Ibo Blazicevic: ... Que la Cumbre ‘no sea’ solo ‘un anuncio electoral’

Blazicevic advierte un estancamiento industrial y pone sus esperanzas en las medidas anunciadas por el Gobierno para reactivar al rubro.

Blazicevic se entrevistó con este medio el pasado 29 de julio en oficinas de la CNI en La Paz.

Walter Vásquez 14/08/2019 04:15 PM

El experimentado profesional asumió el cargo de presidente de la Cámara Nacional de Industrias (CNI) a principios de abril de este año, luego de varias gestiones de trabajar en segunda línea en la representación del empresariado privado nacional, aunque figurando siempre como una de las principales voces y referentes del sector en el país.  Ya como principal autoridad de los industriales, Blazicevic se comprometió a trabajar de manera enérgica en la consecución de políticas salariales, mejora de la productividad del trabajo y en la lucha contra el contrabando y la informalidad, entre otras. La Cumbre de Desarrollo Industrial, Manufactura y Artesanía de junio de este año fue una oportunidad para generar avances en el cumplimiento de sus propuestas.

— ¿Cuál es la actual situación de la industria boliviana?

— Expresamos nuestra preocupación por el ratio de industrialización de Bolivia, que se ha mantenido estancado durante los tres grandes periodos industriales de la historia (contemporánea) de Bolivia. Según nuestro análisis, en el tiempo estatista, de 1951 a 1985, la industrialización promedio fue de 16,26%; de 16,67% en la llamada época “neoliberal”, de 1985 a 2005; y de 16,7% en el periodo plurinacional, de 2006 a 2017.

Ello, junto con la tasa de crecimiento industrial que ha sido en promedio de un 3,27%, nos lleva a los industriales a plantearle al país algunas medidas adicionales para que salgamos de esa situación, que incluso puede deteriorarse en los próximos años si es que no vemos un crecimiento adecuado.

Hicimos también un análisis del periodo 1992-2018 y hay varios temas que nos preocupan. Desde que tuvimos el pico de 62,25% en 1994, las exportaciones de productos industriales cayeron lamentablemente a 31,8% el año pasado, respecto al total de las ventas externas del país. En las importaciones de capital para la industria manufacturera, las cuales definitivamente reflejan la innovación tecnológica en Bolivia, vemos igual que hay un descenso de 26,57 a 24,9%; lo que quiere decir que no estamos renovando tecnológicamente al sector y que hay una tendencia a caer en la obsolescencia.

En materia de política salarial, nos preocupan los $us 304 que pagamos en Bolivia como salario mínimo comparados con los 300 que se pagan en Perú, los 277 de Brasil y los 268 de Colombia, países por supuesto con grados de industrialización muchísimo mayores que el de Bolivia, cuya productividad laboral es además absolutamente inferior y última en Latinoamérica. Entonces, tenemos una bajísima productividad de la mano de obra, pero un costo altísimo que nos impide ser competitivos en la medida en que quisiéramos.

Pese a ello, hemos visto que el peso de la industria manufacturera todavía es significativo en algunos aspectos. Por ejemplo, consume el 51% del gas natural y el 25% de toda la energía producida en Bolivia; emplea al 9,1% de la población ocupada; representa el 16,7% del Producto Interno Bruto (PIB), el 16,7% de la recaudación tributaria —somos el segundo mayor aportante— y el 11% de las empresas formales, con más de 33.000 industrias; es el destino del 18% de los créditos de la banca; y solo (genera) un 10% del total de la inversión, lo que es una preocupación para nosotros.

Otro tema que igualmente hay que remarcar (es) el cambio importantísimo en lo que respecta la inversión pública versus la inversión privada en Bolivia. Hemos analizado el periodo 2000-2015 —no tenemos datos más actuales— y hemos visto que, con los cambios de gobierno y de políticas, la inversión pública ha crecido de 29 a 64%, mientras que la privada ha decaído enormemente, de 71 a 36%. Por ello, además de crearle un reglamento, planteamos actualizar, modernizar, hacer más atractiva la Ley de Inversiones para atraer inversión privada extranjera y reactivar la industria manufacturera.

Aparte de lo mencionado, tenemos también otros problemas coyunturales: el contrabando calculado en $us 2.400 millones; la tramitología que hace que los industriales pasen 91 de 240 días del año en trámites, según el Doing Business (del Banco Mundial); la altísima presión fiscal del 37,7%, cuando en Perú es del 20%; y la falta de incentivos fiscales.

Desde esa perspectiva, hemos trabajado una propuesta de política industrial para Bolivia que hemos presentado en el foro de industrialización convocado por la ministra Nélida Sifuentes (de Desarrollo Productivo y Economía Plural).

— ¿Cuánto de estas propuestas de la CNI se han tomado en cuenta en la Cumbre Industrial de julio pasado?

— Nuestro planteamiento de política industrial tiene una mirada hacia 2025 y 2030, pero también hemos hecho propuestas coyunturales de corto plazo.

