrearse. 

Una entrante en que se puede comer hasta el envase

Un sucumbé con sabor a coco

El precio de la experiencia es de Bs 380. Para contactos, escribir al 591 70548279.

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel Vargas

Foto: Miguel vargas

Nada es lo que parece en este viaje gastronómico: un vaso de refresco con la linaza de las 10.00

Nada de lo que se ve es lo que parece en la cocina de Sabor Clandestino

Nada de lo que se ve es lo que parece en la cocina de Sabor Clandestino

En las faldas del cerro de Cotahuma, Marco Antonio Quelca realiza un ritual de agradecimiento

Preocupaciones pandémicas

Después de varios meses, el micro azul nuevamente estaba listo para partir. Era el primer sábado de octubre y a las 11.30 aún se esperaba a un par de comensales atrasados. A pesar de la tensa calma de la “nueva normalidad”, las expectativas del grupo estaban a flor de piel. Ahora eran menos: 10 personas, para mantener el debido distanciamiento físico, cuando lo usual era transportar a 20 para que vivan la experiencia. “No ha sido malo del todo, pues para eventos privados teníamos un mínimo de 10 personas como requerimiento, y ahora se puede hacer la experiencia privada con un mínimo de seis, lo que han agradecido muchos de los caseros”, contaba Quelca.

El micro fue previamente sanitizado y Quelca esperaba en la puerta con un difusor de alcohol y toallitas húmedas para una desinfección constante de manos. Y es que había varios platillos que se comerían con las manos, así que ninguna precaución estaría de más.

El uniforme —pasamontañas negro con el traje blanco, híbrido entre la filipina tradicional de los chef y los trajes de las comideras— ha sido siempre característica del colectivo. “Antes yo lavaba autos y he tenido que usar pasamontañas para que no me reconozcan mis compañeros del colegio”, relataba Quelca ya en el bus. El uso ahora era un homenaje a los lustrabotas y estaba relacionado con el rechazo a la figura del chef como “estrella”.

El primer tiempo se degustó en el mismo bus y surgió de estas reflexiones pandémicas: la comida para entrega en casa. Si en anteriores versiones la crítica iba sobre el abuso de los productos plásticos que contaminan el medio ambiente fomentando el reciclaje y la reutilización, ahora la pandemia elevó al plástico al carácter de imprescindible. La respuesta de Sabor Clandestino: Hacer una comida en que hasta el envase resulte comestible.

El bus llevó a los comensales hasta el mirador de Laka Uta, de Cotahuma, donde la cocina y la mesa se habían instalado. Todos portaban barbijos, pero como el encuentro era al aire libre, bajo un radiante sol y rodeados de árboles, y con la suficiente distancia entre unos y otros, se disiparon de a poco todos los temores. La tensión pandémica fue aflojando poco a poco aliviada con agua con gas, limón, manzanilla y un buen k’aj de licor de coca, tras el tributo a la Pachamama.

La degustación continuó con una serie de platillos producidos con la meticulosidad de un laboratorio: se había pensado en que los ingredientes que se utilizarían se aprovecharían al máximo; en vajilla que fue creada exclusivamente por artesanos locales, así como la forma en que se haría el emplatado. Un ritual cerró la jornada a eso de las 14.00,  en un claro entre los árboles, Quelca hizo una ofrenda al cerro de Cotahuma que había permitido que se realice allí este almuerzo. Leyendo un texto que ha escrito en su libro, el “casero mayor” recordó cómo fue que el miedo llegó al barrio tras los deslizamientos de 1996 y que fueron los árboles los que sanaron la tierra y disiparon los temores de los vecinos, convirtiéndose ese espacio en un lugar de encuentro. Que así también desaparezca la amenaza del COVID-19 en los corazones de los paceños, como ha desaparecido el sorbete de eucalipto en las gargantas de los comensales.  

