Mirar hacia adelante

Será tarea de las autoridades del Estado crear una nueva estrategia de negociación para el futuro.

07/10/2018 08:06 AM

Una semana después de conocerse el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que en una votación de 12 contra tres disidentes resolvió que no fue probada la demanda boliviana en el sentido de que Chile tenía obligación de negociar de buena fe una salida soberana al océano Pacífico en favor del país, los ánimos parecen haberse calmado y es necesario reflexionar de cara al porvenir.

La primera de las reflexiones posibles sobre lo sucedido al culminar cinco años de trámite judicial en la más importante corte internacional del mundo es que se debe reconocer la derrota sin buscar culpables. Entre las muchas reacciones que se conocieron en los últimos días, unas pocas se distinguieron de la indignación generalizada al recordarnos que el fallo, incluso siendo adverso, no cancela la reivindicación boliviana de acceder de manera soberana a las costas del Pacífico.

Esto significa que todas las partes deben recordar que no es momento de precipitarse con reacciones viscerales, las cuales lejos de aclarar el panorama enrarecen aún más el ambiente con declaraciones y actitudes de enojo que, como bien sabe cualquiera que haya tenido que administrar una crisis, dificultan la búsqueda de soluciones prácticas y viables.

Es, pues, momento de descartar cualquier iniciativa inspirada por las emociones que el fallo pudiera haber causado, incluyendo discursos y respuestas a la evidente provocación de diversos portavoces del Estado que hoy se siente victorioso. Mucho más evidente se hace la necesidad de conservar la calma si se considera que en 10 días hay una nueva cita ante la corte con sede en La Haya para dar inicio a los alegatos en torno a las aguas del Silala.

En ese contexto conviene recordar que la CIJ no buscó justicia, sino que se atuvo a los documentos legales presentados, lo que obligará a evaluar, cuando sea el mejor momento, si el fundamento jurídico presentado por Bolivia era o no frágil; hasta dónde fue buena idea crear tan altas expectativas en la población boliviana (hubo mucha gente que llegó a creer que el fallo iba a devolverle el mar a Bolivia); y finalmente, si el seguimiento del equipo en la representación diplomática ante el Reino de los Países Bajos fue el más apropiado.

Toca, pues, aceptar que por ahora la vía judicial está cerrada, como ya sucedió en la primera mitad del siglo XX, cuando la Liga de Naciones descartó la posibilidad de influir sobre Chile para resolver la disputa marítima. Es necesario explicar al pueblo boliviano lo realmente sucedido y preparar metódicamente las siguientes fases de una reivindicación que no puede ni debe abandonarse.

Será tarea de las autoridades del Estado crear una nueva estrategia de negociación para el futuro considerando, por una parte, que ante todo hay que evitar la sobreexposición mediática del tema, y por otra, que cuando se acude a este tipo de procesos no se obtiene lo que uno cree merecer, sino lo que efectivamente se negocia.

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