Nacido para viajar

El periodista francés Christian Gallissian, en su cuarta visita a Bolivia, relata sus viajes por el mundo  

Sueño. Christian posa delante de una cascada en Islandia, un territorio que el francés ha visitado varias veces.

Marco Fernández Ríos 24/01/2018 09:11 PM
La Paz •

Un buen inglés no se chancea nunca cuando se trata de una cosa tan formal como una apuesta —respondió Phileas Fogg—. Apuesto 20.000 libras contra quien quiera a que doy la vuelta al mundo en 80 días, o menos, o sea, en 1.920 horas o 115.200 minutos. ¿Aceptáis?”. El reto que hace el protagonista de La vuelta al mundo en 80 días —novela escrita por Julio Verne— fue para el francés Christian Gallissian el desafío que le acompañó toda su vida, ya que se convirtió en un personaje que ha dedicado su existencia a viajar por el planeta.

La mañana del martes 9 estaba en el Centro Cultural Museo San Francisco de La Paz, días después formó parte de la muchedumbre que recibió a los competidores del rally Dakar, luego estará unos días en Lima antes de trasladarse a Quito y luego volverá a su país. Así son las jornadas de Christian: una semana en Bolivia, la siguiente en Perú o en Ecuador y la subsiguiente puede estar en su casa en París o tal vez se dirija a otra región.

Para explicar su afición a los viajes es necesario remontarse al trabajo de su abuelo, quien como capitán de barco viajaba por Francia, Tahití y naciones de Sudamérica por negocios, mientras que su padre era un médico que se encargaba de hacer construir hospitales en varias regiones de Europa y África, explica Christian, un francés que no nació en Francia, sino en Constantina, la tercera ciudad más grande de Argelia, país del norte africano que estuvo bajo dominio galo hasta 1962.

Pese a que conoce gran parte del mundo, admite que “de todos los países que he visitado, Argelia es el único al que no he ido”, porque a los tres meses de haber nacido lo llevaron a tierras francesas.

Trabajo. En una publicación para Sipa Press, el francés muestra una tradición antigua de Indonesia. Foto: SIPA Press, Christian Gallissian, internet

Los traslados de su familia eran constantes, pero la pasión que permanecía incólume en la infancia de Christian eran las historias de Verne, ya sea una incursión hacia el centro de la tierra o las aventuras del capitán Nemo en 20.000 leguas de viaje submarino o en una isla misteriosa.

“Desde pequeño he sido aficionado a Julio Verne. Me inspiró su extraordinaria imaginación”, reconoce el escritor y periodista, quien en su juventud decidió estudiar Derecho, pero a sus 23 años se aburrió de “la vida normal” en su país, así es que dejó la carrera universitaria en el cuarto año y comenzó a viajar. Lo hizo en 1970, cuando junto a un amigo y un vehículo Citroën cruzó todo el planeta, con la seguridad de que “cuando no conoces el camino, puedes ir muy lejos”.

Esa expedición fue como si el francés hubiera sacado su pasaporte para ir por todo el mundo, como un permiso para conocer los pueblos y sus habitantes, reconoce después de tantos años de aventura.

Mucho antes de terminar aquella expedición, Christian ya estaba planeando su siguiente salida, esta vez para emular la aventura de Phileas Fogg, es decir, dar una vuelta alrededor del planeta en 80 días, en esta ocasión fuera de la imaginación de Verne y, más bien, por caminos reales.

Con el acompañamiento de una comitiva salió en Múnich, siguió toda Europa hasta Gibraltar (Gran Bretaña), como conexión para llegar al continente africano, hasta Cape Town (Sudáfrica), de donde zarpó hasta Buenos Aires (Argentina) y subió varios países del continente americano hasta Nueva York (EEUU), luego de lo cual viajó a Islandia y concluyó en Múnich (Alemania), justo el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1972.

Riesgo. Uno de sus reportajes muestra una cobra que sale de la canasta bajo el influjo de la música de una flauta india. Foto: SIPA Press, Christian Gallissian, internet

Fue la segunda vez que Christian pasó por Bolivia, aunque fue una visita breve debido a que tenía que cumplir el tiempo establecido para llegar a la meta.

“El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.963 metros de altura, y se dice que es la montaña más alta de África”. Las nieves de Kilimanjaro, de Ernest Hemingway, también fue motivo de inspiración para que el expedicionario francés viajara a esta montaña de Tanzania, donde —según la novela— un literato espera la muerte. En esa ocasión, Christian fue en motocicleta y el viaje duró tres meses.

El aventurero francés se siente orgulloso de haber cruzado, por primera vez, los desiertos africanos, desde el océano Atlántico hasta el Mar Rojo (África), en 1974, tres años antes de la creación del rally Dakar. “Fue una expedición con autonomía completa, porque había casas a 1.000 kilómetros de distancia”, explica.

Christian evocó otra vez a Verne cuando pasó con su motocicleta por Islandia, el lugar donde empieza la aventura de Viaje al centro de la Tierra.

“Es una tierra de fuego, de volcanes, varios de ellos activos, y de glaciares”, rememora el expedicionario.

Para 1976 ya contaba con un equipo de especialistas que le acompañaba en sus travesías, ellos se dedicaban a hacer estudios y llevar ayuda a la gente, además de producir documentales que fueron publicados en Francia y Alemania.

En la expedición por los desiertos africanos, Christian se dio cuenta de que es factible la comunicación de los pueblos a través de sus ríos, así es que en 1976 navegó en botes de goma  por el lago Salvaje y Oso (Canadá), el río Rojo y el Mississippi (EEUU), con el objetivo de unir el Ártico con el territorio estadounidense.

Anfitrión. En un evento por los barrios de Liniers y Villa Celina, el personaje reparte volantes. Foto: SIPA Press, Christian Gallissian, internet

Con esa misma concepción surgió el Canal de Integración en Sudamérica, que partió en el río Orinoco, siguió por Casiquiare (Venezuela), Manaos, Madre de Dios (Brasil), Madera e Iténez (Bolivia) para pasar por territorio paraguayo, uruguayo y culminar en Argentina.

Esta aventura de viajes con expediciones de especialistas terminó a inicios de la década de los 80, el francés llegó al Polo Norte a través de Groenlandia, viaje que sirvió para elaborar otro documental televisivo y hacer publicaciones en Sipa Press, France Télévisions y Le Figaro, entre varios medios de comunicación europeos.

A pesar de haber estado varios años lejos de su hogar y dado tantas vueltas al planeta, Christian no se cansó de viajar, pues lo sigue haciendo, ya sea para ver elefantes con pinturas multicolores en la India, el rally Dakar que pasa por Bolivia, las iglesias coloniales de Quito o para observar un ritual de sacrificio humano en Sumba, una isla de Indonesia que continúa celebrando tradiciones antiguas para asegurar la cosecha de su tierra, donde “tienen tambores ceremoniales, cuyo cuero está hecho de la piel de sus enemigos”.

Christian Gallissian, quien utilizó una Citroën, motocicletas, barcos, aviones y botes de goma para completar sus expediciones, quien no se hace problema en dormir a más de 5.000 metros o en una hamaca en medio del Amazonas, dice que los viajes le permitieron iluminar su mente y, también, tener la certeza de ser un principiante que quiere seguir conociendo el mundo, porque nació para viajar.



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