FIL Santa Cruz 2018, tiempo de escritoras

La feria del libro cruceña se inauguró el 30 de mayo y culmina hoy. Las mujeres tuvieron un rol destacado.

Niños. El espacio dedicado a los pequeños tiene muchas actividades. Foto: FIL

Homero Carvalho Oliva / Escritor y gestor cultural 12/06/2018 07:40 PM

Dicen que las tradiciones se hicieron para romperlas. Este año no asistí a la inauguración de la décimo novena edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Santa Cruz, que no me perdía desde de su inicio, 1999, porque decidí participar en la presentación del libro de Paul Archer, un joven y talentoso escritor que me convenció de que a su generación no le interesan los actos oficiales. No me arrepiento, en vez de escuchar dos horas de tediosos discurso de autoridades que auspician la FIL me involucré en una puesta en escena, rock and roll incluido, del libro de cuentos Simulaciones de Paul.

Como ya es costumbre en estas fechas, los vientos fríos del sur llegaron junto con los libreros y escritores. Este año se dieron cita 97 expositores, 50 escritores extranjeros, junto a más de 180 nacionales y se presentaron más de 100 libros. El país invitado fue Cuba, que trajo una gran delegación de autores y el municipio convidado de honor fue Samaipata, que celebró en la FIL los 400 años de su fundación con un libro homenaje.

A partir del segundo día de la FIL (31 de mayo) retomé mi rutina anual de recorrer los pabellones, visitar los estands, conversar con editores, libreros, escritores, poetas, ensayistas y, por supuesto, escuchar a colegas en sus respectivas presentaciones, así como presentar libros de escritores amigos; como anécdota personal le cuento que un libro mío que tenía que presentarse nunca llegó, se extravió en algún lugar de La Mancha.

Los primeros días hice de guía de Viviana Díaz, una joven y bella periodista cubana, corresponsal de Prensa Latina, a quien no se le podía negar una información. Como siempre recibí muchos libros de obsequio, intercambié otros, compré algunos, incluso uno de Antonio Gramsci que venía en una caja con polera incluida.

Lo más destacado

Los escritores invitados de honor fueron Margo Glantz, octogenaria escritora y ensayista mexicana, junto a Sami Nair, filósofo y politólogo argelino, quienes tuvieron su propia agenda de conferencias. Sin embargo, creo que las grandes protagonistas de la FIL Santa Cruz fueron las escritoras, cuya presencia fue muy estimada en los principales eventos.

El Festival de Poesía, por ejemplo, este año fue dedicado a poetas mujeres, entre las que podemos destacar a Lina de Feria (Cuba), Andrea Cote (Colombia), Verónica Zondek (Chile), Laura Yasan (Argentina), Chary Gumeta (México) y las bolivianas Matilde Casazola, Vilma Tapia, Norah Zapata, Marcia Mogro, Camila Urioste, Blanca Garnica, Gigia Talarico, Alejandra Barbery, Claudia Vaca, Fanthy Velarde y Silvia Rosza, además de otras jóvenes que participaron en otros eventos como el encuentro de la Plataforma Colectivo Liberoamérica, que reunió a las jóvenes poetas Isabel Suárez, Daniela Lu Gonzales, Melissa Sauma, Marcia Mendieta, Lucía Carvalho, Joanna Victoria, Albanella Chávez y otras.

El II Encuentro de Narrativas estuvo dedicado a “nuestros queridos monstruos”, tema que también sirvió de inspiración para el Pabellón Infantil que, sin duda alguna, marca la diferencia con otras ferias por la gran cantidad de actividades que concentra para los pequeños. En este encuentro, además de Margo Glantz, hay que destacar la presencia de María Negroni y Betina González (Argentina), Mónica Ojeda (Ecuador), María Elena Llana (Cuba), Katya Adual (Perú), María José Navia (Chile), quienes junto a las bolivianas Magela Baudoin, Giovanna Rivero, Rosario Barahona y Liliana Colanzi hicieron mayoría frente a seis narradores.

Por primera vez en Bolivia se realizó un encuentro de microficción, en el que participaron narradores de Perú y Bolivia; hasta Santa Cruz llegaron los peruanos Mario Guevara y Rony Vásquez, que junto con los bolivianos Eliana Soza, Waldo Varas, Miguel Sequeiros, Sisinia Anze, Sandra Velasco, Jorge Kalaf y Miguel Sequeiros motivaron a estudiantes con sus pequeñas historias y sus experiencias en este género.

Literatura y feminismo

Uno de los conversatorios que reunió una cantidad promedio de público, a diferencia de otras presentaciones y mesas redondas que no pasaron de 10 personas, fue el convocado bajo el título de Mujeres que escriben: Literatura y feminismo, en el que participaron poetas y narradoras que hablaron de los problemas que tienen que enfrentar en una sociedad machista. Una de la conclusiones fue que las escritoras, al igual que en otros oficios, tienen que trabajar el triple para poder visibilizarse. A propósito de este tema, en el café de la FIL conversamos como unos amigos acerca de un panfleto en el que un grupo de “haters” intentaba descalificar a varias poetas solamente por ser compañeras y/o hijas de escritores, así como por participar del taller de poesía de un poeta chuquisaqueño. El panfleto es una calumnia machista que refleja la misoginia y miseria moral de los autores, que ya en otra oportunidad acusaron a una jovencita de haber ganado un concurso por ser amante de alguien.

Nuevas voces, mismos ámbitos

Entre tantas presentaciones, la mayoría de escritores reconocidos que lo hacen todos los años, de los cuales ya se ocupó la prensa, vale la pena mencionar los libros de las nuevas generaciones de escritores: Áticos sonoros, de Micaela Mendoza; Haikus y otros drinks, de Waldo Varas; Catalina y su ángel, de Nahomy de la Zerda; Antología poética-narrativa del Colegio de la Sierra, compilación de Pablo Carbone; Fiesta equivocada, de Lucía Carvalho; Flores de invierno, de Ángel Veizaga; Incendio bajo el agua, de Claudia Vaca; Antología Macabro festín, varios autores; El latido de mis huellas, de Ramiro Jordán; Eufi, de Bárbara Antelo y Días de mermelada, de Mariana Ruiz.

Crear nuevos públicos

Se gasta mucho dinero para traer a destacados escritores internacionales y nacionales; sin embargo, no asiste una buena cantidad de público a sus conferencias y encuentros; la mayoría de las veces la mitad de los asistentes fueron los propios escritores y/o poetas invitados; algo está fallando. Quizá la organización de la FIL no está agotando los esfuerzos para generar un nuevo público, pocos jóvenes van a los encuentros oficiales. Habría que establecer convenios con colegios y universidades para que acudan a determinados eventos, no solamente dejarlos ingresar de manera gratuita. Los poetas y narradores invitados podrían brindar charlas literarias o dirigir talleres en la misma FIL. He sido testigo de que, cuando nos invitan a festivales y ferias en el exterior, nos encanta que nos organicen este tipo de eventos culturales. Como afirma un amigo librero: La FIL Santa Cruz ha crecido, ahora se trata de fortalecerla, no solamente trayendo decenas de escritores que no aportan en nada a la formación de nuevos lectores y escritores.

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