Un dictador al desnudo

‘Dos disparos al amanecer’ es una obra histórica exenta de leyendas sin soporte o de hechos inexistentes.

Carlos Antonio Carrasco
15/12/2017 10:04 PM

Han pasado casi 80 años desde aquella madrugada en que dos disparos terminaron con la vida del joven militar que semanas antes había resuelto declararse dictador, asumiendo el total control de la nación. Pero su vida, su obra y su suicidio siguen siendo temas de especulación y de estudio.  De todas maneras, complace constatar que lejos de las hagiografías o de los relatos tenebrosos a que nos tienen acostumbrados escritores apurados es la pluma del historiador Robert Brockmann la que nos presenta a Germán Busch Becerra, en cuerpo y alma, tal cual fue en vida, en 368 páginas redactadas con elocuente rigor metodológico y detalles sabrosos en artística filigrana.

Dos disparos al amanecer es el libro de la selva beniana donde nace, crece y se forma el corajudo guerrero que pone y saca presidentes a su guisa, hasta instalarse él mismo en la poltrona presidencial. Para completar el retrato de su protagonista, Brockmann escarba archivos nacionales y provinciales. Gracias a ello, el linaje alemán del “camba” es seguido con precisión quirúrgica en Königsaue, la ciudad natal de su progenitor. El autor también recopila testimonios familiares, a veces contradictorios, como el lugar de su nacimiento y el debate inconcluso sobre si fue beniano o cruceño, que resulta irrelevante para quien fue, sobre todo, un boliviano total de intrépidos sueños.

Tanto como el héroe, cautiva asimismo la figura de su padre, Pablo Busch, el incombustible médico germano que surca los ríos benianos, adopta varias esposas y no sucumbe ni siquiera cuando silvícolas desaprensivos le clavan una flecha en pleno pectoral y el patriarca se la lleva dentro más de un mes en singular travesía desde el Mamoré hasta su nativa Alemania, donde le extraen, en Hamburgo, la veloz astilla salvándole la vida. A sus 70 años, Pablo tiene el privilegio de besar a su hijo-presidente y sobrevivirlo por 13 años más. Tradicionalmente los cuñados han sido personas perniciosas en los círculos palaciegos (caso Melgarejo y otros), y los Carmona no son excepción en la familia del dictador, al extremo de habérseles atribuido un supuesto magnicidio, tesis que Brockmann, apoyado en múltiples indicios, descarta.

Buena parte de la obra se basa en los escritos legados por Carlos Montenegro, alias el Fiero; y por el clásico Dictador suicida de Augusto Chueco Céspedes, temible tándem cochabambino, fabricantes de ídolos como Víctor Paz Estenssoro y el propio Busch; quienes, junto a José Cuadros Quiroga, completarían el trío intelectual más sólido en el acontecer político del siglo pasado. Tuve la fortuna de compartir con el Chueco Céspedes largas noches de tertulia parisina, en las que unas lluvias de anécdotas me pintaban el Busch cotidiano; pero hoy Brockmann despeja la paja y ofrece evidencias en todas las instancias que aborda.

Sorprende que en esa época se hubiesen registrado las actas “verbatim” del gabinete, y la reproducción parcial de una de esas reuniones nos confirma por ejemplo que el propuesto fusilamiento del acaudalado empresario minero Mauricio Hochschild fue sometido a voto, y que el circunciso salvó su pescuezo gracias a un par de opiniones divergentes.

Las épicas hazañas bélicas de Busch y sus embates en exploraciones de tierras ignotas prueban la fortaleza física del “camba” y su infatigable sed de victorias, pequeñas y grandes. Curiosa tendencia imperante en la historia nacional, donde algunos mandatarios atrapados por su iletrismo político están, sin embargo, imbuidos de una fiebre patriótica por la consolidación de la soberanía boliviana, frente a enemigos internos o externos, reales o imaginarios.

Dos disparos al amanecer es, ¡por fin! una obra histórica, exenta de leyendas sin soporte, de rumores infundados o de hechos inexistentes. Cada línea está debidamente apoyada por fuentes comprobadas y comprobables. Es un modelo de biografía a emular sobre tantas figuras que transitaron por el Palacio Quemado y quedaron en el olvido o el menosprecio.

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