A la hora de presentar a los cocineros artífices de tan singular almuerzo, cada uno se quita el pasamontañas… y se pone el barbijo; cosas de la pandemia. Con Quelca estuvieron en este servicio Lizbeth Cuentas, Rubén Armando Mamani, Martín Loría, Javier Quispe, Samiri Campos, Williams Condori, Moises Bernabé y Bryan Palenque.

Nuevos proyectos

Si la existencia de la comida callejera estaba en peligro, ahora el colectivo impulsa su transformación. Por ello es que Quelca ha encabezado la capacitación de personas interesadas en comercializar comida rápida en la vía pública en la Escuela Taller de Sabor Clandestino. Lo que se busca es crear productos nuevos que cuenten con ingredientes nutritivos y de gran sabor para mejorar la alimentación de los paceños. Muy pronto, los carritos circularán por las ciudades de La Paz y El Alto.  Por otro lado, el colectivo se va de tour. Primero estará en Santa Cruz el 31 de octubre —la recepción ha sido increíble, hemos llenado tres días de la experiencia a las dos horas del lanzamiento— y en Cochabamba estarán desde el 7 de noviembre. “Llevaremos una base de nuestra propuesta, pero en cada contexto se generará una diferente, acorde con cada lugar”, promete el guía de este viaje culinario.

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Videntes: Marca del destino

Ubicados en 12 casetas junto al Cementerio General, estos adivinos vieron que sus capacidades se acrecentaron cuando perdieron la vista. Son un ejemplo de resiliencia

Creencia. La magia blanca es la especialidad de Aydi, quien señala que su deber es ayudar a almas afligidas para que encuentren paz y puedan evolucionar

Por Liliana Aguirre

/ 21 de octubre de 2020 / 05:03

En las afueras del Cementerio General se forman 12 casetas de adivinos. El 12 simboliza el orden y el bien, según la numerología, y también está presente en la religión con los apóstoles de Jesús. Quizá sea una casualidad que sean 12 estas personas que aseguran ver el futuro y la suerte en temas como el amor, la salud y el dinero. Lo que no es casual es que estos adivinos además son personas que viven con una discapacidad visual, por lo que hace tres décadas decidieron apostarse en el lugar para ofrecer sus servicios mágicos, en una sociedad en que sobrevivir es mucho más difícil para una persona no vidente.

Cornelio Yagua tiene 70 años y está casi tres décadas en el lugar. Nació en Tarabuco, Chuquisaca, y a los 12 años perdió la vista. “Me trajeron a La Paz y me operó el famoso doctor Javier Pescador Sarget, pero no pude ver porque dijeron que tenía cataratas al nacer que se complicaron porque pasó mucho tiempo”, explica quien cree que su mal se dio porque cuando era niño vio cómo cayó un trueno en los campos que sus padres labraban.

Cornelio asegura que, desde aquella vez, sus sentidos se agudizaron y le dieron poderes divinos para ver cosas que los demás no pueden ver. Lo que sí es evidente es su agilidad y capacidad para moverse sin más ayuda que la de un bastón para llegar solo desde Viacha hasta el Cementerio General, a diario, para subsistir leyendo la coca. Él se comunica en español, quechua y aymara sin problema alguno, algo que le ha ayudado mucho en su oficio.

Cornelio Yaguar, quien atiende consultas en tres idiomas. Foto: José Lavayén

“Hace 30 años que trabajamos aquí. Este trabajo no es fácil porque se gana Bs 10 por una lectura. Entonces, ¿cómo hacemos para sobrevivir? Con la pandemia las cosas se pusieron peor, porque la gente no quiere venir por miedo. A veces no hay ni para comer”, revela el adivino, quien en un espacio de un metro por un metro espera paciente a que algún cliente llegue.

