¿Resilientes ante La Niña?

Oscar Paz Rada
07/02/2018 10:25 PM

Reportes difundidos hasta la primera semana de febrero alertan que al menos 113 municipios de siete departamentos del país están en máxima alerta por las inundaciones. Hasta el 4 de febrero, el Viceministerio de Defensa Civil reportó más de 6.320 familias damnificadas por las inundaciones y el desborde de ríos, y se esperan mayores inundaciones en las zonas bajas. Los municipios más afectados hasta ahora son Tupiza (Potosí), Yacuiba (Tarija), Tiquipaya y Vinto (Cochabamba); y varias localidades de Beni y el norte de La Paz. Este escenario climático deviene por el fenómeno de La Niña, cuya intensidad este año, según los expertos, es más bien moderada y con tendencia a disminuir.

El fenómeno ENSO (fenómeno de La Niña con oscilación sur) consiste en la disminución de la temperatura en el océano Pacífico por debajo de los 0,5°C, lo que genera una serie de anomalías climáticas en los países de Sudamérica, y que en Bolivia se caracteriza por intensas precipitaciones. Debido al cambio climático, se sabe que estos fenómenos serán cada vez más recurrentes y de mayor intensidad. Por tanto, la pregunta de rigor es ¿cuán resilientes somos ante estos eventos climáticos extremos?, ¿estamos preparados para enfrentarlos?, ¿estamos impulsando políticas que reduzcan la pobreza y a la vez fortalezcan la gestión de riesgos en las poblaciones más desfavorecidas?

Si bajo un escenario de calentamiento global de un 1°C y un fenómeno de La Niña moderado tenemos semejantes impactos, también cabe preguntarse qué pasará cuando el calentamiento supere los 1,5°C y La Niña sea fuerte.

Por lo visto hasta el momento, urge un mayor esfuerzo orientado a reforzar la infraestructura local y la institucionalidad de los gobiernos subnacionales para alcanzar el sello de resiliente. Una iniciativa altamente rescatable en este sentido es la resolución 115/2015 del Ministerio de Planificación y Desarrollo, la cual establece que los proyectos y las preinversiones en Bolivia deben contemplar un análisis de reducción de riesgos de desastres y la adaptación al cambio climático. Sin embargo, resta mucho por hacer para que esta norma sea entendida, interpretada y aplicada en su justa dimensión.

Hoy en día la presencia de eventos climáticos extremos, capaces de poner en riesgo la vida y el bienestar de miles de personas en el país, no debiera ser una sorpresa. Ante esta situación, que según los científicos es sin retorno, urge que los países industrializados cumplan y profundicen los compromisos que han asumido para reducir la emisión de gases de efecto invernadero; así como también el apoyo tecnológico y económico comprometido en favor de las naciones en vías de desarrollo para que puedan implementar acciones, hoy más necesarias que nunca, de adaptación al cambio climático.


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