Cuidar el agua

Cuidar el agua no es un asunto que deba importar solo cuando el líquido escasea, sino siempre.

08/11/2017 10:14 PM

Al cumplirse un año del inicio de la histórica crisis del agua en la ciudad de La Paz que dejó a dos tercios de sus habitantes sin la provisión del líquido durante varias semanas, el mal recuerdo parece haberse disipado, lo cual no tendría nada de malo de no ser evidente que las buenas prácticas aprendidas entonces han sido olvidadas por muchas personas.

Fue un 8 de noviembre el día en que muchas zonas de la ciudad sede de gobierno amanecieron con la noticia de que la provisión de agua potable sería restringida, debido a una considerable merma en los embalses que alimentan el sistema de la Empresa Pública Social de Agua Potable y Saneamiento (EPSAS). Entonces se dijo que la situación sería resuelta en breve, pero pronto se supo que al menos dos embalses estaban literalmente vacíos.

El caos y malestar que produjo durante los primeros días la falta de agua y los esfuerzos puestos por EPSAS y otras instituciones públicas para abastecer a los vecinos afectados por el corte poco a poco fueron sustituidos por nuevos hábitos de recolección y uso del líquido elemento. Lo dijimos en esta misma página: el lado positivo de la crisis era que las y los habitantes de la ciudad por fin habían tomado conciencia de la necesidad de cuidar el agua y evitar a toda costa su desperdicio.

Fue notable cómo incluso luego de superada la crisis y con el servicio funcionando normalmente, los paceños mostraron que es posible cuidar el agua al extremo de reprochar a sus vecinos cuando les veían lavar sus automóviles o la vereda de sus viviendas con mangueras. También era digno de celebrarse el hecho de que cada vez más personas reciclaban el agua.

Sin embargo, como suele suceder cuando estas prácticas no son estimuladas adecuadamente, terminaron cayendo en el olvido para muchas personas, quienes además dejan de preocuparse estimuladas por mensajes de las autoridades que prometen que el desabastecimiento no volverá a ocurrir. El resultado es que nuevamente hay desperdicio generalizado de agua.

Por ello es tan importante insistir, desde las instituciones públicas y privadas, en recuperar y conservar las buenas prácticas. Cerrar los grifos cuando el agua no se esté usando, acortar el tiempo de uso de la ducha, recoger el agua usada en tareas de higiene o procedente de lluvia son solo algunos ejemplos de acciones que pueden practicarse cotidianamente con excelentes resultados para la economía doméstica y para el medio ambiente.

Cuidar el agua no es un asunto que deba importar solo cuando el líquido escasea, sino siempre, pues es de sobra sabido que en el futuro los grandes conflictos tendrán a esta escasez como causa. Urge que las autoridades responsables del agua, pero también la sociedad y sus instituciones, hagan más y mejores esfuerzos por crear una cultura de cuidado y conservación del agua. El futuro depende de ello.

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