Memoria de fin de año

La memoria religiosa permite restituir actualizaciones del pasado a tiempo de embellecer las urbes

Patricia Vargas
06/12/2017 09:59 PM

Cada año, las ciudades buscan en el desván de las ideas nuevas propuestas que logren impactar la rememoración anual de la Navidad. Y eso significa la creación y construcción de expresiones urbanas que estén a la altura del sentido que conlleva esta festividad.


Es evidente que esta celebración anual tiene también un trasfondo comercial. En las ciudades, los negocios y empresas arreglan y decoran sus vitrinas para una presentación atractiva de sus productos, con el fin último de aumentar sus ventas. Gracias a ello, la urbe luce una imagen atractiva, acentuada especialmente por la exquisita luminosidad.


En esa línea, sería importante promover creaciones con carácter navideño que destaquen las cualidades urbanas y, lo más interesante, remarquen la buena arquitectura y belleza de las iglesias, apoyadas en estudios luminotécnicos. Mediante una adecuada organización y coordinación, ese aparente derroche de iluminación podría ser financiado con el aporte de grandes compañías.


De esa manera, el centro urbano o sectores elegidos por sus distintos valores se convertirían en pequeñas centralidades donde las representaciones navideñas se encargarían de darle un carácter singular. Allí se podrían incluir pequeños y atractivos kioscos (fabricados de materiales reciclados), cuyos colores de Nochebuena dejarían clara su temporalidad de asentamiento, y sus productos abarcarían más variedad que las habituales ferias.
Nadie puede negar que las tradiciones reconstruyen su propia memoria a partir de estos hechos, principalmente cuando pretenden elevar la autenticidad de lo que representan. De ahí que las tradiciones no son verticales, sino horizontales, pues proceden de la memoria colectiva, y mucho más cuando ésta es religiosa o cultural.


La Paz, al ser la sede del gobierno, se engalana en Navidad con luces que recorren todo el paseo de El Prado. Sin embargo, lamentablemente los focos parecieran ser aquellos de hace 40 años, ya que replican las formas y figuras de esa época. En este caso, parece necesario acudir al aporte económico de aquellos negocios que se ubican alrededor de esa área, ya que a ellos esos arreglos les generan visitas y ventas. Inevitablemente nace la interrogante: ¿es necesario demostrar cada año la pobre imaginación que tenemos y presentar árboles navideños sin ningún atractivo?


En la reflexión sobre los avances y retrocesos que se hace a todo nivel cuando se acerca fin de año, es preciso señalar que La Paz es una de las pocas sedes de gobierno que dejó de realizar eventos internacionales, olvidando que tiene, por ejemplo, una buena infraestructura hotelera. Conforme a ello, resulta desalentador ser testigos de que esta ciudad vaya perdiendo liderazgo y que solo sea centro de atención en época de elecciones.


La Navidad nos recuerda que la memoria religiosa permite restituir actualizaciones del pasado a través de un complejo activo de destrezas y habilidades, las cuales no solo son útiles para engalanar y embellecer las urbes a partir de un surtido de creatividad, sino también de un sentido religioso. Por esa razón, las tradiciones representan un proceso de reconstrucción para conservar las creencias de la fe religiosa en Navidad, aunque también se encuentran unidas al tiempo de la esperanza: el Año Nuevo.

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