Alice y la refundación estatal en Bolivia

Diez años de la Constitución. Se publica un libro de balance: ‘Estado plurinacional y democracias’.

Boaventura de Sousa Santos y José Luis Exeni r., sociólogo y comunicador (*) 07/10/2019 11:12 AM

Este año se cumplieron diez años de la aprobación en referendo y puesta en vigencia de la Constitución Política del Estado Plurinacional en Bolivia, que sintetiza un innovador y contradictorio cauce de refundación estatal. Si bien en la historia larga una década es poco tiempo para evaluar un proceso, constituye en cambio un período suficiente para el ejercicio de balance. Es necesario, pues, hacer recuento, ensayar preguntas, compartir inquietudes críticas.

Cuatro ejes de refundación. La refundación hacia un Estado de “las venas cerradas” es un proceso histórico no solo complejo, con varios obstáculos, sino de largo plazo. Como no depende de recetas ni admite soluciones definitivas, se trata de un itinerario más bien experimental, abierto, de resultados a veces provisorios. Es un campo en tensión y en disputa que implica avances progresivos y transformaciones sustantivas, pero también continuidades, estancamientos, silencios, retrocesos.

Asumiendo la permanencia estable del Estado moderno en sus diferentes momentos históricos y sucesivas metamorfosis, es evidente que la refundación estatal plantea dificultades profundas. Entre otras, implica entender que los cambios en la estructura política, institucional y organizativa, siendo imprescindibles, no son suficientes. Es fundamental mudar también las relaciones sociales, la cultura, las subjetividades, los imaginarios, los símbolos. Pero sobre todo es clave transformar la economía. Más todavía: la lucha por la refundación del Estado supone no solo victorias político-electorales, sino la edificación, siempre más ardua, de una nueva hegemonía. Ello supone la reconfiguración profunda del campo político. Y exige un esfuerzo especial a fin de mantener y fortalecer el bloque plurinacional-popular, así como para tejer alianzas y alentar el diálogo intercultural e interpolítico.

Con tales premisas, ¿cuáles son las emergencias y alternativas más relevantes del proceso boliviano posconstituyente? Abordamos aquí, de manera sintética, cuatro cuestiones.

a) Constitucionalismo transformador. A diferencia del constitucionalismo moderno, concebido e impuesto desde las élites y su proyecto de “una nación, un Estado”, el constitucionalismo transformador es un constitucionalismo de nuevo tipo: desde abajo, experimental, contrahegemónico. El proceso constituyente en Bolivia es un caso de constitucionalismo transformador que, superando resistencias, vetos y fallidos intentos de abortar el proceso, devino en la actual Constitución Política del Estado (2009). Así, el proceso constituyente, cuyo germen fueron las marchas indígenas, llegó a buen puerto como documento. Claro que lo más exigente vino después, en el proceso posconstituyente de implementación.

Hay varias emergencias en la Constitución Política boliviana. Quizás la más relevante sea la definición de un nuevo modelo de Estado, con dos atributos sustantivos: plurinacionalidad y autonomías (en plural). Ello, en el marco de la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico. Se busca así sentar las bases para la superación de dos tensiones irresueltas de la historia larga: la étnico-cultural y la regional. Claro que una cosa es el texto de la Constitución Política y otra, a veces muy distante, su implementación. En otras palabras: entre el reconocimiento de derechos y su ejercicio suelen habitar murallas, dilaciones, resistencias. Por ello el necesario balance, más allá del espíritu constituyente y de la letra de la Constitución, debe dialogar con su materialidad en leyes, instituciones, políticas públicas, jurisprudencia constitucional, prácticas.