Yagua no es el único con una historia para compartir. Lucía Jaimes, más conocida como Aydi, tiene 50 años y da fe de que puede conocer el futuro a través de la lectura de cartas. Sus cartas son circulares, tiene baraja española y tarot, y en cada una de ellas hay relieves hechos a punta de pinchazos de aguja para que las reconozca con el braille, un sistema de lectura y escritura táctil pensado para personas que no pueden ver,  ideado a mediados del siglo XIX por el francés Louis Braille, que se quedó ciego debido a un accidente de niñez mientras jugaba en el taller de su padre.

En la caseta 12, que es la que atiende Aydi, hay una litografía de una Sagrada Familia en la que el niño Jesús es sostenido amorosamente por María y José. “Yo solo hago trabajos para el bien porque mi objetivo es ayudar a los otros, como el Señor lo manda, no hago trabajos de maldición”, recalca. Ella perdió la vista a los 17 años y es una superviviente de un intento de feminicidio, en el que su exesposo la agredió echándole ácido en el rostro.

“Desde niña era perceptiva y cuando me llegó la ceguera adquirida, mis capacidades sensoriales se agudizaron. Mi pareja me volvió ciega y en un principio tenía mucho dolor y hasta ganas de matarlo. Mi cuerpo y alma estaban ciegos totalmente, pero después de eso me di cuenta de porqué estoy acá y la misión que Dios tiene para mí, que es ayudar a otros. No guardo odio hacia el agresor, él estuvo en la cárcel un tiempo y salió”, narra la madre de tres hijos, quien dice sentirse bendecida por sus retoños, los cuales ya tienen estudios superiores y a quienes formó con su trabajo duro en la caseta pintada de naranja.

“Al principio me pesaba el prejuicio y el qué dirán. Mi mamá averiguó sobre la existencia de un centro para personas no videntes y me dijo que allí podía aprender a leer y escribir. Fui por si acaso y en el centro las personas caminaban solas, hasta manejaban bicicleta y entonces me sentí libre. Así lo logré, me muevo sola y mis hijos nunca fueron mis lazarillos”.

La adivina explica que las plantas son sus aliadas en los trabajos en los que busca sanar el cuerpo y el alma de las personas. El precio de su consulta ronda los Bs 10.

Marks Canaviri Choque lee las manos y las hojas de coca. Este consejero espiritual de más de 50 años proviene de una comunidad de la provincia Los Andes, de La Paz. Cuando tenía 26 años, un golpe le generó un desprendimiento de retina que lo dejó sin visión. “Aunque quedé ciego de adulto, desde mis dos años y medio podía ver personas muertas caminando entre las vivas. No me generaban miedo los espíritus y les decía eso a mis padres. En este oficio no se trata de trabajar por trabajar, hay que tener un don especial”, dice muy serio y cubriendo sus ojos con lentes oscuros.

Marks Canaviri Choque, quien asegura que su comunicación con espíritus de otro plano se da desde que era un niño de dos años y medio de edad. Foto: Álvaro Valero

Estos magos o videntes, como se denominan, recordaron que las casetas existen gracias a una resolución edil durante el gobierno de Jaime Paz Zamora que estipulaba la disposición de estos espacios desde la puerta del camposanto para personas que viven con discapacidad visual.

Según datos estadísticos del Instituto Boliviano de la Ceguera, del 100% de personas que viven con discapacidad visual, un 58% son menores de edad, de 0 a 17 años de edad. Los más afectados son varones, un 55% del total, mientras las mujeres ocupan el restante 45%. Hace unas semanas, este sector marchó por el centro paceño en demanda del bono de Bs 1.000 que beneficie a los ciudadanos con cualquier tipo de discapacidad y fueron reprimidos con gases lacrimógenos.

“Nosotros trabajamos duro y somos autosuficientes, pero una ayuda es necesaria para muchas personas que viven como nosotros sin poder ver”, agrega Yaguar.

El afamado escritor argentino Jorge Luis Borges quedó ciego a sus 55 años y siguió creando. Él decía que “el mundo del ciego no es la noche que la gente supone” y atribuía a estas personas el ser muy valerosas. Ese valor es el que transmite cada una de las historias de los videntes del Cementerio General, que si bien creen en el destino, ellos también han sabido forjárselo.

