Pescador por un día en Huatajata

En la comunidad Chilaya enseñan cómo es la vida de los que pescan en el Titicaca.

Pescador por un día en Huatajata. Foto: Pedro Laguna

Marco Fernández Ríos 04/06/2018 08:43 AM

Mientras jala la red, la italiana Paola Castellana cree que no conseguirá atrapar ningún pez. Se encuentra dentro de un bote de madera a más de 200 metros del muelle rústico de Huatajata, donde la tranquilidad del lago Titicaca es contagiosa y permite que el lugareño Edwin Katari cuente las experiencias de toda una vida dedicada a recoger peces.

Con el objetivo de promover el turismo comunitario en la comunidad Chilaya —del municipio de Huatajata—, la agencia Waliki Adventure inaugurará este jueves 31 de mayo (feriado de Corpus Christi) el paquete Pescador por un Día, con el objetivo de que el visitante viva la experiencia de la pesca en el Lago Sagrado.

La jornada empieza nada más al llegar al municipio lacustre —ubicado a una hora y media de La Paz—, pues, casi de inmediato, los guías conducen a los turistas al muelle, donde están dos botes preparados para zarpar. Ahí aguarda Katari, quien cuenta que sus padres y abuelos solían ir a pescar en balsas de totora y que fabricaban sus redes con lana de oveja y con el cabello largo de las mujeres.

“Antes había boga, khesi, humanto y suche, pero se han extinguido porque han introducido especies que no son nativas de aquí, como el pejerrey y la trucha”. Mientras lleva la embarcación, añade que estas aguas ahora son morada de karachis, ispis y mauris, que sirven de sustento a la gente que habita en las orillas del lago.

El trabajo normal de los pescadores suele comenzar al mediodía, cuando extienden las redes en el agua para que reposen. Katari y los otros miembros de la Asociación de Pescadores de Huatajata tienen que retornar al lugar entre las 00.00 y las 03.00, cuando la temperatura es muy baja, con el objetivo de recoger los peces que se han enredado en las mallas.

Espere…

“No es solo comer pescado sin saber de dónde viene. Es interesante saber cómo viven los pescadores, porque cada noche tienen que entrar al lago. No es una vida fácil”, comenta Paola, voluntaria que lleva ocho meses en Huatajata y que, pese a su presagio, ha sacado varios peces.

La idea es que la gente conozca el trabajo de los pescadores sin que tenga que soportar el frío de la noche. Por ello, en una mañana soleada, Katari acerca el bote hacia unas botellas plásticas vacías que sirven de flotadores con el fin de recoger la red. No es una labor dificultosa, pero necesita un poco de paciencia.

Después de recoger los karachis se los debe retirar de la red, un trabajo complicado, porque su piel es gelatinosa. La contaminación y el aumento de pescadores han causado que no haya tantas especies como en el pasado, pero las que han sido atrapadas son suficientes para preparar p’ap’i, pescado cocido entre piedras calientes.

En el otro bote estaba Olga Mamani, quien se dedica desde hace más de 10 a sacar karachis e ispis. Como ha sido una buena jornada, lleva todas las presas a su casa en la comunidad Chilaya, donde los deja secar al sol. Mientras tanto, metros arriba, otros miembros de la familia han recolectado piedras macho (se las denomina así porque no revientan cuando se las calienta) y forman una especie de pirámide, que tiene una abertura abajo para meter ramas de eucalipto y avivar el fuego de adentro. El objetivo es generar el suficiente calor para que las piedras tengan un color blanquecino, lo que indica que están listas para preparar la comida.

Después de apagar las llamas, se bajan con cuidado los pedruscos y luego se forma una plancha circular, donde se deposita la papa, la oca y los pescados grandes, a los que se echa mucha sal. Luego añaden otras dos capas, entre las que colocan los ispis, que tendrán más aroma y sabor porque se los rodea con ramas de eucalipto y q’oa. Y para completar la oferta gastronómica, chefs del Instituto Tecnológico Wiñay Marka de Huatajata preparan trucha rellena con pimentón, cebolla, cilantro, quirquiña y jengibre, envuelta en papel aluminio. Finalmente, para agilizar la cocción, los encargados cubren toda la estructura lítica con frazadas viejas.

Mientras los responsables de la gastronomía vigilan que pasen 40 minutos, la delegación lleva a cabo una caminata por los cerros cercanos, donde abundan los árboles de eucalipto. Mientras se va subiendo, Remberto Loza, docente de Turismo de Wiñay Marka, señala las variedades de plantas en la región, como la q’oa, wira wira, muñi muñi y el manka p’aki, que son medicinales. Arriba, desde donde se puede observar un poco de la Cordillera Real, el guía muestra Ispallani y Alkamarini, dos sitios rituales donde se pide a la Pachamama que haya buena producción o que quite la mala suerte.

Al descender se encuentra una chinkana, túneles que probablemente fueron hechos por la cultura Pacaje y Tiwanaku, y que se desconoce a dónde comunican y por qué razón los hicieron. Desde ese lugar ya se siente el fuerte olor a eucalipto, q’oa y pescado cocido, que indica que es el momento de retornar al patio principal.

Con la participación de los invitados, primero se quitan las frazadas y, poco a poco, es retirada la primera capa de piedra para retirar los primeros ispis cocidos. Se repite el procedimiento para sacar la trucha rellena, el karachi, la papa y la oca.

Es momento de almorzar con un fresco de cebada, en un comedor hecho de troncos, y donde Paola y otros visitantes disfrutan de lo que han pescado.

La última parte de la visita a los Katari está enfocada en su otro negocio: la apicultura. “La primera recomendación es que no tienes que sentir miedo”, advierte Edwin, quien explica que las abejas saben cómo se siente una persona. Con el traje apicultor, la careta y los guantes, los turistas se acercan a alguna de las 15 cajas que dan cobijo a miles de insectos y, para culminar el trayecto, sienten la miel que está hecha con néctar de flores de kiswara y eucalipto, en un día en el que se vive como una familia de Huatajata. 

Cuatro actividades en un día

La nueva ruta Pescador por un Día permite aprender a pescar, cocinar los pescados en piedras calientes, caminar por los cerros de Huatajata y conocer un poco de apicultura. El costo de esta experiencia es Bs 170, que incluye el transporte ida y vuelta desde La Paz, paseo en bote y ayuda de guías calificados. Contactos, a través del teléfono 71939222 o en el muro Waliki Adventure, en Facebook.

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