A reserva de un análisis amplio y documentado sobre lo que se hizo o no en esta década para implementar la Constitución Política, puede identificarse una tensión entre un impulso que busca ampliar el proceso transformador o, al menos, cuidar sus mínimos esenciales, por un lado; y un camino ora premeditado, ora  inercial, que conduce a la desconstitucionalización, por otro. El gran error es haber creído de buena fe que la victoria llega cuando la demanda se consagra en un documento; y que además ello es irreversible. No es así. El aprendizaje es que se requiere un estrecho acompañamiento desde la lucha política que consolide los avances e impida los retrocesos.

b) Plurinacionalidad. Los procesos constituyentes en Bolivia y en Ecuador trajeron consigo un desafío radical al concepto de Estado-nación moderno, asentado en la asociación simétrica entre Estado homogéneo y nación cívica. Con el reconocimiento de la plurinacionalidad, se quiebra la idea de que a un Estado le corresponde por fuerza una sola nación, una cultura, un derecho. Y se asume y demuestra que “la nación cívica puede coexistir con varias naciones culturales dentro del mismo espacio geopolítico, del mismo Estado”. En el proceso boliviano, ello incluye además el reconocimiento de los derechos a la libre determinación y el autogobierno de las naciones y pueblos indígenas. Se trata de una importante innovación histórica que no niega la nación, sino que muestra que está incompleta e inconclusa.

¿Qué implica adoptar la plurinacionalidad en el marco de un proceso de refundación estatal? Para empezar, supone abandonar la lógica de homogeneidad institucional del Estado-nación y proyectar la heterogeneidad en todos los ámbitos y niveles de la estructura estatal. Es evidente también que el nuevo modelo de Estado no puede ser monocultural ni, como concesión, multicultural: lo plurinacional está estrechamente vinculado con la interculturalidad. Asimismo, se asume como fundamento “la pluralidad y el pluralismo”. El cambio es sustantivo.

En ese horizonte, transcurrida una década de vigencia de la Constitución, y considerando un proceso histórico de largo plazo, ¿el Estado-nación “realmente existente” está siendo desplazado/reemplazado por el Estado Plurinacional “en construcción”? ¿En qué ámbitos? ¿Con qué límites? El balance depende de diferentes factores, incluidos hoy posicionamientos político-electorales. Así tenemos un arco de visiones diferenciadas: los que aseguran que el Estado Plurinacional ya estableció sus cimientos, aunque persisten “tensiones creativas”; otros que, más cautos, plantean una “construcción minimalista” e incremental; y quienes, desencantados, disidentes, aseguran que estamos ante la “restauración del Estado-nación”. Sin olvidar aquellos que, con más nostalgia que claridad conceptual, oponen el Estado Plurinacional con la República.

Más allá de las valoraciones, hay una clara tensión entre un Estado-nación centralista que no termina de irse y un Estado Plurinacional autonómico que tarda en llegar. Se trata de una compleja trama de transiciones, con instituciones y agendas híbridas, que implica tanto continuidades como rupturas. Así se pueden identificar varios retos de refundación estatal en un horizonte de plurinacionalidad. La constatación es que existen bolsones de plurinacionalidad, como las autonomías indígenas, pero el país todavía no está constituido como plurinacional. Queda aún un largo recorrido con retos de innovación y soluciones experimentales.

c) Democracia intercultural. Una de las innovaciones más significativas de la Constitución Política en Bolivia es el reconocimiento de tres formas de democracia: la directa y participativa, la representativa y la comunitaria. Esta formulación constitucional tiene que ver con el principio de demodiversidad, esto es, que no hay un modelo único, hegemónico y universal de democracia al cual llegar o parecerse, sino diferentes concepciones, saberes y prácticas democráticas en interacción y en disputa. En el proceso boliviano tal principio ha sido asumido, en tanto horizonte normativo, como democracia intercultural. No es un dato menor. Tuvieron que pasar más de 180 años de vida republicana para reconocer constitucionalmente en Bolivia que la democracia excede en mucho a la sola imposición de la pauta liberal-representativa. Y que existen otras experiencias democráticas de larga tradición en el país.

