Awqani el misterio escondido

Unas cuevas multicolores y de formas irregulares son el principal atractivo del municipio de Yaco.

Las cuevas de la Gruta de Awqani.

Marco Fernández Ríos 08/10/2019 03:42 PM

Es un espacio donde dominan los ecos, la quietud, lo enigmático y la multiplicidad de colores. Enormes bloques de roca han sido carcomidos durante miles de años por el viento y por el agua para convertirse en formaciones sacadas de los sueños. Así son las cuevas de la Gruta de Awqani, ubicadas en el municipio paceño de Yaco, donde el arte ha sido creado por la naturaleza.

El camino hacia Yaco es en sí una aventura, ya que se debe pasar por tres pisos ecológicos: el altoandino, el altiplano y la cabecera de valle. ¿Vale la pena? Claro que sí. Antes se debe recorrer 150 kilómetros desde La Paz hasta Konani —por la carretera a Oruro—, y casi 50 kilómetros hasta cercanías de la cordillera Quimsa Cruz. Ha nevado, así es que la altiplanicie está blanca y se siente frío. No obstante, el cielo se despeja cuanto más curvas pasa el vehículo. De repente, en ese descenso, las nubes se convierten en una neblina que, como humo de cigarrillo, desaparecen rápidamente hasta dejar ver los cerros que circundan la región.

Después de más de dos horas de recorrido da la impresión de que el viaje no va a terminar, hasta que al fondo se observa Yaco, una cabecera de valle llena de verdor y con la iglesia San Juan Bautista —construida en el siglo XVIII— que sobresale entre las demás edificaciones.

Durante el avance, por un camino que se vuelve cada vez más angosto y sinuoso, Víctor Laura, encargado de la Dirección de Desarrollo y Turismo de Yaco, cuenta varias leyendas en torno a esta región, como la laguna Totorani, que supuestamente surgió en el lugar donde un grupo de viajeros pasó la noche, para no verlos nunca más. “Para que haya buena cosecha, los jilaqatas organizan cada año un acto ritual antes del inicio de la época de siembra”. También se dice que, cuando en medio de las totoras se abre un espacio con agua, es indicativo de que será un año con mucha lluvia. “Se manejan hartas interpretaciones. Incluso se dice que la gente que ingrese al centro desaparecerá”.

El día es extraño. Por momentos el cielo se despeja y aparece el sol tímido, pero la mayor parte del tiempo está nublado. Incluso así, el panorama es atractivo, con cerros de color rojizo y con formas  peculiares, como un obelisco de piedra, llamado La Torre, donde dicen que una mujer suele encandilar a los viajeros solitarios.

La visita continúa hasta que el camino queda interrumpido. Dependiendo de la estación se puede ver ahí plantaciones de papa, haba y maíz. En ese lugar inicia la caminata por un sendero de tierra, hasta llegar a la Gruta de Awqani, una caverna escondida por un vergel, con plantas características de zonas tropicales.

Es como ingresar a otro mundo —afirma Laura—, pues al internarse a la cavidad se siente más calor, como en selvas amazónicas. Hay que abrirse paso en la vegetación y tener cuidado, principalmente, con las hojas de itapallo, que pueden causar un fuerte escozor en la piel.

De repente se abre un escenario onírico. Las rocas son multicolores. Algunas son rojizas, otras tienen tonalidades violetas, verduzcas y anaranjadas, mientras que otras tienen tonalidades oscuras. Al subir la vista da la sensación de que esos bloques no tienen límite, sino en el cielo.

Laura se detiene en una cueva pequeña y empieza a contar otra leyenda. “Un día lluvioso, una pastora se vino a refugiar en este lugar. Lo que cuentan los comunarios es que nunca más volvieron a ver ni a la pastora ni a sus ovejas. Por eso lo hemos llamado la Gruta del Diablo, por eso y porque tiene aspecto tétrico”.

Al seguir caminando es inevitable quedarse a contemplar una cueva de líneas irregulares blancas, negras, rojizas y cafés, que puede llamarse arco iris. Siempre teniendo cuidado de algún itapallo, la ruta sigue por una pequeña loma, como preámbulo a la Catedral o Arco Triunfal, una cavidad de aproximadamente 20 metros de largo y 20 metros de alto. A pesar de las ansias por acercarse se debe tener precaución al caminar. Con la ayuda de ambas manos, de a poco se baja hasta estar debajo de la Catedral, donde a cada momento, como bendición, caen unas gotas de agua.

Luego viene la Gruta del Toro, donde las palabras se convierten en ecos, y después la Gruta del Amor, donde las parejas pueden quedarse a contemplar esta concavidad apartada de todo. Después siguen casi 45 minutos de caminata por una subida pronunciada y al menos cuatro horas y media de retorno a La Paz. ¿Vale la pena? Claro que sí.

Un viaje que dura cuatro horas y media

Para llegar a la gruta de Awqani, en el municipio de Yaco, se debe viajar al menos cuatro horas y media desde La Paz. La agencia de turismo Bolivia Tour organiza una visita el domingo 13 de octubre. El costo es de Bs 160, que incluye transporte ida y vuelta, almuerzo e ingreso al atractivo. Informes al 78886429 y 2334351 o en Bolivia Tour en Facebook.

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