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Todos somos ‘pandemials’

Los besos y abrazos han desaparecido, como los dinosaurios. La pesadilla, el miedo, la ansiedad y la incertidumbre se apoderan del mundo. ¿Es usted ‘pandemial’ o acaso lo somos todos?

Eso de andar “codo a codo” parece haber desaparecido por completo

Por Ricardo Bajo

/ 21 de octubre de 2020 / 05:02

Una mujer tiene pesadillas de multitudes sin barbijo, un niño hace meses que no juega con sus compañeros en la escuela, un adulto mayor lleva sin salir a la calle, pasear y tomar el sol desde marzo, un joven se ha quedado sin fiesta de promoción y sin celebraciones en la primavera de su vida y una oficinista teletrabaja más de la cuenta y ha perdido la conexión con sus colegas. Son “pandemials” a la boliviana. Los “millennials” y los “centennials” forman parte del pasado, ha llegado la hora de los “pandemials”. El nuevo concepto acuñado por la sociología, la psicología y la antropología ha roto también las barreras de edad pues se muestra como un término transgeneracional. Los “pandemials” son todas aquellas personas cuyas vidas, trabajo, relaciones, prioridades y forma de estar en el mundo han cambiado radical y profundamente por la llegada del coronavirus y las diversas cuarentenas posteriores.

La generación “pandemial” tiende a un mayor pesimismo/ansiedad/depresión y no tolera el peso de la incertidumbre. No poder saber ni cuándo ni cómo terminará el virus se hace insoportable, afectando incluso a su propia estabilidad psíquica y emocional. El tiempo de la  invulnerabilidad ha terminado. Una vida con riesgos detrás de cada esquina o espacio cerrado está provocando traumas permanentes.

El espacio personal es cada día más importante. Foto: Ricardo Bajo

La incógnita es saber si esos daños serán reversibles para la gran mayoría en un par de años cuando pase el temblor. La duda pasa por comprobar en nuestras pieles la capacidad innata que tenemos de recuperarnos y hacernos más fuertes, esa resiliencia con la que venimos al mundo de las epidemias y las pestes desde el origen de los tiempos.

Los consultorios de psicología y psiquiatría en Bolivia han visto aumentar las inquietudes sobre salud mental. El psicólogo clínico cruceño Miguel Ángel Áñez la tiene clara: “El ser humano no gusta de la incertidumbre y la reacción a la misma varía de persona a persona en función de la historia individual. Hay unos que se adaptan mejor a los cambios que la pandemia impone y otros que tienen más dificultad en hacerlo. Lo que vengo observando en los últimos meses es un cambio de humor, es decir, la gente está más intolerante a las contradicciones del día a día sea con la pareja, hijos, amistades o vecinos”.

Trabajo. Las normas de bioseguridad, incluyendo el distanciamiento físico, ahora forman parte importante de la vida laboral cotidiana. Foto: Ricardo Bajo

Los efectos más preocupantes a largo plazo serán sufridos por la niñez y la adolescencia. Los niños y niñas junto a los jóvenes que se han visto privados de las clases presenciales y la educación junto al resto de compañeros verán sus facultades de interactuación y sociabilidad tocadas, incluso soportarán un déficit educacional que afecte a su inserción laboral, más acentuado en las clases populares que ni siquiera han podido acceder a una educación a distancia. La incapacidad de las autoridades del Ministerio de Educación solo ha servido para acrecentar esa grieta.

El incremento de la vida digital —proceso que ya venía “in crescendo”— es el remate para unas generaciones que verán sus capacidades sociales mermadas, lo que nos llevará a un mundo menos empático, más aislado, egoísta y conservador. Los niños y niñas junto a los adolescentes son también los más proclives a padecer problemas de insomnio, dificultad para concentrarse o adquirir hábitos violentos y/o antisociales. Se desconoce sin embargo, a ciencia cierta, cómo esta niñez criada en la distancia social y el uso de barbijos va a ver afectado su comportamiento en el futuro.