¿Qué significa haber asumido la democracia intercultural como horizonte democrático? Para empezar, que ya no debe entenderse la democracia como sinónimo de gobierno representativo o únicamente confinado a la representación política. Hablamos de democracias (en plural) para dar cuenta de otros principios como la participación ciudadana, la deliberación pública, el control social, la libre determinación, el autogobierno. Se trata de una formulación que no solo amplía el canon hegemónico, sino que busca radicalizarlo, en especial desde la democracia comunitaria. Claro que no basta reconocer y declarar que existen diferentes formas de democracia: es fundamental garantizar su pleno ejercicio. Tal ejercicio, además, implica un esfuerzo de complementariedad. Y este ejercicio complementario, por último, supone como premisa la igual jerarquía de las diferentes formas de democracia.

Ahora bien, más allá de la formulación constitucional y del diseño normativo, y a reserva de experiencias y casos excepcionales de complementariedad, valiosos en sí mismos como demostración de imaginación política y de viabilidad práctica, no existe igual jerarquía entre las diferentes formas de democracia y el sistema de gobierno está lejos todavía de ser intercultural. La democracia intercultural como emergencia del proceso boliviano de constitucionalismo transformador expresa una tensión entre el reconocimiento y ejercicio limitado de la demodiversidad, con escasa voluntad política, por un lado; y el persistente predominio de la democracia con centro en elecciones y organizaciones políticas, por otro. Claro que es relevante la tradición participativa, en algunos casos extrainstitucional, de organizaciones y movimientos sociales, así como el ejercicio de la democracia comunitaria. El itinerario de las democracias en ejercicio, pues, es todavía desigual y esquivo.

d) Buenos vivires y derechos de la naturaleza. Otra emergencia fundamental del proceso constituyente boliviano —al igual que en Ecuador— es la adopción del vivir bien (suma q’amaña) en tanto horizonte de desarrollo o, mejor, como alternativa al desarrollo. En la Constitución Política el vivir bien es uno de los “principios ético-morales de la sociedad plural”. En esa condición, ha sido asumido como referencia, al menos de manera nominal y declarativa, en algunas normas, en la planificación integral del Estado y en la Agenda Patriótica 2025, cuyo enfoque es más bien desarrollista. En el diseño y en la narrativa oficial (cada vez más distante del tema), el vivir bien está vinculado con otras dos innovaciones: el respeto a los derechos de la Madre Tierra y la economía plural.

En cuanto al modelo económico, la Constitución establece que es plural y está constituida por el reconocimiento y articulación de cuatro formas de organización económica: comunitaria, estatal, privada y social cooperativa. Se asume la centralidad del Estado. Y el modelo se asienta en algo esencial para la plurinacionalidad: “los recursos naturales son de propiedad del pueblo boliviano”, aunque su administración es delegada al Estado. Ello se vincula a la demanda, de larga historia y amplio arraigo nacional-popular, de nacionalización de los recursos naturales (petróleo, minas, hidrocarburos).

A reserva del necesario balance documentado, y más allá de que el vivir bien sea asumido —en la simbología, los discursos, algunas normas— como horizonte principista, la evidencia muestra que persiste un patrón de desarrollo capitalista cuyos principales emprendimientos y megaproyectos están anclados en el neoextractivismo. Este patrón por supuesto está lejos de ser una alternativa al desarrollo. Y a nivel global representa la más grande continuidad del proyecto colonial. Hay aquí, pues, una tensión entre el vivir bien en armonía con la naturaleza, por un lado, y políticas públicas de corte neodesarrollista, por otro.

Constitucionalismo transformador, plurinacionalidad del Estado, autogobierno indígena, pluralismo jurídico, democracia intercultural, buenos vivires… El camino recorrido es relevante tanto por lo que se hizo como por lo que está pendiente. Las soluciones son más o menos transitorias, sea por razones técnicas, sea por cuestiones políticas. Existen importantes saltos cualitativos, pero también traspiés, retrocesos, silencios. Así, en un contexto hoy desfavorable para las alternativas, es fundamental defender lo avanzado, aprender de los errores, cuestionar distorsiones, impulsar nuevos espacios de articulación desde abajo, apostar por la diversidad de conocimientos y aprendizajes recíprocos, en fin, esperar con esperanza.

(*) Editores del libro de reciente publicación Estado Plurinacional y democracias. ALICE en Bolivia. Este texto es una versión sintética de la Introducción del libro.

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