Gabriel Zeballos Castellón es el lector de bofedales

El biólogo se fue a Estados Unidos a estudiar bofedales, reservorios de agua que tienen una relación estrecha con la cultura andina.

Gabriel Zeballos Castellón es el lector de bofedales.

Naira de la Zerda 07/06/2018 12:24 AM
La Paz •

Una alpaca pasta a los pies del nevado Sajama y a los ojos del biólogo e ingeniero geógrafo Gabriel Zeballos, de 36 años, este hecho adquiere muchos sentidos: “Teje la historia de la cultura andina, no solo boliviana sino sudamericana”, afirma. El sitio que provee el alimento para ese animal es un bofedal —humedal de altura, que se nutre de deshielos y aguas subterráneas — y Gabriel, que los estudia desde hace 10 años, está en Estados Unidos continuando con su investigación.

“Cuando se estudian los efectos del cambio climático siempre se habla sobre el decrecimiento de los glaciares. Y los bofedales están entre los segundos reservorios más importantes de agua, después de aquéllos. Por eso es de vida o muerte conocerlos mejor”, explica.

A medida que sus visitas hacia estos paisajes culturales — lugares intervenidos por acciones del ser humano— se hicieron más continuas, notó que los datos se transformaban en realidades. Adquirió conciencia de la importancia que tienen para la supervivencia de animales silvestres como gansos, patos, vicuñas y guanacos, así como de ganado camélido, ovino y vacuno. También vio el papel que jugaban en el desarrollo socioeconómico, pero sobre todo cultural de las poblaciones andinas instaladas cerca de ellos.

“Los bofedales proveen alimento a las llamas y alpacas, de las que se extrae lana, que termina utilizándose en los aguayos. En ellos están representados la pampa y los cerros; conforman como un mapa, que a veces enseña más sobre el mundo andino sudamericano que los propios libros”. El fondo de ciertos aguayos cambia de rojo a negro, lo que para el biólogo también se conecta con los humedales, que a veces son sistemas terrestres y otras, acuáticos.


Como son lugares que pueden soportar temperaturas muy bajas, milenariamente se los conservó y alimentó. Sin embargo, al quedarse con menos gente joven, los pueblos aledaños ya no pueden cuidarlos. “Cerca de Hampaturi, una señora muy viejita cuida y mantiene un bofedal sola, pero pronto ya no podrá, por su edad y porque está en permanente pelea con sus vecinos por esas tierras”.  

Así, Gabriel, junto a un puñado de profesionales, asume la responsabilidad de rescatar el esfuerzo que hicieron los antiguos pobladores de las alturas por el agua.  


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