La juventud entre los 16 y los 30 años también verá saboteados sus deseos de emancipación, incluso la demografía puede ser alterada pues la crisis estructural de la economía hará más difícil la decisión de tener hijos. Las brechas sociales entre ricos y pobres (y países pobres y ricos) se agrandarán. La adaptación y la flexibilidad de las nuevas generaciones es el único punto positivo.

Foto: Ricardo Bajo

Y si la niñez y la adolescencia han visto cambiada la forma de aprender, los adultos asisten de repente a unos modos de empleo inéditos. El teletrabajo ha elevado los niveles de estrés, la “esclavitud”,  la despersonalización de las relaciones laborables y una pérdida incluso del sentimiento de conciencia de clase.

Los adultos mayores verán su esperanza de vida afectada por un sedentarismo obligado. El encierro está teniendo consecuencias en cuanto a la necesaria vida cotidiana al aire libre que tiene aspectos positivos como la vitamina D que proporcionan los rayos solares.

¿Y cómo nos está cambiando sin darnos cuenta la falta de besos y abrazos? ¿Cómo está modulando nuestro cerebro la ausencia de sonrisas y expresiones faciales detrás de un barbijo y una máscara de plástico? ¿No da un poco de miedo la rapidez con la que hemos adquirido casi inconscientemente ya el alejamiento del otro, el miedo al cuerpo del otro? ¿Por qué damos un salto de dos metros cada vez que alguien osa acercarse sin las medidas de bioseguridad pertinentes? ¿Habrá una “vacuna” para curarnos de esas cicatrices que no se ven? ¿Qué consecuencias duraderas dejará la hiperconexión junto al exceso de trabajo/educación/ocio digital con tantas videollamadas y “zoom” por doquier? ¿Dejaremos de ser “pandemial” a pesar de estar vacunados?

La ansiedad también atraviesa todas las edades: cuanto más ansiosas son las personas, más pesadillas sufren, especialmente durante los peores meses de cuarentena rígida. La mitad de nuestros sueños se han vuelto pesados y oscuros, la gran mayoría alrededor de la muerte. La acumulación de emociones negativas como tristeza, ira, intensidad y ansiedad se traducen luego en la noche en pesadillas traumáticas donde reina la impotencia, malos sueños que han afectado y afectan más a las personas que han estado y están en la primera línea de batalla contra el virus: los hombres y las mujeres de la medicina, los y las enfermeros y las profesiones esenciales, incluidas el periodismo.

¿Cómo lidiar con este estrés emocional? Los expertos en sueño dan algunos consejos. El exceso de estímulos nuevos, la sobresaturación de información y opinión negativa sobre la enfermedad y la preocupación constante nos obligan durante el descanso a imaginar situaciones donde encontramos tranquilidad. Si los malos sueños son reiterados, el estrés emocional gana la batalla y las pesadillas se vuelven cotidianas.  Desconectar es la salida. ¿Quién no tuvo algún mal despertar en las peores semanas del confinamiento estricto? Soñar con nuevas formas de actuar y comportarse también colabora en nuestra capacidad de aprender a vivir en este nuevo mundo que llegó para quedarse un par de años.

Lo que sí será más difícil de vencer será la pandemia de la desigualdad y la pobreza que se ceban en las mujeres. En el mundo ellas son todavía más frágiles, no ocupan la mitad de los puestos de poder aunque son la mitad de la población. Acusan mayor violencia e inseguridad y tienen los peores trabajos, concentrando los que ni siquiera son remunerados como la casa y los cuidados, muy tocados especialmente por una pandemia que ha llegado para exacerbar estas diferencias y tratar de sepultar en un mundo dominado por el conservadurismo con los derechos conquistados.

