Guardias privados e inseguridad

Hoy por hoy las empresas privadas de seguridad del país operan en una suerte de tierra sin ley.

09/10/2018 10:37 PM

Ante el incremento de la inseguridad ciudadana en el país, en los últimos años han comenzado a surgir empresas y personas individuales que ofrecen servicios de seguridad privada para diferentes rubros, desde casas y discotecas, pasando por negocios, entradas folklóricas, hasta entidades financieras. No obstante, en algunos casos la cura ha resultado peor que la enfermedad.

Y es que, como bien alerta un reportaje publicado el domingo en este diario, la mayoría de las empresas dedicadas a este rubro operan de manera ilegal, contratando personas sin tomar en cuenta sus antecedentes. O peor aún, precisamente por sus “aptitudes” y predisposición para encarar conflictos mediados por la violencia. Por ello, tomando en cuenta este perfil, no sorprende que algunos guardias pertenezcan al mundo del hampa, y lejos de preocuparse por la seguridad de sus clientes, más bien buscan aprovecharse de la “autoridad” que les confieren en sus fuentes laborales, principalmente en discotecas y prostíbulos, para desvalijarlos, o bien para aliarse con otros delincuentes a fin de facilitarles su “trabajo”.

Por ejemplo, un parroquiano de la discoteca California del barrio 12 de Octubre de El Alto denunció que a finales de julio dos vigilantes le sustrajeron su celular y el dinero que traía consigo, aprovechando que se encontraba en estado de ebriedad. Y este tipo de casos no constituyen una excepción, por cuanto la mayoría de los vigilantes (unos 600) que trabajan en los locales de ese barrio, tristemente célebre por el robo de la medalla presidencial del vehículo de su custodio mientras éste se encontraba en un prostíbulo, pertenecen a empresas que no están registradas, según datos de la unidad de Seguridad Ciudadana de la municipalidad alteña. Y lo propio ocurre en algunos locales de la sede de gobierno. Por caso, en agosto la Policía detuvo a un guardia de seguridad de un establecimiento nocturno de Irpavi, al sur de la ciudad, que se había aliado con otro delincuente y un mecánico para robar los vehículos y las motocicletas de los parroquianos.

Y a la presencia de delincuentes en este rubro se suma la falta de preparación y/o de competencia con su trabajo entre no pocos vigilantes privados. Desprotección que se puede traducir en hechos de sangre como el que tuvo lugar el 8 de septiembre en la discoteca Paceña, ubicada en la zona del Cementerio, cuando un varón de 38 años perdió la vida luego de recibir una brutal golpiza bajo la vista y paciencia de los guardias de seguridad, quienes ni siquiera se dieron el trabajo de llamar a la Policía, y mucho menos procuraron proporcionarle primeros auxilios.

Todos estos hechos ponen en evidencia la necesidad de regular y controlar con mayor rigor a las empresas privadas de seguridad, que hoy por hoy operan en una suerte de tierra sin ley, ofreciendo servicios deficientes e incluso reñidos con la ley; amén de incurrir en abusos y arbitrariedades contra sus propios trabajadores.

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