En la Cumbre hemos propuesto que el porcentaje del doble aguinaldo que se paga vía billetera móvil suba (de 15%) a 30%, porque nos parece que en este estado de cosas —en el que no se mueve el tipo de cambio, con la competencia tan desleal del contrabando y de la informalidad— tenemos que ser creativos para poder vender más en el mercado interno. Ese 30%, que más o menos representa $us 100 millones, podría ser comercializado por la industria formalmente establecida en Bolivia; contribuiría al nivel y formalización de la pyme.

Otro planteamiento es modernizar la aplicación de la billetera móvil (para el segundo aguinaldo), llevarla a un mejor nivel, para que en esa plataforma puedan competir en igualdad de condiciones las empresas tanto grandes como pequeñas, dándole opciones al trabajador boliviano de elegir. Eso sería muy importante y podría, de alguna manera, cambiar ese 16% (de industrialización) en el que estamos estancados.

Otras cuestiones pendientes son la lucha contra el contrabando en las fronteras con Brasil y Argentina, el control del contrabando en los mercados internos, la implementación de un código de barras o de un código QR en los timbres de importaciones, que hemos comprobado que se están clonando y no ofrecen ninguna seguridad; y la modificación de la Ley 1053, que genera una protección para los contrabandistas cuando establece que el delito es tal a partir de las 200.000 UFV (en valor de mercadería decomisada). Eso es casi medio millón de bolivianos y significa cuatro camiones de productos, lo cual hace muy difícil que la lucha sea efectiva.

En incentivos fiscales, planteamos para las importaciones de bienes de capital: IVA (diferenciado) para productos nuevos o usados y un pago diferido del IVA (Impuesto al valor Agregado) y el GA (Gravamen Arancelario), lo que nos permitiría renovar los equipos y la innovación tecnológica. También pedimos del Servicio de Impuestos Nacionales una reglamentación de gastos deducibles del IVA y del IUE (Impuesto a las Utilidades de las Empresas).

Finalmente, en el tema ambiental, deberíamos elaborar normas que apoyen e incentiven los sistemas de gestión de residuos. El modelo de nuestro Kiosco Verde, establecido por la CNI con la cooperación internacional, funciona muy bien y debería ser aplicado para asegurarnos de tener una reciclabilidad alta de los desechos industriales.

— ¿Estos planteamientos se han incluido en a agenda de trabajo de los resultados de la Cumbre Industrial?

— Por supuesto (...), lo que estamos esperando es que nos digan la viabilidad o no de estas medidas, la ruta crítica que se va a seguir y cómo se van a hacer.
Le hemos enviado una nota formal a la ministra (Sifuentes) para decirle que ya se deberían organizar los mecanismos para hacer seguimiento (a los resultados del encuentro). Al término de la Cumbre, se habría hecho incluso un anuncio de qué se iba a establecer, cuáles iban a ser los temas prioritarios que se iban a tratar poscumbre y una ruta crítica para el tratamiento de los mismos.  No hemos visto en la práctica ninguna convocatoria para hacer ese seguimiento y definir esa ruta crítica, lo cual nos preocupa mucho. Así que esperamos y confiamos que no sea solo otro anuncio electoral, no queremos creer que nos hayan reunido a todos solo para eso, ojalá que eso no pase.

— ¿Considera que las medidas urgentes de corto y mediano plazo se pueden comenzar a trabajar?, tomando en cuenta que este es un año electoral. ¿Existe ese  compromiso por parte de las autoridades?

— Lo que sentimos es que la ministra Sifuentes tiene la voluntad de hacer cambios y de avanzar con esta agenda, lo dijo clara y públicamente en varias ocasiones: que (la Cumbre Industrial) no era una reunión más y nosotros creemos que es así. Esperamos que el resto del gabinete de ministros y el Gobierno en su conjunto comparta esa visión y que tengan la voluntad para poder llevar adelante esta agenda, porque en muchos casos no depende solo del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, sino también del de Economía y Finanzas Públicas. Ojalá allá tengamos la misma predisposición para reactivar la industria grande, mediana y pequeña. Todos hemos cifrado muchas esperanzas en esta cumbre y en la ministra.

— Así como están las cosas, en un posible escenario en el que no se atiendan los requerimientos necesarios para el avance de este sector empresarial, ¿cuáles son las perspectivas para la industria nacional?

— Si no hacemos los cambios de corto plazo que venimos planteando con una mirada propositiva de mediano y largo plazo, la industria boliviana va a continuar contrayéndose. El proceso de desindustrialización (de la economía) de Bolivia va a continuar y la caída del 16% en las utilidades de las principales industrias del país en el primer trimestre del año lo confirma. Esos son datos, no presunciones. Eso está pasando y la tendencia es que continúe pasando, salvo que haya un giro de timón.

Ibo Blazicevic. El ejecutivo hizo un diagnóstico detallado de la industria manufacturera nacional y presentó las propuestas de la CNI para el actual y futuro desarrollo del sector.

Datos

Nació: La Paz

Profesión: Economista

Ocupación: Presidente de la CNI

Perfil

Es especialista en desarrollo local sostenible y en construcción de futuros sustentables con comunidades.

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