Según datos de Naciones Unidas, el próximo año habrá un 11% más de mujeres pobres en el planeta. En todo el mundo durante este encierro permanente ha crecido drásticamente la violencia machista y los feminicidios por la convivencia obligada de víctimas y agresores. Mientras los hombres deciden en las esferas de poder, las mujeres en la primera línea de la batalla no son escuchadas. Solo el 3% de los organismos al nivel mundial que han tomado y toman decisiones sobre el coronavirus son paritarios. La pandemia ha llegado para retrasar, ralentizar y atrasar todos los objetivos del Millenio. Las políticas de lucha contra las desigualdades (de género, de clase, de raza…) han dejado de ser urgentes.

Mientras poco a poco tratamos de volver a la cotidianidad en la llamada “nueva normalidad”, mientras los miedos son lentamente derrrotados, comenzamos a vislumbrar también los aspectos positivos que ha dejado la pandemia como es la revalorización de virtudes como la austeridad, el esfuerzo, la familia, la sobriedad. El psicólogo Áñez añade dos más: la salud y la necesidad de escucharnos: “en cuanto a la vulnerabilidad, la pandemia nos muestra la fragilidad de la vida y eso nos torna más preocupados con la salud, lo cual es una gran ganancia para todos ya que por primera vez muchísimas personas se han dado cuenta de que cuando se pierde la salud todo queda secundario. Esto de por sí ya es una gran ganancia. La otra se centra en nuestra capacidad de escuchar: en tiempos difíciles y de cambios, escuche a su pareja. Escuche a sus hijos. Escuche a sus padres. Escuche a sus amigos. Escuche a sus vecinos. Escuchar es una actividad curativa. Escuchar es la base de todas las terapias”.

Los rasgos característicos de los “pandemials” son respuestas coyunturales que tras la llegada de una vacuna desaparecerán. ¿Tienen los “pandemials” una fecha de caducidad? Probablemente, sí. Probablemente, todos somos “pandemials” en este momento aunque muchos no lo sepan.

Foto: Ricardo bajo

Test: ¿Es usted ‘pandemial’?

Uno: ¿Ha salido de su casa dos veces al mes o menos?

Dos: ¿Tiene miedo y/o flojera de salir a la calle a pesar de mantener la distancia social y/o usar barbijo?

Tres: ¿Ha reducido su vida social a sus relaciones digitales estrictamente y no tiene contacto físico ni siquiera con sus familiares y/o pareja?

Cuatro: ¿Tiene pensamientos negativos, pasivos o depresivos desde el comienzo de la cuarentena?

Cinco: ¿Cree que el coronavirus ha cambiado su vida para mal de forma permanente?

Seis: ¿Tiene miedo de tomar un zumo de naranja en la calle?

Si ha respondido sí a más de tres preguntas, usted es ‘pandemial’. No se preocupe, la etiqueta será probablemente pasajera.

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Equinoccio: El renacer del fénix

Tras enterarse del incendio de la Casa del Rock, artistas se reunieron para contribuir con su reconstrucción

Por Miguel Vargas

/ 21 de octubre de 2020 / 05:01

Las iniciativas de los artistas no se hicieron esperar tras que un incendio afectara la madrugada del domingo 4 de octubre las instalaciones de Equinoccio, “la Casa del Rock”, en la Av. Sánchez Lima de Sopocachi. Se ha lanzado a la venta una botellita con cenizas de las paredes del pub paceño por Bs 50, se organizó un taller de batería y esta noche habrá un concierto por Streaming. Todo para ayudar a reactivar este espacio.

“La mañana del 4 de octubre fue trágica porque nuestro templo del rock paceño había sido devastado por las llamas. Ni bien nos enteramos, acudimos al lugar y vimos tristemente que la herida causada era muy grande”, cuenta Jherson Burgoa, integrante de la banda Astrofónicos.

