Salud universal en Bolivia

Avances estructurales que demostraron eficacia no deben discontinuarse por cambios políticos.

Fernando Leanes
16/12/2018 06:36 AM

Un trabajador independiente de 55 años, fumador y consumidor de gaseosas padece diabetes y recién se entera del problema cuando hay que amputarle un pie. El hospital está abarrotado, confluyen situaciones graves como ésta y otras que deberían atenderse en una posta sanitaria bien dotada. El sistema público no lo cubre y el trabajador afrontará gastos que llevarán a su familia a la pobreza. El caso ejemplifica problemas de Bolivia y de otros países: factores de riesgo rampantes, falta de promoción y prevención, barreras para el diagnóstico y para la solución temprana de problemas, población sin cobertura y mala articulación de las redes de salud que podrían resolver el 70% de los casos antes de llegar al hospital.

Otro ejemplo, una mamá gestando su noveno hijo fue a consulta por dolores de cabeza y náuseas. El médico del programa Mi Salud la examina, diagnostica preeclampsia y la deriva al hospital de segundo nivel de Villa Tunari. Hay que inducir el parto y por vivir en el territorio mojeño-trinitario llevaría seis horas en canoa, tres caminando y dos en vehículo; así que el traslado es en helicóptero. A los pocos días la mamá y su bebé regresan a Buen Pastor. Este es el modelo virtuoso que atiende a tiempo el problema y no deja a nadie atrás. Mi Salud atiende a 2,5 millones de personas en barrios de ingresos bajos y en las zonas de más difícil acceso en Bolivia. Con Mi Salud también llegaron el programa de inmunizaciones, los subsidios para el control prenatal y para el cuidado de adultos mayores.

El coordinador residente de las Naciones Unidas en Bolivia, Mauricio Ramírez Villegas, destacó que el país es el que más redujo la pobreza en toda la región, y ocupa el primer lugar en prosperidad compartida. Mejoraron las condiciones de vida, se triplicó el presupuesto en salud, se amplió el programa de inmunizaciones y los programas para atención de gestantes, niños, personas mayores y con discapacidad. La evolución de algunos indicadores de salud triplica al promedio de la región.

Los bolivianos construyeron las condiciones para lanzar en 2019 su Sistema Único de Salud (SUS) y resolver el problema de quienes carecen de acceso. El último proceso de reforma importante en salud en Bolivia se dio en 1983; esta oportunidad favorable probablemente no se repita por décadas. El Ministerio de Salud está anticipando la mitigación de riesgos de sobredemanda asociados a la ampliación de cobertura. Los expertos internacionales y nacionales de la OPS/OMS concluyeron que las propuestas son necesarias, ambiciosas, técnicamente sólidas y factibles en la gradualidad propuesta. Se alinean con la agenda 2030 y con la Estrategia de Salud Universal de la OPS/OMS.

La comunicación clara es imprescindible. Éstos son procesos conflictivos, pero percibimos consensos esenciales: en la necesidad de completar la cobertura, en programas preventivos y de acción temprana, y en hacer más eficiente el gasto previniendo el fraude. Pese a la ausencia de actores imprescindibles, que confiamos irán haciendo aportes al debate, vimos un diálogo abierto e inclusivo en los Encuentros por la Salud y la Vida: mandiles blancos, corbatas, ponchos, ojotas, cascos y polleras. Así debe ser. Hubo aportes innovadores y valiosos. El Ministro de Salud valora el diálogo y es necesario continuarlo especialmente con actores de interés o signo político opuesto como se viene dando.

Avances estructurales que demostraron eficacia no deben discontinuarse por cambios políticos, como ocurrió en los 90 con las Plataformas Itinerantes de Acción Social (PIAS). En particular es crítico que el Programa Mi Salud se equipe, amplíe, integre redes y se fortalezca como política de Estado que trascienda gestiones políticas.

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