“Vimos cómo las paredes de madera que podrían contar muchas historias nuestras estaban quemadas y nos dimos cuenta de que a pesar de todo el dolor, debíamos actuar”. Fue así que le pidieron al administrador, Diego Valdivia, que les regalara un pedazo calcinado de pared y con Jannine Landívar e Irina Sempértegui llenaron 200 botellitas con esas cenizas para venderlas a Bs 50. Todo lo recaudado va directamente a la cuenta de Limberth Alarcón, dueño de Equinoccio.

El frasquito con cenizas de las paredes calcinadas tiene un costo de Bs 50. Foto: Equinoccio

“La motivación ha sido la empatía con Limberth Alarcón y Diego Valdivia, amigos desde Caza Duende y Target. La noche siempre nos ha tenido vinculado al Equi”, cuenta el músico Iván Gumán J., quien dará un taller de batería para rock. “Decidí organizar un taller dedicado al rock.

Serán cuatro sesiones grupales los fines de semana de octubre. Tocaremos temas que usualmente se dan y otros que quedan cojos”, explica el músico. Entre los tópicos estarán el groove, la afinación para los distintos estilos del rock y técnicas de manos y pies. El taller está dirigido a los niveles básico, intermedio y avanzado. Habrá un certificado de participación. Para más datos, escribir al 70523030.

Artistas reunidos en 2019 por el aniversario de Equinoccio. Foto: Equinoccio

El estudio especializado en masterización de audio Lado B, de Marcelo Navía, anunció que donará el 10 por ciento de sus recaudaciones para la causa este mes. Martino Alvéstegui, de Submarine Productions, presentará hoy, a las 18.00, en Sesiones en el Submarinoal Dúo MoreZales a través de Facebook Live de la página de Submarine Productions. Los aportes se recibirán en la cuenta 469388-401-8 del Banco Bisa, a nombre de Limberth Alarcón (CI 4294521).

El incendio causó graves daños materiales, pero afianzó la amistad de los artistas, que volverán a levantar, juntos, la Casa del Rock.

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Ed Roberts, por los derechos de personas con discapacidad

El activista nació el 23 de enero de 1939. A los 14 años contrajo polio, dos años antes de que la vacuna Salk pusiera fin a la epidemia.

Ed Roberts

/ 21 de octubre de 2020 / 05:00

La gente viene a mí y dice que preferiría estar muerto que ser como yo”, contó Ed Roberts en la película Free Wheeling. “Y se lo pierden tanto porque la vida es una gran alegría”. Roberts fue el primer estudiante que utilizó una silla de ruedas para asistir a la Universidad de Berkeley. Fue pionero del movimiento por los derechos de las personas con discapacidad.

El activista nació el 23 de enero de 1939. A los 14 años contrajo polio, dos años antes de que la vacuna Salk pusiera fin a la epidemia. Durante 18 meses estuvo en hospitales y regresó a su casa paralizado del cuello hacia abajo, con excepción de dos dedos en una mano. Dormía en un pulmón de hierro y sobrevivió sin este gracias a la “respiración de rana”, técnica para forzar la entrada de aire a los pulmones utilizando los músculos faciales y del cuello, reseña Wikipedia.

Asistió a la escuela por teléfono hasta que su madre le pidió que vaya una vez a la semana. Allí enfrentó el miedo a ser juzgado y decidió dejar de verse como un “inválido indefenso”, para ser una “estrella”.

En la secundaria se le negó un diploma porque no podía llevar educación física o pasar la clase de manejo. Roberts presentó una petición para obtener su diploma y ganó, cuenta el portal ahoramismo.com.

Tras obtener un título de asociado del Colegio de San Mateo, se convirtió en el primer estudiante con discapacidad grave en asistir a la Universidad de California, Berkeley, en 1962. Allí obtuvo una licenciatura y el grado de Maestría. También enseñó ciencias políticas. Es considerado el padre del movimiento de vida independiente (Independent Living Movement). Murió el 14 de marzo de 1995. En homenaje, la silla de ruedas de Roberts se luce en el Museo Nacional de Historia Americana.

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